Reforma laboral, “sueño guajiro de la oligarquía”
En el periodo legislativo que termina, la reforma laboral ya no pasó, y aún cuando fue uno de sus compromisos de campaña de Enrique Peña Nieto y este ocupara la Presidencia de la República, por la situación que impera en el país todo parece indicar que dicha reforma seguirá siendo un “sueño guajiro de la oligarquía”.
Sostuvo en entrevista, el profesor Rodolfo Lara Lagunas, diputado federal perredista e integrante de la comisión legislativa del trabajo.
Definitivamente la reforma laboral ya no pasó en esta legislatura que termina en agosto, si hubiera pretensión de que se discutiera, tendría que ser en un periodo extraordinario, lo cual no está contemplado, afirmó.
Efectivamente en los últimos días de su campaña, en entrevistas que dio a la prensa extranjera, Enrique Peña Nieto, de hecho se comprometió a llevar a cabo dos reformas estructurales, la energética y laboral.
Me parece que las hizo de manera irresponsable, sostuvo el diputado perredista, con la seguridad de que con trampas podría llegar a obtener la mayoría en las elecciones presidenciales.
Lo que no aseguró es que se le descubrieran las trampas para obtener el voto mayoritario, la triangulación de dinero, incluso con Europa, un “cochinero” y posible lavado de dinero ilícito.
Todo eso ha provocado un coraje nacional sin precedentes, soy testigo de que existe indignación en familias que nunca antes se habían metido en política.
Pero además existe un fenómeno que no estuvo presente en las elecciones del 2006, la presencia de jóvenes de nivel de educación superior a través del movimiento Yosoy132 que no solo ha crecido y multiplicado en subgrupos en todo el país y que en la Primera Convención de Atenco, acordó impedir la toma de la Presidencia de Enrique Peña Nieto.
Un comentarista de la prensa norteamericana decía que con todo lo que está pasando en este momento en México, de entrada, seria un grave error de Peña Nieto, meterse en las reformas estructurales.
Un presidente, afirmó el analista norteamericano, al inicio de su mandato debe intentar gobernar con tranquilidad, sería de una torpeza enorme que entrando provocara un conflicto.
En base a lo anterior, por lo menos en el primer año, esas reformas están muertas, aseguró el periodista, según afirmó el profesor Lara lagunas.
Pero además, en el manifiesto que publicó el movimiento Yosoy132 la semana pasada, afirma que no permitirá la privatización del petróleo ni la reforma laboral, porque los jóvenes tienen claro que de aprobarse aumentaría la explotación de los trabajadores y la pobreza.
Así que, de llegar a la Presidencia de la República Enrique Peña Nieto, lo que menos le conviene es levantar a la gente, dice el profesor.
De inmediato, abunda el diputado, se levantarían los profesores de más de cinco estados que están afiliados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, los trabajadores del Sindicato mexicano de Electricistas continuaran su lucha y se sumarían las organizaciones que forman parte de la Unión Nacional de Trabajadores, los sindicatos universitarios y posiblemente otras organizaciones sindicales independientes, más los jóvenes.
Es decir, sostiene, “una bomba”, por ello, tanto Felipe Calderón como Enrique Peña Nieto, si es que este último llega a manejar el país, tiene que manejarse con “pinzas”, porque está a punto de una explosión y hasta el primero de diciembre no hay nada seguro.
En 1968 el Producto Interno Bruto de México crecía al 6 y 7, nuestra economía se ponía de ejemplo para América Latina y se hablaba del “milagro mexicano”, cuando la verdadera oposición era clandestina y los partidos políticos que había eran controlados por el régimen.
Es decir había un transfondo político, económico y social estable en el país y a pesar de eso, de un pleito de jóvenes en un partido de futbol, surgió el Movimiento Estudiantil del 68, ¿qué pasaría? cuestiona Lara lagunas, en un momento en que hay 60 mil muertos, 20 mil desaparecidos, 7 millones de ninis, medio millón de mexicanos que emigra a los Estados Unidos, 10 millones más de pobres solo en este sexenio.
“Como decía Vladimir Ilich Lenin: la pradera está seca, una chispita y quien sabe qué puede pasar”.
Por eso Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, si llega a gobernar, plantea, deben manejar al país con pinzas, no puede cometer el mismo error que en Atenco porque el país no lo va a aguantar, tendría que ser muy inteligente para calmar las aguas, para hacerlo crecer, darle un nuevo rostro.
Está históricamente probado, asegura, que un gobierno que reprime y no causa rebeldía es porque está fuerte y tiene los controles, pero si reprime en condiciones de descomposición social, lo que provoca es el inicio de un cambio brusco, revolucionario, que uno nunca quisiera que se diera por la cantidad de sangre que se derrama.
Así que, definitivamente sería un error grave que entrando, entrando, en un país que necesita de la famosa luna de miel de cien días que los países necesitan, Peña Nieto se atreviera a cumplir las promesas que hizo a quienes lo apoyaron económicamente, privatizar el petróleo y reformar la ley laboral.
Pero además tiene en contra a un sector minoritario del PRI, de obreros que tampoco están de acuerdo, como me consta, con esa reforma, sostienen también que la revisen pero no le quiten los derechos ganados.
Como los trabajadores dijeron en los anteriores foros de consulta, dice el legislador perredista, si ya de por si los patrones no cumplen con la ley actual, ya si esa ley peor nos irá.
Lo otro es el entorno mundial, menciona, que sigue siendo muy grave, cuatro años de una crisis que se dice es peor que la de 1929 y está se resolvió en diez años con la Segunda Guerra Mundial, cuando a todos los millones de desempleados les dieron su casco y rifle para trabajar, pero en la guerra y las fábricas que estaban sin producir y que se dedicaron a producir armamento.
Hay que ver como están Grecia, España e Italia, que tiene una crisis pero no de un país o de tres, sino que es la crisis del sistema neoliberal que, después de treinta años, ya demostró que no funciona, que no contribuye al desarrollo, sino que provoca que la riqueza se concentre, como dicen los “indignados”, en un uno por ciento beneficiado contra un 99 por ciento no beneficiado.
Así que con esas condiciones del país y el mundo, la reforma laboral es todavía un sueño guajiro para la oligarquía, agregó.