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La Verdad del Sureste

Urdimbres y texturas POETAS DE LA REVOLUCIÓN Y DE LA VIDA


Por Teresita  Bautista V. 

 

“Yo no soy la libertad,  pero sí el que la provoca…”  Como en la vida,  versátil, caprichosa; con vericuetos.  Así los poetas se  dan. Aquellos que marcan  caminos, o bien, amores; y  más fuertes son aquellos  que inspiran luchas para el  beneficio común. Poetas de  la revolución, que nos hacen  percibir la realidad con  la mirada de la conciencia,  de la dignidad, la victoria;  juglares que nos recuerdan  la condición humana, la memoria  de las cosas, la construcción  olfativa de una  ciudad, los colores de los  ojos, de la piel, el cabello,  las intenciones de una historia.  Los poetas registran  y describen en su memoria  las emociones de un pueblo,  la sin razón de la guerra y la  lucha de los sobrevivientes.  Siempre en el fragor  de la batalla, sus palabras,  arengas, imágenes construidas  a partir de la lingüística  enaltecieron el valor  de los actores sociales.  Tienen esa facultad que no  sabemos quién les otorgó,  de ser tejedores de libertades,  en sus minuciosas miradas  y laboriosos dedos.  “Ésta no es una cuestión  de cultura, sino de conciencia.  La conciencia es anterior  al alfabeto y al pan.”  UN MODO DE SER  Antonio Machado, curioso  nato, imposible de superar en  ese periplo de vida; romántico  hasta la muerte, claro en el  pensamiento. Ya Max Aub se  refiere a Machado como “un  modo de ser”, para precisar  entonces: “la estirpe romántica,  la sencilla bondad, el  vigor intelectual y la sincera  melancolía”.

 

El mismo que  se planta ante los milicianos  españoles en 1937 para leer  sus reflexiones: “El poeta y el  pueblo”  Y escribir una elegía  dedicada a otro poeta: Federico  García Lorca, asesinado  en Granada por los militares  de la dictadura franquista;  poeta incómodo para el régimen,  amigo cercano de Machado.  Todo en el marco de  la dictadura franquista, apurada  en borrar la conciencia,  la memoria, y establecer una  quietud perversa bajo la cual  se tejieron los más abyectos  proyectos y crímenes. Sólo  que no pudo con los poetas,  no los mató a todos. Sin proponérselo  dio paso a la valentía,  la unidad internacional y  afianzó el recuerdo. La poesía  sobrevive.  “Millones de puños  gritan, su cólera por los aires,  millones de corazones golpean  contra tus cárceles..”  Pedro Garfias participó  activamente en la Guerra  Civil española. De esa experiencia  nos hereda “Asturias”,  poema con una enorme carga  simbólica, ritmos y hechos.  Construye con su mirada de  combatiente la cotidianeidad  de los días de la guerra, hasta  que finalmente es exiliado  en Gran Bretaña y posteriormente  a México.

 

El poema  completo es un sentido homenaje  a los dos momentos  fuertes en que el régimen  dictatorial descargó su furia:  La caída de Asturias en 1937,  donde acabó para siempre y  por segunda vez la lucha de  los mineros, y el recuerdo de  Garfías hacia los combatientes  del bando republicano  durante la represión de 1934.  Fue poeta que vivió y describió  lo que vivió, combatiente  del olvido y la ausencia.  NUESTRA MEMORIA  Este es un brevísimo paseo  por la vida de personas que  tenían mucho qué decir, para  precisamente evitar el olvido  y la ausencia; referencia obligada  son los poetas en las  ciudades, en los países. Son  la memoria estilística de la  vida.  Es, como refiere Edgar  Morin (1999), “asumir  la humana condición individuo-  sociedad-especie en  la complejidad de nuestra  era”, reflexionando sobre la  humanidad que se halla en  nosotros mismos, en nuestra  conciencia personal. Injusta  puede ser la elección de estos  poetas, pero son un referente  que no se olvida. Precisamente  por ser individuos que les  tocó el tiempo de guiar la vida  a través de su mirada, no se  hicieron a un lado en los hechos  ocurridos en su país de  origen, trabajaron para construir  la solidaridad, la compresión,  la humanización de  la humanidad. Se quedan en  la mesa de trabajo de quien  esto escribe, apuntes sobre  Pablo Neruda, León Felipe,  Carlos Pellicer, Gabriela Mistral,  José Martí, Nicolás Guillén,  Miguel Hernández y un  enorme etc.  La reflexión del día  es: ¿dónde están nuestros  poetas del presente siglo  XXI? ¿Tienen espacio para  la reflexión? ¿Reescriben  la historia de secuestros,  asesinatos de mujeres, pederastía,  migrantes, contaminación,  alimentos transgénicos?  Necesitamos  poetas que nos permitan entender  este complejo proceso  que en estos momentos es  el mundo, pero, ¿acaso quienes  viven bajo un régimen  totalitario la tienen fácil? No.  La diferencia estriba en que  esa suerte de vida totalitaria  no atrapa a esas personas,  buscan salidas y activamente  participan. Entonces,  ¿cuánto falta para trascender  al cambio personal y social?  Hasta que aparezcan  poetas que con su visión del  mundo nos indiquen el trazo  del compromiso y la acción.  El pueblo necesita a sus poetas,  necesita a esos hombres  y mujeres que digan: “vientos  del pueblo me llevan,  vientos del pueblo me arrastran…”   

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