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La Verdad del Sureste

Tabasco... era un edén LUIS SOTO


Arturo Núñez Jiménez hace un juicio contundente sobre la situación en su estado y sobre la ineptitud del gobernador priista Andrés Granier Melo. (Foto: Joel Arias)
Arturo Núñez Jiménez hace un juicio contundente sobre la situación en su estado y sobre la ineptitud del gobernador priista Andrés Granier Melo. (Foto: Joel Arias)
El domingo 1 de julio no todo será elegir presidente de la República y diputados y senadores al Congreso de la Unión. En seis entidades de la República habrá elecciones para renovar Poder Ejecutivo, Congreso local y presidencias municipales: Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco y Yucatán. Además, en el caso del Distrito Federal -que todavía no tiene la condición constitucional de estado-, se elegirá jefe de Gobierno, 66 representantes a la Asamblea Legislativa y 16 jefes delegacionales. Ya habrá ocasión y necesidad de ocuparse de todos los procesos electorales, pero en este momento sobresale el caso de Tabasco, porque ese estado del sureste ha dejado de ser el lugar paradisiaco que festeja la popular canción de Pepe del Rivero («Ven, ven, ven, vamos a Tabasco que Tabasco es un Edén») para convertirse en víctima de múltiples problemas.

En más de un sentido, hay que decir que Tabasco es zona de desastre: por los recurrentes ciclos de inundaciones, la pobreza, el desempleo, la caída brutal del sector agropecuario y las finanzas públicas quebradas que no pueden enfrentar las necesidades inmediatas de recursos para programas sociales, obras públicas, obras de emergencia... y ni siquiera para solventar la nómina burocrática. Al respecto, el político tabasqueño Arturo Núñez Jiménez hace un juicio contundente sobre la situación en su estado y sobre la ineptitud del gobernador priista Andrés Granier Melo: «Justamente para enfrentar esos problemas es que uno se prepara para la política y la vida pública.

El problema del actual gobernador es que no se preparó. Asumió que el asunto era sólo de popularidad. Pero no basta con desplantes de supuesta valentía y energía frente a la Federación. Tienen que ser desplantes enérgicos, sí, pero inteligentes y con autoridad política y moral. Y de eso no ha habido absolutamente nada. Granier será recordado como un hombre vinculado a las ‘siete plagas’ que hoy padece Tabasco, como en su tiempo las padeció Egipto». El análisis del político tabasqueño que milita en el sector de la izquierda desde que era miembro del PRI, deriva del conocimiento de su estado y de la experiencia adquirida en varios gobiernos federales -fue en dos ocasiones subsecretario de Gobernación-, así como en tareas legislativas en una diputación por el PRI -partido en que militó durante 37 años hasta 2005- y en una senaduría por el PRD a partir de 2006. Núñez Jiménez fue en dos ocasiones precandidato a la gubernatura de su estado: en el año 2000, como priista, y en 2006, por el PRD.

En la primera se le atravesó su impresentable paisano Roberto «fracaso», perdón, Madrazo, que impuso a su delfín Manuel Andrade Díaz -también impresentable y de ingrata memoria en Tabasco-, que ganó las elecciones «haiga sido como haiga sido» en versión priista. En la segunda el PRD prefirió lanzar a Raúl Ojeda Zubieta, quien ya había perdido «a la mala» frente al mencionado Andrade y que volvió a perder frente al actual gobernador, el químicofarmacéutico- biólogo mal improvisado como político, Andrés Granier Melo. Sobresale en la trayectoria de Arturo Núñez su participación en el diseño legal y estructural para iniciar la ciudadanización y autonomía de los procesos electorales, que estaban a cargo del gobierno federal por medio de la Secretaría de Gobernación, y que él y un grupo de destacados especialistas transformaron en lo que hoy es el Instituto Federal Electoral.

El IFE de la primera época fue dirigido por el tabasqueño en el periodo en que se llevó a cabo el accidentado proceso electoral que culminó con las elecciones federales de 1994, que no fueron impugnadas por la oposición a pesar de que en enero de aquel año se produjera el levantamiento en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y de que en marzo siguiente fuera asesinado el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, sustituido por Ernesto Zedillo Ponce de León, quien resultó triunfador sobre el panista Diego Fernández de Cevallos y el perredista Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Más de la mitad de la vida profesional de Arturo Núñez ha transcurrido en tareas vinculadas a las negociaciones políticas: en el cumplimiento de funciones públicas en dependencias del Poder Ejecutivo federal; como diputado del partido en el poder y coordinador de su bancada, y como senador de la oposición.

En todos los casos ha sido reconocido por aliados y adversarios, de manera invariable, como un interlocutor experto, enérgico y leal. «Tengo vocación de jugador, pero una y otra vez les da por hacerme árbitro», acostumbra decir Arturo Núñez Jiménez a propósito de su abultado y exitoso expediente como negociador, pero hoy le ha llegado el turno de ocupar la posición que le gusta en el juego político, porque desde el domingo 4 de marzo es el candidato a la gubernatura por la coalición de izquierda denominada Movimiento Progresista por Tabasco, formada por los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Movimiento Ciudadano. La primera tarea que ha emprendido Núñez -para la que está excepcionalmente preparado- será mantener la unidad en la alianza de partidos que buscan llevarlo al gobierno de Tabasco para el periodo 2012-2018, y al respecto advierte: «En el triunfo cabemos todos y en la derrota no hay lugar para nadie. Es nuestra obligación buscar la unidad. El veneno de los partidos es la D, de división y de derrota, y tenemos que cuidar que no haya división».

Pronto veremos si Núñez Jiménez logra unificar en su estado a las tribus, hordas, bandas y pandillas de «las izquierdas» -que, supuestamente, unidas jamás serán vencidas-, y si además se beneficia en julio próximo del «efecto López Obrador», candidato presidencial de la misma coalición PRDPT- MC, que le puede acercar buena cantidad de votos. Por otra parte, también seremos testigos de los votos que podría acarrear el «efecto Peña Nieto» en favor del izquierdista Arturo Núñez, efecto que tal vez dañará al PRI de Tabasco porque -según los malosos- el proceso interno de elección del candidato priista fue una «operación dedazo» del «Acorazado de Atlacomulco», que impuso a Jesús Alí de la Torre ante las protestas de los priistas locales que gritaron desesperados: «¡Fraude, lodazal, cochinero, ese candidato nos va a hundir!»(Tomado de El Financiero).  

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