POSTAL DE CRONOS
Derroche millonario y corrupción en tiempos electorales
Un dineral. 69.3 millones de pesos tan sólo en las campañas de candidatos a diputados federales es un derroche de recursos en un estado como Tabasco donde la ciudadanía carece principalmente de los servicios más básicos como la falta de una buena infraestructura de caminos y carreteras. Es paradójico e indignante porque además esto es sólo la antesala de un circo donde la ciudadanía presencia un espectáculo de mal gusto y mala calidad. El bombardeo publicitario en radio, televisión, internet y medios impresos es una prueba de toda la basura electoral que ha comenzado a circular como las diez plagas en el Egipto de los tiempos bíblicos.
En una entrevista con el periodista Sergio Sarmiento, el expresidente del antiguo Instituto Federal Electoral (IFE) Luis Carlos Ugalde, reconoce que los gastos de campaña de los aspirantes a puestos públicos a lo largo y ancho del país es un derroche exorbitante de recursos económicos a pesar de los topes de campaña que establecen las leyes electorales a través de ese árbitro hoy renombrado Instituto Nacional Electoral (INE). La ambigüedad de esas leyes continúa generando corrupción, uno de los principales medios del poder político en México y pone como prueba las tarjetas Soriana en las elecciones de 2012.
Luis Carlos Ugalde hace un breve análisis de cómo los políticos se coluden con la clase empresarial a cambio de concesiones futuras que serán el resultado de los financiamientos de las campañas de los aspirantes a puestos populares con cifras millonarias que el instituto electoral no puede comprobar; esto significa que el gallo que tenga más apostadores (empresarios) que aporten más dinero a sus campañas serán los virtuales ganadores aunque no ganen en la realidad, como sucedió en 2006 cuando el mismo Ugalde le dio el triunfo a Felipe Calderón Hinojosa a pesar del gran cúmulo de irregularidades durante las campañas y la jornada electoral. ¿Las leyes electorales son a modo de los candidatos favoritos de los magnates mexicanos y extranjeros con intereses económicos a la usanza porfiriana?
Es decir que por más que los panistas propongan un órgano anticorrupción ésta no dejará de hacer daño si son los mismos políticos quienes se encargan de corromper cuanto se les atraviese en su camino en busca del poder. Esa es la imagen que proyecta Luis Carlos Ugalde pues aunque ahora quiera lavarse las manos, él fue en su momento uno de los principales cómplices de las matanzas calderonistas y de alguna forma la continuación de esa película del terror con el priista Enrique Peña Nieto y su corte de tecnócratas neoliberales y el poder televisivo de Emilio Azcárraga Jean.
Por lo tanto el INE es sólo una pantalla donde las cúpulas del poder simulan una democracia republicana, para muestra están las faltas del Partido Verde contra las leyes electorales y no lo detiene nada; la misma estrategia priista de Enrique Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México se repite ahora. El sistema electoral mexicano es uno de los más caros del mundo y el menos eficiente pues al final se impone la voluntad empresarial sobre la de los ciudadanos comunes a través de cualquier medio, al fin y al cabo México aún tiene riquezas que explotar.
Afortunadamente, en 2012 en Tabasco los electores a pesar de los millones de pesos que el PRI invirtió y desvió a favor de Chucho Alí y los demás candidatos priistas, demostraron que cuando el pueblo se organiza y se mueve hacia un mismo rumbo no hay poder económico que lo venza; ojalá que la publicidad electoral desplegada en los distintos medios de comunicación no confunda a los electores tabasqueños y se analice cuál es la realidad actual y que es lo que se espera de los candidatos a puestos populares, que se analice la trayectoria de cada uno y sobre todo la factibilidad de sus propuestas, ya que hay quienes buscan hacerse del poder político a toda costa y no se detendrán ante nada para conseguirlo, sea dispersando propaganda negativa contra sus contrincantes, desinformando a la gente o simulando que ahora caminan codo a codo con los ciudadanos comunes, los de a pie, como se les conoce en el argot mexicano.