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La Verdad del Sureste

Sergio Antonio Compaing: centro de rehabilitación de alcohólicos o despido

“Vuelve a pasar por mi cabeza la idea del suicidio”


Durante el diálogo con el director de la Visitaduría Judicial, Sergio Antonio Compaing, en el que me informó de la denuncia administrativa en mi contra y la orden del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, de que se me investigara, se me ocurrió contarle a ese funcionario, que Rodolfo Campos Montejo, ya desde el 2007 había solicitado mi renuncia, recuerda la abogada Ondina Tum Pérez.

     Le dije también que me negué a ello y que desde entonces el acoso laboral sobre mi persona fue permanente y subiendo de tono, lo cual ya estaba afectando mi salud al presentar una crisis nerviosa, lo cual incluso me había llevado, en el mes de abril, a recibir atención médica en el hospital del ISSET en donde se me extendió una incapacidad por un día.

     No podía dejar de llorar, menciona Tum Pérez,  y Compaing Cadena me escuchaba, de repente me empieza a hablar de Dios, mientras yo miraba los libros religiosos que tenía en su escritorio, fue entonces que me dijo que el único que me puede ayudar es él, porque sería quien entregará las conclusiones a Campos Montejo, “que recuerde que tengo a toda la caballería en contra”.

     La única forma en que puede mitigar la depresión en la que ha caído, me dijo Compaing Cadena, es acudiendo al centro de rehabilitación de alcohólicos, al que él que yo asisto, se llama Cuarto y Quinto Paso.

   Platique con él por más de dos horas, y durante ese tiempo me preguntó si me acordaba de él cuando era litigante le dije que si, pero como uno de los abogados que llegaban a la sala donde trabajaba,  y entonces dijo que no sabía nada de él.

    Entonces me contó que había sido “una persona incorrecta, que había cometido atrocidades, que fue golpeador de mujeres y de sus hijos”, pero que en ese centro de rehabilitación había cambiado, y que cuando se sentía deprimido, ahí se refugiaba.

    Sin ser alcohólica, afirma Ondina Tum, no dudé en decirle que si, no sabía si ahí  superaría mi depresión, pero veía una pequeña esperanza de no perder el trabajo.

    Llegué a la casa y no dije una sola palabra a mi esposo, obvió que terminó por darse cuenta que algo me pasaba.

    La primera vez que acudí a dicho centro, no pude ingresar porque me exigieron que llevara “un padrino”, así que tuve que esperar al licenciado Compaing Cadena y finalmente entré a un salón.

    “Cuando salí me sentí bastante mal, y se lo dije, me contestó que era normal, pero que recordara que de ahí dependía conservar el trabajo”. Le comenté que mi esposo no estaba de acuerdo, que tendría problemas con él,  me preguntó cuánto ganaba Ernesto, pero reiteró que tenía que aguantar porque de eso dependía mi trabajo.

   Empecé a presentar conductas que nunca había experimentado, descuidé a mis hijos, la casa y casi no comía, caí en una depresión más profunda, sobre todo porque en ese lugar escuchaba de los asistentes, historia más terribles y desgarradoras que en las películas de horror y odio.

     Los problemas con Ernesto se agudizaron, ya enterado de lo que estaba haciendo, no cesaba de hacerme ver que Compaing Cadena se estaba aprovechando de mi: Pero  yo no escuchaba, iba al médico, tomaba el medicamento para la depresión pero seguía con miedo de perder mi trabajo.

   Tres veces fui al centro de rehabilitación, fueron suficientes para darme cuenta de la magnitud de los problemas de los alcohólicos, pero mi depresión iba empeorando.

    Un día Compaing me dijo, sostiene la especialista en derecho civil,  que debía viajar el 13 de mayo del año pasado, para asistir a una “experiencia”, por la que tendría que pagar 850 pesos, y se negó a informarme  de qué se trataba y a dónde sería.

    Usted solo se sube al camión que los llevará al lugar y regresarán hasta el domingo, dijo, y en ese momento me preguntó con quien de mi familia me llevaba mejor y que le diera su teléfono, “sin chistar se lo proporcioné, yo obedecía todo, con la esperanza de conservar mi empleo”.

    Venia a mi casa y mis hijos preguntaban, qué era lo que me pasaba,  mi esposo me regañaba y yo lo oía pero no lo escuchaba, estaba completamente ciega.

     Pagué lo que me pidieron y el 13 de marzo Compaing personalmente me habló para preguntar si estaba lista para viajar.

   Fui a la casa a la hora que calculé no estaría ni mi esposo ni mis hijos, para sacar un poco de ropa, pensaba irme sin decirles nada, que se diera cuenta de mi ausencia cuando ya no estaba, para evitar otro enfrentamiento. Un familiar que tenía junto me preguntó, sí había pensado bien, lo que iba a hacer.

     En eso estaba cuando llegó mi esposo, que al darse cuenta de mi intención, me gritó:   

    “Sí sales de aquí, se termina todo y llevaré a los niños al presidente del Tribunal de Justicia, para decirle qué clase de director de  la Visitaduría Judicial tiene, que cómo es posible que un alcohólico ocupe ese cargo”

     Como lloraba muy fuerte, porque mi esposo no me dejaba ir y sentía que el lunes ya no tendría trabajo, prosigue Ondina,  una vecina que es el  familiar de la que proporcioné el teléfono, me informó entonces  que Compaing Cadena le habían hablado para pedir fotos de mis hijos y para que convencieran a Ernesto, que me dejara ir, a lo cual se negó.
    Ella me hizo entender que ni siquiera sabía a donde me llevarían y que viera en las condiciones que me encontraba, porque para ese entonces había perdido como cinco kilos

    Ya mis hijos habían llegado de la escuela, todos llorábamos, Ernesto les dijo lo que sucedía porque ellos nada sabían lo que estaba pasando, me dijeron que no me podía ir porque nunca nos habíamos separado.

  Entendí entonces, expresa, que estaba dañando a mis hijos y destruyendo a mi familia por anteponer el trabajo y que mi salud iba de mal en peor porque hasta había perdido el apetito, y que el camino no era ese.

     Ernesto me hizo ver que era un problema de violación de mis derechos laborales y humanos y que no era posible que, siendo abogada, no pudiera defenderlos

    Finalmente no fui, me sentía ya apoyada por mi esposo y mi familia, y el lunes como ya lo esperaba el licenciado Compaing Cadena me llamó, como a la una de la tarde para decirme que la licenciada Thelma Romero había reiterado que era una persona muy conflictiva y que tenía una serie de averiguaciones previas en mi contra “y que era por ahí por donde me iban a agarrar”.

   Respondí que si fuera no me hubiera mantenido en el trabajo, pero enojado, me pidió que no lo interrumpiera porque el que hablaba ahí era él, y desde entonces, ha utilizado una estrategia de intimidación en mi contra con persecución, muchas veces por ejemplo, por ejemplo muchas veces lo encuentro afuera de la oficina cuando entro a trabajar y me toman fotografías, entonces hablo a mis esposo para que le tome fotos a él con el celular.

   Incluso, le dieron de nuevo posesión al mecanógrafo, en mi cubículo, pero para que vigile lo que hago.

    Después de ese incidente, continua, actas y más actas en mi contra, por lo que  el 25 de mayo del año pasado interpuse una denuncia ante el Consejo de la Judicatura por acoso laboral, como pasaba el tiempo y no se acordaba una resolución, promoví un amparo y  solicité medidas preventivas  de seguridad.

    Finalmente hubo un pronunciamiento del presidente del TSJ en el sentido de que “él respeta los derechos de todos” y las cosas se dificultaron más porque desencadenó un acoso más fuerte, al grado que, para ir a comprar un refresco, tengo que firmar un pase de salida y el ordenanza a mi no me hace caso.

   Ya no salía a comprar nada, porque en una ocasión la licenciada Thelma Romero me firmó un  pase de salida y no me lo quiso regresar.

  En otra ocasión, era necesaria la entrega de un trabajo al Consejo de la Judicatura y por solicitar un vehículo para irlo a entregar, porque no había taxis,  porque no le avise a Thelma Romero me lo tomaron como un acto de insubordinación.

    Me han levantado actas hasta cuando he estado con incapacidad médica.

    En julio reciente, por el incremento del acoso, tuve una recaída de la depresión, dice Ondina Tum -sin poder hablar de nuevo por la angustia retenida y las lágrimas-, “vuelve a pasar por mi cabeza la idea de suicidarme”.

Luego de varios días de no dormir, mi esposo me convence de que vaya al ISSET, y ahí el médico general me dice no es sencillo lo que estoy viviendo y que mi situación de salud, salía de su ámbito, porque en ese momento tenía dificultades, hasta para respirar.

      De inmediato me canalizó de nuevo con el psiquiatra, y el me preguntó: ¿Ondina qué es lo que pasa ahora si estás bajo tratamiento? Tienes que ser fuerte, no puedes seguir así, luego me  preguntó si había tratado de lastimarme y respondí que por amor a mis hijos no lo había hecho.

       Dijo el médico que debía quedar internada, yo me opuse y prometí que en  la casa estaría bien, me hizo firmar una responsabilidad y  habló a mi esposo para comunicarle que el acoso debía cesar o yo ser más fuerte para soportarlo, me extendió una incapacidad y me recetó más medicamentos

       Presenté mi incapacidad, en julio fui de nuevo al ISSET y luego aprovechamos la incapacidad y las vacaciones para irnos a Cancún, con el fin de que mejorara.

       En agosto regresamos y fui al ISSET el día nueve y me encuentro con la sorpresa de que mi expediente clínico no aparecía y por esa causa perdí mis citas con el psicólogo y el psiquiatra, que no tuvo otra que atenderme sin él y de ello dejó constancia.

     Empecé a indagar donde estaba el expediente y supe que estaba en el jurídico del TSJE, porque el licenciado Sergio Mario Compaing Cadena, director de la Visitaduría Judicial, estaba investigando la incapacidad, sin ningún procedimiento de por medio.

   Un doctor argentino de medicina del trabajo, de apellido Chamorro, me dijo señora usted no tiene nada de que preocuparse, su incapacidad está conforme a la ley, yo no saqué  de piso el expediente, lo revise  porque hay situaciones muy delicadas ahí,

      Ya el expediente apareció, lo tiene resguardado el director del hospital, Jesús Oropeza Domínguez, porque interpuse una queja ante la comisión de arbitraje médico

        Confieso, expone Ondina Tum Pérez, que tengo temor de que se lo roben, porque ahí está documentado desde cuándo fui atendida por el psiquiatra y los motivos por los que llegue.

      Se difundió la versión de que mi queja ante la comisión de arbitraje médico, era en contra de los médicos que me atienden en el ISSET, pero era falso, fue por el extravío del expediente, por el contrario, sostiene Ondina, estoy inmensamente agradecida con ellos.
         Exigí copia de mi expediente y me la negaron, me dijeron que por la norma 168 SSA1/1998 no me la pueden proporcionar, a pesar de la ley de transparencia y acceso a la información pública.

       Posteriormente el acoso continuó pero con menor intensidad,  entre lo último está un oficio, ni siquiera dirigido a mi, el TSJE pide una cita a medicina del trabajo del ISSET para que me hagan una valoración de actitud laboral, pero con el doctor Oscar M. Jesús Cahero del propio ISSET.

       Seguramente con la intención de declararme mentalmente incapaz de seguir laborando para terminar con mi relación laboral, como lo han hecho con otros trabajadores del TSJE, a través de este médico y la complicidad del ISSET, asegura Ondina Tum.

       La valoración sería el 25 de octubre del 2011, y por supuesto no me presenté, en parte porque el oficio no fue dirigido a mí.

        Actualmente Ondina Tum Pérez, continúa trabajando en las mismas condiciones de aislamiento y represión laboral en el Comité de Compilación, Sistematización y Publicación de Criterios Aislados y Criterios Jurisprudenciales Aislados del Tribunal Superior de Justicia.

        Sigue aguantando la situación, la angustia es permanente y sigue manifestándose en su salud, pero ya no con depresión, sino con más fuerza para seguir luchando, para buscar la justicia anhelada ya no en el Tribunal Superior de Justicia o en Tabasco, sino ante otras instancias, incluso internacionales.

        “Antes de denunciar todo esto, lo pensé mucho, muchas veces busqué al magistrado Campos Montejo, pero por terceras personas me mando a decir que yo era una persona muy conflictiva, no tenía caso que lo siguiera buscando”, dijo hace alrededor de cuatro meses.

    Esta semana Ondina Tum autorizó que esta entrevista se publicara.

    “Tengo miedo de lo que pueda sucederme a mi o a mi familia, porque Rodolfo Campos Montejo, ayer no tenía poder ni dinero, hoy si lo tiene”, por ello lo responsabilizaré de lo que pueda sucedernos, advirtió.

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