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La Verdad del Sureste

Régimen de incorporación fiscal

Brasil Acosta Peña


 

Con la reforma fiscal recientemente aprobada, uno de los cambios que ha generado controversia y, al propio tiempo, dudas y temores, es el que se refiere a la eliminación de los Repecos (régimen de pequeños contribuyentes), en cuyo lugar entra el régimen de incorporación fiscal. Un pequeño contribuyente realiza negocios cuyos ingresos no superan los dos millones de pesos mensuales y esto incluye los servicios, como por ejemplo, el servicio doméstico. Los Repecos no podían emitir facturas y sus dueños o trabajadores no tenían seguro social ni pensión o ahorro para el retiro ni derecho a la vivienda, etcétera, esta situación, se dice, pone en desventaja en el futuro a estos pequeños negocios y a sus dueños y subempleados. La forma en la que pagaban impuestos era a través de una cuota fija; sin embargo, las circunstancias obligaban a que tuvieran que pagarle a un contador sus servicios para cumplir con los requisitos del Servicio de Administración Tributaria (SAT). Mientras algunos tenían que dar una cuota de 260 pesos, el contador les llegaba a cobrar 300 pesos para hacer su balance y declaración. Pagaban una cuota fija que incluía el impuesto sobre la renta (ISR); el impuesto al valor agregado (IVA) y el impuesto empresarial a tasa única (IETU). En fin, se trata de un régimen ineficiente, según señalan las autoridades hacendarias, pues según sus propios datos, el número de Repecos por ellos identificados era de 3.8 millones; sin embargo, sólo 136 mil pagaban su contribución, con lo cual se recaudaban tres mil 600 millones de pesos al año.
    Al desaparecer este régimen, los pequeños negocios están obligados a inscribirse en el régimen de incorporación fiscal que, según alcanzo a leer de las declaraciones de funcionarios importantes del SAT, tiene un doble objetivo: incorporar al régimen formal a los 29.6 millones de empleados y negocios informales que reconocen ellos mismos que existen en México; por otro lado, y lo más importante, busca que los pequeños negocios sirvan de informantes de las ventas de las empresas más importantes y poderosas de México que engañan al fisco al no declarar todo lo que venden, pues como los pequeños contribuyentes no emitían facturas, no quedaban registradas las ventas en la tiendita de la esquina, por ejemplo. Con este nuevo régimen se obliga el pequeño comerciante a informar sobre sus compras y, así, de forma indirecta, el SAT puede obligar al que le vendió a que pague los impuestos que debe y no los que paga por no declarar correctamente. Con ello, las grandes empresas, que tienen una gran capacidad de distribución, que supera con mucho a las posibilidades del SAT de darles seguimiento, empresas como Coca-Cola, Pepsi-Cola, Bimbo, Gamesa, entre otras, que nunca faltan en el pueblo más recóndito del país, ahora podrán ser mejor controladas y se conocerán mejor sus ventas en la medida en la que se incorporen pequeños productores a este régimen.
    Con base en la teoría de los incentivos, se busca que la incorporación sea la esperada (susceptibles de incorporarse a este régimen fiscal son hasta 13.2 millones. Los 3.8 millones que eran Repecos, pasan de inmediato al nuevo régimen). En el primer año (el que corre), los pequeños negocios que producen o prestan servicios, no pagarían ninguna clase de impuestos, pero sí tendrán que declarar lo que deberían pagar. Una vez que ya tengan el cálculo de sus impuestos, no pagarán nada en el 2014; en el 2015 pagarían sólo el 10 por ciento y se les condonaría el 90 por ciento de impuestos; en el 2016 pagarían sólo el 20 por ciento, y así hasta que en 10 años lleguen a pagar sus impuestos por completo. Sólo estarían obligados, bimensualmente, a calcular su pago de impuestos dando a conocer sus ingresos y, sobre todo, sus gastos. Este proceso, dice el SAT, no requiere de contador; simplemente con una llamada telefónica le pueden registrar sus ingresos y egresos (sobre todo estos últimos), y vía telefónica se hace el cálculo de lo que debería pagar, aunque le vayan a ir cobrando de manera gradual como queda dicho. El régimen de incorporación permitirá la emisión de facturas.
    La incorporación, han criticado varios, requiere de la Internet y mucha gente no tiene acceso a una computadora ni recursos para adquirirla y, de hecho, hay zonas en las que no hay acceso a la red. Se dice que pueden acudir a registrar su negocio a las oficinas de las delegaciones del SAT que hay en los estados y municipios; y que también pueden registrarse por teléfono. Se pretende, por ejemplo, incorporar al servicio doméstico en este régimen, que se calcula en 2.3 millones de personas, lo cual implica que se registren en el SAT y listo. Así quedará registrado el gasto que realizan los que les pagan y que sin recibo evaden impuestos. Si en algunos casos la gente no puede registrarse porque más que dar lo que deberian es recibir, de esa manera se podrá identificar a la gente que necesita apoyos sociales par su incorporación en algún programa social.
    Se corre el peligro de la falta de correspondencia entre los buenos deseos del régimen de incorporación fiscal y su puesta en práctica en concreto. Los objetivos del régimen no se van a alcanzar solos, deben tener un brazo ejecutor, que lamentablemente son los funcionarios del SAT, en su inmensa mayoría han estado desde antes de la aprobación del régimen, (y no se les conoce por sus buenos tratos a la ciudadanía). También puede ser que al menor incumplimiento por parte de los pequeños les dejen caer “todo el peso de la ley” encarnado en multas y sanciones, sin averiguar si hay una razón profunda que conlleve a la imposibilidad de cumplir con la información y requisitos que exige el SAT. Los directivos del SAT no deben hacerla de verdugos sino de facilitadores y cumplir con el precepto de ayudar al que menos tiene, al tiempo de hacer efectiva la consigna del propio secretario de Hacienda, el doctor Luis Videgaray Caso, de que los impuestos deben ser progresivos: es decir, que pague más el que más tiene. Esperemos que sea así y que se distribuya mejor lo que se recaude. Ése será el mejor incentivo para que la gente pague impuestos: que descubra que lo que da, mejora su vida en concreto.

Brasil Acosta Peña
Diputado Federal

Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico

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