La Verdad en la cultura
Gabo, el amor y mis demonios
Ulises Rodríguez Guzmán
Abren el libro una dedicatoria: “Para Carmen Balcells bañada en lágrimas”; y un epígrafe de Tomás de Aquino seguido por una breve nota refiriéndose al trabajo de reportero que dio pie a la novela que el lector tiene entre sus manos, escrita por el mismo autor, Gabriel García Márquez (1927-2014). Del amor y otros demonios. Esta fue la primera novela que por casualidad cayó en mis manos y que desde las primeras líneas me hicieron soñar una realidad mágica que seguí a lo largo de las demás obras de este colombiano universal.
De esa novela que descubre un mundo maravilloso uno parte a la aventura literaria y la vida no alcanza, y los ojos se cansan pero la imaginación, como los cabellos de Sierva María de Todos los Ángeles crecerá a través de las generaciones de todos los Aurelianos y las Úrsulas que poblarán este jardín mientras el calentamiento global y la rabia del ser humano lo permitan.
En Una vida, la biografía quizá más completa y avalada por el Nobel colombiano para que Geralad Martin la llevara a cabo, encontramos algunos secretos de cómo fueron gestados algunos de los libros más reconocidos del “Gabo”, como le llamaban sus amigos y tal vez sus infinitos lectores, es una lectura amena sobre uno de los escritores más inolvidables comparado con otro grande, don Miguel de Cervantes Saavedra.
En su tierra natal, en México y en otros países se han llevado a cabo homenajes, discursos póstumos así como maratones de lectura para recordar y honrar la memoria de García Márquez. No hay mejor homenaje para un escritor que sus libros sean leídos.
Así como los veintidós metros con once centímetros que medían los cabellos de Sierva María después de varios siglos de muerta, las palabras que nos hereda el creador de Macondo seguirán contando nuestra propia crónica con algo más válido que la fantasía: su imaginación. En Los Funerales de la Mamá Grande no recuerdo flores amarillas; sí hubo cenizas en el caso de la Cándida Eréndira; feria, baile y tragos en la boda de Ángela Vicario y la muerte fatal de Santiago Nassar. En cuanto a Gabito, hay tristeza por su muerte, pero alegría porque lo conocimos y podemos conversar con él cuantas veces queramos al acercarnos a sus libros y sus páginas infinitas. Es decir, Gabito seguirá creciendo y alcanzará una estatura mayor a la de aquel viejo extraño con alas de ángel y siempre habrá más de un lector en cada una de las ciudades de este mundo.
Leer y releer a García Márquez como una manda, como una promesa que nos lleve no a la resurrección sino a la salvación terrena; así no moriremos de hambre si nos muerde un perro con un lucero en la frente; así ahuyentaremos a los gallinazos que nos rondan en las pesadillas o el insomnio; así odiaremos menos y seremos un poco más humanos.
Del amor y otros demonios me llevó a conocer Cartagena de Indias. Ahí fue donde Gabriel García Márquez dejó de ser para mí un desconocido y me descubrió el color de Valledupar en el ritmo de su música; y Aracataca como la agreste y triste Comala, es una referencia geográfica donde se puede conversar con los muertos que deambulan por las calles o compartir su silencio. Nuestros amores y demonios.
Vi unos gallinazos revolotear aquella madrugada del eclipse lunar, como la tapa azul del volumen de doscientas un páginas que me tomó por asalto en los estantes de una antigua y desaparecida librería. Leo: ”En la tercera hornacina del altar mayor, del lado del Evangelio, allí estaba la noticia. La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la pincha, y una cabellera viva de un color de cobre intenso se derramó fuera de la cripta…” Vi y veo aquella primera lectura que para mí fue la puerta de los sueños en la primavera del 95 del siglo pasado. Vi y seguiré viendo la sonrisa de ese viejo alegre y bonachón de la contraportada: Gabriel García Márquez.