Sinaloenses al desnudo
No sé si por ignorancia, colusión o por ambas cosas nadie (o casi) ha dicho nada sobre lo que ha emprendido el gobierno de Sinaloa para desnudar a sus habitantes con los requisitos para su nueva credencial de manejo que son de terror. Increíble, pero cierto. Veamos por qué afirmo lo anterior.
Primero. El gobierno del señor “Malova” decidió sin base legal alguna agregar nada más y nada menos los elementos que muchos rechazamos y ganamos la partida al intento frustrado de crear una Credencial de Identidad Ciudadana en el gobierno de Felipe Calderón que tanto impulsó el señor Alejandro Poiré. Además de los requisitos obvios requeridos para una licencia de manejo, ahora en Sinaloa van incorporar dos datos gravísimos: el iris de los ojos y las huellas dactilares de los 10 dedos. El argumento, dice el gobierno, es para que las licencias sean “infalsificables”. El fin es legítimo, qué bueno que sean “infalsificables”, pero de ahí a recurrir a infringir los datos personales de las personas que protege el artículo 16 constitucional y los tratados internacionales que forman parte del núcleo de protección de los derechos humanos, como lo dispone el artículo 1º constitucional, segundo párrafo hay un largo trecho. En ningún país democrático el conspicuo argumento de la “infalsificabilidad” ha sido justificante legítimo para lesionar el derecho a la vida privada y la intimidad de las personas, como hoy sucede en Sinaloa que parte de la premisa absurda de que todos los sinaloenses son presuntos delincuentes, violando además su derecho a la presunción de inocencia protegido también por la Constitución y los tratados internacionales. En Sinaloa sí que se vive el mundo al revés.
Segundo. En las democracias las cosas son exactamente al contrario de lo que empieza a pasar en Sinaloa con el señor “Malova”. La existencia del Estado parte de que los gobiernos protegen a sus ciudadanos y garantizan sus derechos. En efecto, en Estados Unidos, por ejemplo, la Driver’s Privacy Protection Act, una ley federal, dispone expresamente qué elementos puede tener una licencia de manejo: nombre y apellidos, domicilio, número telefónico, descripción del tipo de vehículo que se va a manejar, información médica básica y fotografía. En modo alguno, las huellas de los 10 dedos y la fotografía del iris. Más todavía, el artículo 18 de la citada ley establece expresamente que: “los Estados tienen prohibido revelar información personal, a menos que previamente se recabe el consentimiento del conductor” y declara ilegal su utilización para fines distintos a los que fue recabada. . En Europa, la muy reciente Directiva Europea de las licencias de conducir, aprobada el 19 de enero de este año, también busca que haya documentos “infalsificables”, pero a diferencia del gobierno de Sinaloa, lo que hizo fue requerir que se incluyera un microchip para su debida protección, algo similar a lo que sucede en México con algunas tarjetas bancarias.
Tercero. En Sinaloa se asiste a un experimento de ciudadanos abiertos y gobierno opaco, justo al contrario de las mejores prácticas internacionales. Por supuesto, esta disposición sólo afectará en los hechos la vida privada de casi todos los sinaloenses que son inocentes de cualquier delito. Los malosos fácilmente pueden obtener licencias de otra entidad federativa o “convencer” a la autoridad de que inserte datos de otra persona para pasar desapercibidos. La criminalización de los sinaloenses genera un precedente histórico que nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo. ¿Alguien cree que las honradas autoridades de Sinaloa utilizarán los datos de los conductores con los mejores propósitos? Resulta burda la medida del gobierno de Sinaloa, pero preocupa que sus habitantes estén tan contentos con que sus datos más intímos estén circulando por todos lados. Cosa de recordar que la foto del iris es muy intrusiva porque a través de ella se pueden saber las enfermedades crónico degenerativas o las que puedan tener los conductores y las 10 huellas servirán para que las personas de a pie estén fichadas para siempre, como si hubieran cometido un delito sin deberla ni temerla, pasándose por el arco del triunfo el principio básico de legalidad que está prescrito en los artículos 14 y 16 constitucionales. Fácilmente ahora se podrán sembrar datos personalísimos de inocentes para generar chivos expiatorios. Con esa enorme base de datos tendrán de dónde escoger sin problema alguno. No se debe dejar pasar este atropello sin que nadie haga ni diga nadie. Hoy es Sinaloa cuyos habitantes parecer estar gozosos de renunciar en su perjuicio de sus datos más íntimos, no dejemos que eso se expanda a todo el país. Si no se lucha por la libertad en aras de asegurar la supuesta ilusión de la seguridad, al final no tendremos ni una ni otra.
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