Sector salud en Tabasco: saqueo y recuperación II
Se evitó una tragedia
(Segunda y última parte)
Vhsa. Tab., 27 abr 2020.- El sector salud fue dejado prácticamente en ruinas por los gobiernos de Andrés Granier y Arturo Núñez. Ya antes, con Manuel Andrade y Roberto Madrazo la atención médica para los tabasqueños se había deteriorado gravemente. Con Granier fue el acabóse, pero la esperanza que significó Núñez Jiménez quedó lamentablemente frustrada. Al término de su mandato, la escasez era una constante en centros de salud y hospitalarios del estado. Había la promesa de que las cosas iban a mejorar, pero los hechos dijeron siempre lo contrario.
El enojo y la indignación fueron subiendo de tono a medida en que se conocían historias en las redes sociales de falta de atención a enfermos o trato humillante o discriminatorio hacia pacientes en nosocomios.
Una de las imágenes que más impacto causó fue la de un paciente que era conducido en un carrito de supermercado. Las denuncias abundaron, las protestas ciudadanas también.
La ira se multiplicó cuando se supo que los niños con cáncer no tenían los medicamentos para combatir ese terrible padecimiento.
A esa inconformidad se sumó también el personal médico que denunció malos tratos y la falta de equipo, de material e instrumentos de trabajo para brindar una atención de calidad a los pacientes.
Los dirigentes sindicales del sector salud tampoco se quedaron callados. Alzaron la voz por lo que estaba pasando en esa institución. Acusaron a Núñez Jiménez de poner en riesgo la salud de los tabasqueños.
AL BORDE DEL COLAPSO
La situación empeoró en el 2018. El gobierno nuñista enfrentaba una crisis, los pasivos se iban acumulando, las deudas también y no había modo de solucionar los gravísimos problemas que enfrentaba el sector salud.
Todo se salió de las manos. Las protestas arreciaban. Los ánimos se tensaban y los reclamos estaban el orden del día. La esposa del gobernador, la señora Martha Lilia López Aguilera, vivió en carne propia la ira de los tabasqueños.
Al salir del Hospital del Niño, donde visitó a un familiar internado, fue increpada al no responder a las peticiones de intervención que le pedían los manifestantes.
Estuvo retenida varias horas en su unidad blindada y tuvo que ser la policía la que la rescatara del enojo del pueblo. Ella tuvo mucha injerencia en salud. Puso a los administradores en la institución y solo a ella le rendían cuentas.
La señora daba órdenes, quitaba y ponía funcionarios en la dependencia. La prensa crítica le decía vicegobernadora, por el poder y la influencia que tenía en el gobierno que encabezaba su esposo.
El final de ese sexenio también fue de pesadilla. Había bloqueos por todas partes, la indignación social a flor de piel. Núñez dejó Tabasco el 30 de diciembre, bajo el cobijo de la noche, con el estigma de haber encabezado el peor gobierno de los últimos tiempos.
UN GOBIERNO AL RESCATE
Con el cambio de administración inició la reconstrucción del sector salud tan castigado los últimos doce años. Se rehabilitó la infraestructura hospitalaria y se dio mantenimiento a la ya existente.
Se equiparon los hospitales de alta especialidad, se adquirieron instrumental médico y se dotó a doctores y enfermeras de lo necesario para brindar una atención médica de calidad a los pacientes.
Además, se garantizó el abasto de medicamentos y material de curación a centros de salud y hospitales del estado, que hoy en día ronda el 70 por ciento.
Esas acciones han permitido al gobierno estatal enfrentar la pandemia en mejores condiciones, con todo lo necesario para salvar la vida del mayor número de tabasqueños, la prioridad en este momento.
El programa de austeridad y el combate a la corrupción también le permitieron al gobierno de Adán Augusto tener ahorros por 500 millones de pesos, dinero que se ha destinado a la reconversión de los hospitales para hacer frente a la emergencia sanitaria, así como para adquirir 220 respiradores, equipo especializado y capsulas aislantes para trasladar a los contagiados con el virus.
El sector salud dispone de lo necesario para atender esta contingencia. No se ha escatimado ni se escatimará recurso alguno, ha dicho el gobernador López Hernández, y reiterado que primero es salvaguardar la salud de los tabasqueños y posteriormente vendrá la reconstrucción económica.
Otro sería el panorama del estado si no se hubiera reconstruido la infraestructura de salud. Tabasco estaría sumido en una tragedia, los infectados se contarían por miles y las defunciones también.
De por sí la pandemia está afectando al estado debido a que la gente no ha hecho caso a las recomendaciones de las autoridades sanitarias de quedarse en casa y aplicar el distanciamiento social y las medidas de higiene necesarias para evitar el contagio.
Se libra una dura batalla y se confía en que, con las medidas aplicadas en la fase tres, se logre contener la propagación del virus y se aplane la curva de contagios, pero eso depende en mucho de la actitud que asuman los ciudadanos ante esta emergencia sanitaria.
Vhsa. Tab., 27 abr 2020.- El sector salud fue dejado prácticamente en ruinas por los gobiernos de Andrés Granier y Arturo Núñez. Ya antes, con Manuel Andrade y Roberto Madrazo la atención médica para los tabasqueños se había deteriorado gravemente. Con Granier fue el acabóse, pero la esperanza que significó Núñez Jiménez quedó lamentablemente frustrada. Al término de su mandato, la escasez era una constante en centros de salud y hospitalarios del estado. Había la promesa de que las cosas iban a mejorar, pero los hechos dijeron siempre lo contrario.
El enojo y la indignación fueron subiendo de tono a medida en que se conocían historias en las redes sociales de falta de atención a enfermos o trato humillante o discriminatorio hacia pacientes en nosocomios.
Una de las imágenes que más impacto causó fue la de un paciente que era conducido en un carrito de supermercado. Las denuncias abundaron, las protestas ciudadanas también.
La ira se multiplicó cuando se supo que los niños con cáncer no tenían los medicamentos para combatir ese terrible padecimiento.
A esa inconformidad se sumó también el personal médico que denunció malos tratos y la falta de equipo, de material e instrumentos de trabajo para brindar una atención de calidad a los pacientes.
Los dirigentes sindicales del sector salud tampoco se quedaron callados. Alzaron la voz por lo que estaba pasando en esa institución. Acusaron a Núñez Jiménez de poner en riesgo la salud de los tabasqueños.
AL BORDE DEL COLAPSO
La situación empeoró en el 2018. El gobierno nuñista enfrentaba una crisis, los pasivos se iban acumulando, las deudas también y no había modo de solucionar los gravísimos problemas que enfrentaba el sector salud.
Todo se salió de las manos. Las protestas arreciaban. Los ánimos se tensaban y los reclamos estaban el orden del día. La esposa del gobernador, la señora Martha Lilia López Aguilera, vivió en carne propia la ira de los tabasqueños.
Al salir del Hospital del Niño, donde visitó a un familiar internado, fue increpada al no responder a las peticiones de intervención que le pedían los manifestantes.
Estuvo retenida varias horas en su unidad blindada y tuvo que ser la policía la que la rescatara del enojo del pueblo. Ella tuvo mucha injerencia en salud. Puso a los administradores en la institución y solo a ella le rendían cuentas.
La señora daba órdenes, quitaba y ponía funcionarios en la dependencia. La prensa crítica le decía vicegobernadora, por el poder y la influencia que tenía en el gobierno que encabezaba su esposo.
El final de ese sexenio también fue de pesadilla. Había bloqueos por todas partes, la indignación social a flor de piel. Núñez dejó Tabasco el 30 de diciembre, bajo el cobijo de la noche, con el estigma de haber encabezado el peor gobierno de los últimos tiempos.
UN GOBIERNO AL RESCATE
Con el cambio de administración inició la reconstrucción del sector salud tan castigado los últimos doce años. Se rehabilitó la infraestructura hospitalaria y se dio mantenimiento a la ya existente.
Se equiparon los hospitales de alta especialidad, se adquirieron instrumental médico y se dotó a doctores y enfermeras de lo necesario para brindar una atención médica de calidad a los pacientes.
Además, se garantizó el abasto de medicamentos y material de curación a centros de salud y hospitales del estado, que hoy en día ronda el 70 por ciento.
Esas acciones han permitido al gobierno estatal enfrentar la pandemia en mejores condiciones, con todo lo necesario para salvar la vida del mayor número de tabasqueños, la prioridad en este momento.
El programa de austeridad y el combate a la corrupción también le permitieron al gobierno de Adán Augusto tener ahorros por 500 millones de pesos, dinero que se ha destinado a la reconversión de los hospitales para hacer frente a la emergencia sanitaria, así como para adquirir 220 respiradores, equipo especializado y capsulas aislantes para trasladar a los contagiados con el virus.
El sector salud dispone de lo necesario para atender esta contingencia. No se ha escatimado ni se escatimará recurso alguno, ha dicho el gobernador López Hernández, y reiterado que primero es salvaguardar la salud de los tabasqueños y posteriormente vendrá la reconstrucción económica.
Otro sería el panorama del estado si no se hubiera reconstruido la infraestructura de salud. Tabasco estaría sumido en una tragedia, los infectados se contarían por miles y las defunciones también.
De por sí la pandemia está afectando al estado debido a que la gente no ha hecho caso a las recomendaciones de las autoridades sanitarias de quedarse en casa y aplicar el distanciamiento social y las medidas de higiene necesarias para evitar el contagio.
Se libra una dura batalla y se confía en que, con las medidas aplicadas en la fase tres, se logre contener la propagación del virus y se aplane la curva de contagios, pero eso depende en mucho de la actitud que asuman los ciudadanos ante esta emergencia sanitaria.