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La Verdad del Sureste

Urdimbres y texturas DE LAS MILICIAS AL ORDEN CIVIL

Un acercamiento a la historia de la seguridad pública


 

 

Desde que el hombre se ha organizado en comunidad siempre ha existido la intención de resguardo y protección. De las milicias organizadas y preparadas se refiere que la vigilancia civil data del Imperio Romano cuando la guardia pretoriana al establecerse en territorio conquistado introduce el orden civil,  pero como las milicias -al fin entrenadas para las guerras no cubrían del todo ese aspecto-, surge la vigilancia civil, entrenadas para el mantenimiento del orden.
    La siguiente fase es la de aquellas buenas personas que sin entrenamiento buscaban brindar, proteger y mantener el orden en la ciudad. Nótese: “buenas personas” sin entrenamiento, pero con toda la buena intención.
    En el México colonial se distinguían dos tipos de guardianes: vigilantes nocturnos o serenos encargados del orden y resguardo de los bienes del ciudadano, y los alguaciles, funcionarios que dependían de los jueces, su función era hacer comparecer a las personas y ejecutar aprehensiones. Será hasta 1747 cuando el virrey Conde de Revillagigedo Francisco de Güemes y Horcasitas establece por primera vez la policía en la Nueva España. Si bien la intención fue señalada como un acierto, resultó en un verdadero desastre pues el virrey no distinguió entre ejército y policía civil dando paso a abusos.
    Posteriormente en 1822 se estableció el término “Seguridad Pública” para referir al cuerpo de milicia cívica que integraba las funciones de policía pública y de seguridad, pero hacía falta un reglamento que normara también a estos cuerpos. Así, para 1838 se expidió el reglamento de Vigilantes o Cuerpo de Policía montada, vigilantes nocturnos y diurnos, señalando ante todo la seguridad de los ciudadanos y sus bienes.
    USO Y ABUSO
    Valga este apretado y breve recuento del origen de las fuerzas policiacas para colocar en nuestras reflexiones el hecho que el trasfondo de vigilar y castigar implica un alto sentido humano. Vaya, eso se supone que es: mientras el resto de los mortales duermen alguien vela el sueño.
    Pero… la organización de esos cuerpos de vigilancia se ha convertido en una compleja manipulación donde los guardianes del orden asumen como peones en el tablero del ajedrez social, unas veces usados como cuerpos de choque contra la ciudadanía, otras para oscuras decisiones de pasillo político: desapariciones, agresiones, robos, carne de cañón de movimientos por el poder que se fraguan trastienda.
    Qué tenemos en Tabasco: que el gobernador Arturo Núñez decide dar el paso de reorganizar estas fuerzas del orden civil convocando a jóvenes comprometidos con un alto sentido de servicio a la comunidad. Loable intención, y mucho trabajo para quienes se integren a esas nuevas fuerzas del orden; para quien dirige la corporación, pues eso implica reordenar reglamentos, o al menos asumirlos, y por qué no EDUCAR a esas personas que se integren al cuerpo de policías.
    ¿Qué tenemos ahora? Con todo respeto,  pero una gran mayoría, que no todos, dan pena: obesos, incultos y chambones. ¿Qué hacer con esos efectivos corruptos, que como cochambre han vivido al margen de la institución trabajando diez días y descansando veinte? Ese es uno de los tantos desafíos.
    Por supuesto que  los ciudadanos deberán integrarse al cambio. Eso de esperar que las transformaciones lleguen sentados en casa, en la oficina, en el cine, pues como que no. La crítica está bien, pero es fundamental cuestionarnos qué hacemos cómo ciudadanos. La ciudadanía es también un cargo que se ejerce.

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