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La Verdad del Sureste

.POSTAL DE CRONOS

La difícil tarea de erradicar la corrupción


Es difícil para un estado como Tabasco desacostumbrarse a tantos años de corrupción política, pues ésta permea todos los estratos sociales sin distinción alguna. Esto se puede corroborar en el dicho de que algunas personas recuerdan con nostalgia el granierismo y al priismo en general con aquella frase de que ´sí robaban, pero nos daban algo´. Lamentable esta forma de pensar pues el mensaje es que para vivir se tiene que robar, de lo contrario, no se avanza.
    Pobre filosofía del costumbrismo de la clientela a la que un partido político corrompió durante muchas décadas. Es lamentable puesto que se acostumbra a un pueblo a las dádivas y migajas que le otorga un gobierno. Es decir, la gente que vende su voto por dos mil pesos no toma en cuenta que a lo largo de un sexenio su decisión no le acarreará más que miseria y falta de servicios que podrían beneficiar a la ciudadanía en común. Que el verdadero beneficiado es el funcionario y sus allegados, los que buscarán perpetuarse en el poder por este mismo método: la corrupción. Las migajas como política.
    Cuando ocurre un cambio de régimen tendrá muchas cosas en contra. Sobre todo el que la falta de recursos económicos por la herencia de las deudas anteriores le acarreará graves problemas, sobre todo con la percepción popular de que es un gobierno que no funciona y de que era mejor el que robaba que el que se propone cambiar las cosas desde su raíz. Esta percepción popular es incentivada por los actores desplazados, es decir, los que ostentaban el poder y los que elogiaban a los poderosos de aquel entonces. A sabiendas de que el paternalismo gubernamental es el que funciona con la mayoría de la población desean la reactivación de este tipo de sistema de dominio y por ello demostrar que aún pueden hacerse nuevamente del poder.
    Por estas razones el ciudadano común persiste en la costumbre de recibir y tenerle miedo a la novedad de un gobierno, pues en la transición se padecerán carencias y a ello muchos prefieren no arriesgarse, porque antes que nada la comodidad de unos cuantos, de los suyos si es posible, pero no de todo el pueblo que conforma una sociedad. Acostumbrar a los ciudadanos a la corrupción parece ser la lógica de ciertos partidos políticos que cuando pierden el poder cínicamente se dicen defensores de los intereses de los ciudadanos. Esto es muy común, no sólo en Tabasco sino en el país. Acostumbrar a todos al mal de la corrupción significa una contaminación generacional.  Escuchaba a una madre frente a sus hijos: si todos roban, ¿por qué no lo hemos de hacer nosotros? Y resulta que ella a través de las relaciones de su cónyuge percibía un sueldo (sin trabajarlo, por supuesto) en el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Tabasco, en ese entonces al mando de Rodolfo Campos Montejo; aparte de ellos percibía otros beneficios estatales y federales como Progresa (actualmente Prospera).  Y esta persona vería con buenos ojos que el próximo gobierno lo presidiera su paisano, Manuel Velasco; y que en Tabasco volviera a gobernar el PRI. Como ésta, se oyen voces que repiten al unísono que más vale malo conocido que bueno por conocer; de ahí se desprenden comentarios negativos contra todo lo que venga del lado de los opositores al sistema, es decir, contra Andrés Manuel López Obrador, sobre todo.
    ¿Será que no se ha reflexionado que si la corrupción avanza un día tendremos la necesidad de robarnos los unos a los otros como en aquel cuento de Ítalo Calvino, La oveja negra? La violencia en nuestro país es una prueba de cuáles son las consecuencias de aceptar a la corrupción como un estilo de vida; la polarización de los ciudadanos, la falta de sensibilidad de los principales actores políticos, el fingido compromiso de los representantes populares con la población, la escasa formación de quienes aspiran a nuevos cargos en los gobiernos, etcétera.
    En Tabasco se intenta avanzar, pero no sin las conocidas piedras en el camino; los partidos que ayer fueron el poder principal en nuestro estado sólo trabajan para obtener resultados favorables a ellos y no al pueblo al que dicen respaldar; se han convertido en opositores de un gobierno al que guardan un rencor muy profundo y no les interesa en lo mínimo que el pueblo avance y pueda salir del retraso que desde hace mucho tiempo se padece. Es un rencor que no pueden ocultar a pesar de que se proclamen institucionales y respetuosos de la civilidad. Al fin y al cabo, promotores de la corrupción. Ahí siguen, capaces de justificar crímenes en nombre de sus escasos beneficios.

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