Táctica y estrategia
@UTufigno
En un mundo globalizado no es extraño que actualmente se dispute el Campeonato Mundial de Ajedrez entre un indio y un noruego, precisamente en la India.
La hegemonía que durante muchos años conservaron los soviéticos en el juego-ciencia viene en declive gracias al desarrollo del internet y los programas informáticos. Hace algunos años, Garry Kasparov -el mayor exponente de la escuela soviética- fue derrotado por una poderosa computadora, lo que se interpretó como el inicio del dominio de la máquina sobre el hombre. Sin embargo, tal catástrofe no ha llegado a consumarse a pesar de las dificultades que enfrentan los mejores ajedrecistas ante las inteligencias artificiales.
Kasparov, quien en cierto momento pretendió incursionar en la política como adversario del presidente ruso Vladimir Putin, dejó un notable legado luego de su retiro profesional del ajedrez. En uno de sus libros, “Cómo la vida imita al ajedrez”, escribe: “Para conseguir la victoria establecemos estrategias de juego y escogemos el camino adecuado para alcanzarla.
Las palabras estrategia y táctica suelen usarse de forma indistinta, sin tener en cuenta las diferencias importantes que existan entre ambas. Mientras que la estrategia es abstracta y está basada en objetivos a largo plazo, las tácticas son concretas y consisten en seleccionar el movimiento adecuado para cada momento”.
Cito lo anterior para tratar de entender si la reforma energética propuesta por el gobierno de Peña Nieto es una táctica o una estrategia y, por lo tanto, deducir si la reforma fiscal y la reforma política son parte de la misma estrategia o simplemente son tácticas de otra estrategia. Si la verdadera estrategia –como lo supongo- es la consecución de la reforma energética, no importa que en el camino hayan mermado las otras propuestas si al final se va a conseguir la aprobación de lo que tanto han deseado los neoliberales al servicio de los intereses extranjeros: la entrega de la riqueza petrolera, no sólo de las ganancias, sino también de su control.
En octubre vimos jaloneos y amagues entre las distintas fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión por la reforma fiscal y la ley de ingresos presentada por el Ejecutivo Federal; ahora mismo podemos observar que la reforma política y la centralización de las decisiones también están en la pista del circo político. Lo coincidente en todos estos estiras y aflojes es que tanto el PAN como el PRD aparentemente lograron introducir algunos de sus planteamientos en los textos legislativos, aunque la mayor parte de ellos son en perjuicio de sus votantes.
¿Realmente fue un logro de la oposición descafeinada o fue una concesión calculada desde Los Pinos?
En la semana pasada tres medios de habla inglesa, dos norteamericanos y un británico, dieron cuenta de las negociaciones que se están llevando a cabo entre Peña Nieto y el PAN para armar una reforma energética aún más agresiva que la que planteó inicialmente el gobierno federal.
A la idea original de establecer contratos de utilidad compartida con las empresas privadas, el nuevo esquema incluye contratos para compartir la producción petrolera y la concesión de contratos vía licencias administrativas en los que el inversionista privado administraría los hidrocarburos tras el pago de regalías e impuestos. Por supuesto, al capital extranjero le atrae más la idea de la producción compartida ya que así pueden controlar a quién y cuándo vender el petróleo.
Aunque en todo esto parece surgir una estrategia todavía mayor: la de los Estados Unidos, el mayor consumidor de gas y petróleo, que a partir de 2010 le ha dado un gran auge a los llamados hidrocarburos no convencionales, particularmente al gas de esquisto.
Este tipo de hidrocarburos se obtienen a partir de un proceso conocido como fracturación hidráulica horizontal y es común que se encuentren en capas que oscilan los cinco mil metros de profundidad, de ahí la necedad de la exploración en aguas profundas.
Su acelerada extracción convertiría a los norteamericanos en no dependientes del gas y el petróleo convencionales, con la consecuente caída de la economía de las naciones exportadoras de crudo.
Sin embargo, su extracción impacta al medio ambiente, destruye fuentes de agua dulce e incluso provoca sismos. Y para aprovechar que somos la cuarta reserva de gas de esquisto a nivel mundial, tienen a un gobierno mexicano que les abre las puertas de par en par.