El teletón casero
@UTufigno
Enrique Peña ya no lo siente lo duro, sino lo tupido. Tengo muy viva la memoria desde el gobierno de Luis Echeverría y no recuerdo que un titular del Ejecutivo Federal haya enfrentado problemas tan graves como los que Peña Nieto tiene hoy en día, antes de cumplir su segundo año sentado en la silla presidencial: las ejecuciones de Tlatlaya, la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa, la orden de detención internacional en contra de Arturo Montiel, la reposición de la licitación para otorgar el contrato para la construcción del tren rápido que se supone conectará a las ciudades de México y Querétaro, y el muy cuestionado caso de la casa que su esposa –la actriz Angélica Rivera- adquirió en la exclusiva zona de las Lomas de Chapultepec.
De los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa –la crisis más grave que enfrenta el Ejecutivo Federal- ya hemos hablado en este espacio y seguiremos hablando de ello, pero hoy nos detendremos para abordar el tema de la lujosa residencia que la “pareja presidencial” detenta en la Ciudad de México.
Luego de que salieron las primeras informaciones sobre la casa, que tiene un modesto valor de aproximadamente siete millones de dólares, el vocero presidencial -Eduardo Sánchez- inmediatamente salió en defensa de Peña Nieto y de su esposa. Como en todo cuento infantil, el vocero dijo que había una vez una actriz muy exitosa que un día conoció a su príncipe tricolor; se enamoró de él, se casaron, lo llevó a vivir a su humilde morada y fueron muy felices hasta antes de que se descubriera que su “nidito” es fruto de la corrupción. ¿En verdad el señor Eduardo Sánchez cree que vamos a aceptar su afirmación en el sentido de que la casa, con un costo tan millonario como insultante, fue adquirida únicamente con el salario producto de las extraordinarias actuaciones de Angélica Rivera?
Si de por sí la mera compra de dicho inmueble raya en lo increíble, todo queda al descubierto al enterarnos que la propietaria legal –la actriz no ha terminado de pagar- es una filial del Grupo Higa, la contratista consentida de Peña Nieto cuando éste gobernó el estado de México, y que también formó parte de la asociación empresarial que había “ganado” la licitación de la construcción del tren rápido al haberse quedado como única postora después del retiro de las demás empresas participantes en la amañada licitación. ¡Todo está clarísimo! Hasta el más crédulo puede deducir fácilmente que la casa es un pago por los favores recibidos, o por lo favores que están por llegar.
Para quitar toda sombra de sospecha entre la adquisición de la casa y la licitación del tren rápido, el vocero presidencial dijo que la cancelación de la licitación se hizo antes de que se diera a conocer la información sobre “el jacalito” presidencial; cierto, pero fue sólo unas pocas horas antes. ¿Casualidad o causalidad? El vocero tal vez ignora que el Secretario de Comunicaciones y Transportes -Gerardo Ruiz Esparza- durante cuatro días defendió a capa y espada el resultado del fallo de la licitación que daba como ganador a un grupo encabezado por la empresa China Railway Construction, que se asoció con Grupo Higa y GIA, esta última propiedad de un cuñado de Carlos Salinas. ¿Les suena el nombre?
Pero en este caso aún hay más ya que no se agota en la corrupción y el tráfico de influencias. Por ley, Peña Nieto estaba obligado a declarar dicho inmueble en su declaración patrimonial, cosa que no hizo porque, según justificó el vocero presidencial, están casados en separación de bienes y cada quien es propietario de lo suyo.
¿Acaso el vocero nunca ha presentado su declaración patrimonial? La ley es muy clara: el servidor público debe declarar su patrimonio, el de su cónyuge y el de sus dependientes económicos. Por si fuera poco, ahora también se sabe que en 2010 Televisa le donó a la actriz otra millonaria propiedad -colindante con la “casa blanca”- como parte de un “paquete de compensación” por su exclusividad para la televisora. Pregunto: ¿y quién pagó los impuestos por dicha operación inmobiliaria? Porque no quisiera pensar que el dinero del “teletón” tienes otras finalidades.