Sufragio efectivo no, reelección
@UTufigno
Si alguno de los Constituyentes del 17 o alguno de los luchadores sociales de la Revolución Mexicana se hiciera presente en el México actual, seguramente no entendería cómo es que comprende el idioma sin entender lo que sus ojos ven y lo que sus oídos escuchan.
De los principios por los que pelearon poco o nada queda en una Constitución que no tiene más reformas porque no hay más periodos legislativos. Y tampoco comprenderían la opulencia de los hombres del poder y la grave desigualdad social a pesar de los contenidos sociales que dejaron plasmados originalmente en la Constitución.
México se reinventa cada seis años y se reformula a partir de los deseos del residente de Los Pinos, pero en tanto más poder represente éste último, más probabilidades tiene de llevar al extremo sus intereses personales. Y la clase política, antes que rebelarse, se somete para mostrarle su incondicionalidad, tal y como lo acaba de hacer Fausto Vallejo al dejar el gobierno de Michoacán.
El ex gobernador tenía todo el derecho de renunciar al cargo, pero no tenía la obligación de postrarse ante Enrique Peña, salvo que haya sido para pedirle clemencia para su hijo por las presuntas amistades peligrosas que frecuentaba.
Al igual que ocurrió con Salinas, los gobernadores tricolores pasaron de la crítica discreta al elogio desmedido a pesar de que a cada momento es más notable la injerencia del gobierno federal en los asuntos de los estados. Como una ley nacional no basta para entrometerse en las decisiones soberanas de las entidades federativas, hay que pensar en dos, tres o las que sean necesarias para tener el control central de las decisiones de gobierno, e imponer a personeros disfrazados de servidores públicos al servicio de sus estados e instituciones.
De esta forma de control escapan los poderes legislativos, no porque sean independientes, sino porque en su acta de nacimiento llevan el apellido del padre o madre que los vio nacer.
El caso michoacano es el caso extremo, pero también levantan la mano los estados de México, Tamaulipas e Hidalgo. Sin embargo, no solamente Peña ha podido establecer medidas de control central, también el Secretario de Gobernación. Miguel Ángel Osorio Chong ha regado convenientemente sus piezas en dichas entidades federativas e inclusive en el Distrito Federal a través del nuevo Presidente del PRI en el DF, quien es su incondicional.
Así, el Secretario de Gobernación se ha convertido en un vicepresidente que quiere anticiparse a su destino aunque las estadísticas de la historia juegan en su contra. ¿Cuántos Secretarios se fueron en fuga a esta altura de la carrera?
Los futuristas, que también los hay al frente de otras entidades, instituciones y colores, no trabajan para servir a la sociedad sino para servirse a sí mismos.
Por eso piensan en sus haberes de retiro, en jubilaciones anticipadas o, por qué no, en la posibilidad de una reelección perpetua que le devuelva a su bolsillo lo mucho que han trabajado por sus electores, aunque jamás hayan tomado su parecer para votar una propuesta o tomar una decisión.
Quienes ocupan sus cargos actuales por la vía del sufragio están felices con la aprobación de la reelección porque les abre el camino de la vida eterna, pero se niegan a introducir la figura de la revocación del mandato que les impediría concluir un solo periodo.
En el Distrito Federal tampoco se juega distinto. Los Consejeros Electorales del DF cambiaron su normatividad interna para darse el carácter de “trabajadores” del Instituto y así tener derecho a una indemnización al momento en que sean separados de sus cargos debido a la reforma política.
En el mismo sentido, por unanimidad los senadores acaban de aprobar cambios al Estatuto del Gobierno del Distrito Federal –instrumento que suple la carencia de Constitución- que incluye la reelección hasta por un periodo adicional a los jefes delegacionales y hasta por tres periodos a diputados locales. Si, como argumentan algunos, lo que se premia es la eficiencia, entonces en la capital del país habrá que esperar más líneas 12 del Metro y más medidas que atenten en contra de la economía de las personas, como las nuevas restricciones vehiculares que castigan la pobreza de las mayorías.