Tiempo de impuestos
@UTufigno
Dicen que en la vida hay dos cosas de las que una persona no se salva: de la muerte y del pago de impuestos. Y tal parece que esta afirmación no sólo es cierta, sino que el terror se apodera de los contribuyentes en los primeros meses del año.
Papeles, comprobantes y facturas se apilan en los escritorios de los contadores que tratan de explicarles a sus clientes que la supuesta simplicidad de las leyes fiscales es sólo retórica y que sería mucho más fácil entender un manual para tripular un transbordador espacial que tener la certeza de un cálculo correcto.
Pero no es de esta clase de impuestos de lo que quiero hablarles, sino de otro tipo, aunque no por ello menos terroríficos: los impuestos que Enrique Peña colocó, por un lado, en la titularidad de la Procuraduría General de República y, por otro, en la terna para ocupar la vacante de Ministro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Nadie que se precie de tener al menos un dedo de frente puede suponer que en la designación de Arely Gómez a la cabeza de la XHPGR nada tuvo que ver el monopolio televisivo que la acompañó desde su destape en el noticiero estelar de Televisa, mucho antes que el gobierno federal confirmara que ella sería la candidata a ocupar el cargo luego de la separación de Murillo Karam. Y a pesar de que el hermano de la Procuradora, Vicepresidente de Noticias del consorcio, se cortó las venas en defensa de la supuesta independencia de su hermana, la sospecha la acompañará todo el tiempo de su encargo.
¿A quién conviene su designación como Procuradora? No lo sabemos, pero sí sabemos que no conviene a quienes buscamos un órgano imparcial en el que, como su nombre lo dice, “procure justicia”. Arely Gómez González, egresada de una de las universidades preferidas por las élites de este país, militante del PRI, nieta de Salomón González Blanco –ex gobernador de Chiapas- y asistente cercanísima de Mariano Azuela cuando éste era Presidente de la Corte en los tiempos del “desafuero” de Andrés Manuel, no garantiza imparcialidad. Lo extraño (¿debo sentirme “extrañado”?) fue que una perredista “dura” como Dolores Padierna votó a favor de su nombramiento, e incluso Alejando Encinas –“su amigo”, según dijo la Procuradora- prefirió abstenerse de votar.
Pero si esta imposición corrió con suerte, la pretensión de que Eduardo Medina Mora ocupe la vacante en la Suprema Corte ha transitado por aguas más turbulentas, aunque nada que un cañonazo de concesiones electorales no pueda controlar. Si bien la votación en el Pleno del Senado no está decidida, sólo faltan unos cuantos votos para que el partido de Peña obtenga la mayoría calificada que establece la Constitución. ¿Y de dónde provendrán esos votos faltantes? (Finjan que se sorprenden) Supongo que de las filas de los blanquiazules y de más de uno de la bancada amarilla que, al igual que lo hicieron con la hoy Procuradora, correrán a tomarse la foto con el ex Director del CISEN, ex Director de la Secretaría de Seguridad Pública, ex titular de la PGR y ex Embajador en la Gran Bretaña. Digamos que, en este caso, Peña nombra a un “ex” polifuncional.
Cuando el Ejecutivo y el Senado cierren la pinza para favorecer a Medina, ambas estructuras de poder habrán asestado uno de los mayores golpes a la Suprema Corte en los tiempos recientes, tal y como lo denunció uno de los integrantes de la terna de la farsa: el Magistrado Horacio Hernández Orozco, quien dijo que la Corte no debe ser un “refugio de políticos a modo”.
En un país democrático este cuestionamiento sería suficiente para que Peña retirara de la contienda a Eduardo Medina, pero no lo va a hacer, ni siquiera por las 25 mil firmas que se han juntado entre abogados, académicos, miembros de ONG’s y personas con sentido común para rechazar el eventual nombramiento. ¿Por qué se aferra Peña a su capricho? ¿Será porque el verdadero promotor de Medina Mora está en otro lado? ¿Tal vez el propio gobierno de los Estados Unidos? Sería un agradecimiento por los favores recibidos cuando estaba al frente de los aparatos de seguridad.