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La Verdad del Sureste

Urdimbres y texturas VILLAHERMOSA, CIUDAD QUE DEBEMOS RESCATAR

Si queremos un Tabasco próspero, no olvidemos quiénes somos


La ciudad, sitio de vivencias escolares, familiares, laborales, de amigos; constructo de lo tangible, aquello material a lo que aferramos nuestra existencia, o bien el tránsito obligado para otros, la mirada fugaz del viajero de paso, la ciudad del servicio: es Villahermosa, la ciudad “petrolera” que en apariencia se planteó como bastión de desarrollo, y es cuna de pobreza, marginación, hambre, incultura, desarrollo de desgracias, contradictoriamente también es paraíso paisajístico: la tarde perfila los árboles de Tabasco y los matices del cielo. Parece que aquí no pasa nada.

 

Si nos imaginamos un paseo a vuelo de pájaro, miraremos el espacio urbano de la Venecia villahermosina; rebosar la ciudad en ese laberinto de calles, avenidas, cerradas, barrios, rancherías, todo mezclado y sin aparente orden; es una dinámica habituada a cómo vivimos, cómo llenamos el espacio. Y por supuesto si llueve, verá asomarse los canales acuáticos en que se convierten sus calles. Desde la elección de los árboles plantados en los parques, hasta el diseño de las calles, forzar a Villahermosa se ha convertido en una constante sociocultural, política-económica.

 

No es totalmente malo, sucede que la elección en la definición del espacio urbano no ha sido precisamente la más eficaz, por no decir que en realidad nunca les ha importado. NO TODO ES PETRÓLEO En ese desorden ordenado en que han convertido esta ciudad, han olvidado tanto los líderes políticos, comerciantes, prestadores de servicios, foráneos que se quedan a trabajar y simultáneamente a vivir, que existe otra cara de la ciudad: aquí viven personas cuya actividad no está completamente vinculada con la administración y explotación del petróleo, no dependen directamente de uno de los recursos que más dinero le ha dado a la federación.

 

 En ese mar de dinero que flota sólo el olor en el ambiente rural de Tabasco, podemos encontrar realidades que no corresponden a la imagen que de este Estado productor quieren promover abiertamente; basta con salir de la ciudad capital para enfrentar una realidad sumamente triste: la agonía de las comunidades, el hastío que les invade. Sin duda la administración de la riqueza en Tabasco traerá como consecuencia fuentes de empleo, pero sólo eso, empleos momentáneos en donde las personas no miran más allá de lo que puede ser el futuro como personas que son. Aquí cabe traer el concepto de cultura no material, para decirlo correctamente patrimonio cultural inmaterial, concepto que permite definir: “Patrimonio cultural inmaterial significa las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y habilidades - así como los instrumentos, los objetos y artefactos, los espacios culturales asociados con los mismo que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconocen como parte de su legado cultural.

 

Este patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación a generación, es constantemente recreado por comunidades y grupos en respuesta a su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, y les proporciona un sentido de identidad y continuidad, promoviendo de este modo el respeto por la diversidad cultural y la creatividad.” (UNESCO, 2003) Dicho de manera más sencilla, estamos a un paso de perder uno de los valores no tangibles más importantes en Tabasco, y -atrevido suena decir-, en toda la región, nuestro sentido de identidad y continuidad; el lugar en donde se encuentran depositados el conjunto de la cultura inmaterial es la mente de las personas, es decir que la colectividad de personas es fundamental para el resguardo de lo que somos juntos, de lo que construimos juntos. Aquello no tangible que no representa (aparentemente) capital financiero para algunos, y como no es importante y no genera dinero, pues hay que hacerlo a un lado e imponer y establecer, pautas de conducta, consumo, trabajo, valores, que si lo generen. El acto de conocer no sólo implica la percepción, también el resguardo que la memoria hace de lugares de la niñez, de formas de expresión que escuchábamos de los adultos, y así una lista larga de vivencias que a su vez, contiene elementos culturales del lugar que habitamos. Cada comunidad es depositaria de una gastronomía, de un modo de decir, de flores, árboles, animalitos, lenguaje corporal; ¿vale perder todo eso por un crecimiento globalizado para unos pocos? Sí queremos un Tabasco poderoso y desarrollado, pero también queremos que todos sean incluidos, y que no olvidemos quienes somos, qué tenemos, y cómo vivimos. La ciudad, la ranchería, los poblados, colonias, barrios, vecindades, caminos vecinales, todos en su conjunto definen lo que somos, porque construimos esos espacios. Entonces, será importante que nos escuchemos de nuevo, pero sobre todo, que participemos.  

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