En mayo de 2010, Grupo Carso y Arco pusieron la primera piedra para la construcción de la plaza Altabrisa (1 mil 200 millones de inversión) en un zona de 18 hectáreas junto a la laguna La Aduana, mientras que el grupo Soluciones Productivas anunció el desarrollo residencial Centrópolis, en 30 hectáreas (3 mil millones de pesos invertidos). Los complejos, dirigidos a un sector de altos ingresos y denominados por sus creadores como el mayor proyecto inmobiliario del sureste, contaron con la autorización del ayuntamiento de Centro y el gobierno tabasqueño. Ubicados al sur de Villahermosa sobre el periférico, se asientan en un terreno bajo que regulaba las aguas de la laguna La Aduana y la crecida de los ríos durante la época de lluvias, sostiene Santo Tomás, cuyos integrantes cuestionan la autorización para construir en ese sitio 200 establecimientos y 625 residencias. Incluso, han obtenido a cuenta gotas durante un año copias de los permisos de construcción otorgados por el ayuntamiento de Centro y el gobierno del estado “porque las autoridades incurrieron en responsabilidades administrativas al autorizar proyectos en un terreno que está declarado como zona protegida”, según Hugo Ireta. “Hay una alteración del flujo del agua y relleno de la laguna en un zona de conservación, que está contemplada así por el Programa de Ordenamiento Ecológico de Tabasco, que prohíbe cualquier tipo de infraestructura en esa laguna”, afirma.
El ambientalista critica que Conagua se haya desentendido de su responsabilidad con La Aduana afirmando que está aislada de cualquier río. Y que las autoridades locales no quisieran aplicar la Ley de Ordenamiento Territorial. De acuerdo con documentos en poder de MILENIO, a los desarrolladores de Centrópolis se les inició en octubre de 2009 un proceso administrativo por rellenar cerca de la laguna, pero el 13 de agosto de 2010 la secretaria de Medio Ambiente de Tabasco, Silvia Whizar Lugo, firmó la autorización después de recibir el manifiesto de impacto ambiental por parte de la empresa. Whizar, ahora funcionaria y ex fundadora de la asociación ecologista Santo Tomás que ahora la cuestiona, autorizó los trabajos pese a señalar en el expediente MIA-067-2009 que “el proyecto que nos ocupa es parcialmente compatible con el Programa de Ordenamiento Ecológico del Estado, por ubicarse en zona de uso intensivo y de conservación”.
Según ese expediente, el relleno alrededor de la laguna fue de 180 mil metros cúbicos, pues se admite que el terreno en general se encontraba cercano a los 6 metros sobre el nivel del mar. En tanto, Altabrisa construyó en 18 hectáreas, pero en el expediente MIA-005-2009, no se refiere el nivel de relleno que realizaron. De acuerdo con Google Earth, el programa que la propia Conagua cita en sus oficios como fuente oficial al no disponer de una cartografía propia, La Aduana tiene una extensión de 30 hectáreas; el relleno se realiza en la zona donde antes derramaba la laguna en época de lluvias. Al respecto, el secretario de Obras Públicas del gobierno local, Héctor López Peralta, justifica que se trata de “un desarrollo comercial con una inversión muy importante”, pero asegura que la laguna es responsabilidad de la Conagua. “Está conectada a aguas nacionales y a una compuerta, es como la laguna de las Ilusiones de Villahermosa, que tiene su propia conexión, es lo mismo”, ejemplifica. Como esta obra, en los últimos tres años se autorizaron en Tabasco rellenos de hectáreas en zonas donde anteriormente los ríos Carrizal y Grijalva desbordaban sus aguas. Según Santo Tomás, en 2008 se rellenó también al poniente de la ciudad un humedal en la ranchería Loma de Caballo y al oriente se afectó a la laguna La Majagua. Ese mismo año se dio banderazo para que una zona baja al norte de la capital fuera rellenada para la construcción de un complejo comercial denominado Plaza Grullas (a cambio de obras que impidan la inundación de un cinturón de miseria localizado a un costado).
