Y se hicieron bolas para siempre
por Uriel Tufiño @UTufigno
Muchos cuentos inician con un “había una vez” y concluyen con un “y fueron felices para siempre”. Son fórmulas casi sacramentales del cuentista que, de esta manera, se ahorra el esfuerzo de buscar una idea novedosa en la apertura o en el cierre del cuento. Tito Monterroso es una notable excepción cuando toda una historia la expone y sintetiza así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. ¿El protagonista huía del dinosaurio?, ¿era un sueño? Es un gran ejercicio para la imaginación, como deben ser todos los cuentos. Pero sin duda uno de los mejores cuentos –que aún no termina de ser contado- es el que vivió Carlos Salinas hace 20 años.
El año de 1994 fue un duro despertar para el régimen que construyó una imagen tan pretenciosa como falsa. Fueron varios hechos los que marcaron el fin formal del salinismo, pero el asesinato de Colosio es el que más debió calar en el ánimo de los miembros del partido tricolor. Aunque, visto a la distancia, tal pareciera que ellos mismos parecen echarle más tierra a la tumba de su fallido candidato presidencial. No soy de los que piensan –quizá de buena fe, pero ingenuamente- que con Colosio las cosas hubieran sido diferentes, ni tampoco le compro el famoso discurso del 6 de marzo. Si a un hombre se le conoce por sus actos, no veo en el historial de Colosio episodios que reflejen a un hombre de Estado o a un personaje comprometido con las causas sociales. Por algo fue el preferido por Salinas; por algo fue sometido a una especie de entrenamiento intensivo durante el tiempo que su mentor ocupó Los Pinos.
Si alguien se sintió engañado por Salinas fue porque no quiso ver lo que éste hilaba noche tras noche. El día que el político traicionado supo por quien se inclinaría la balanza, seguramente cayó en delirio. ¿En verdad no lo esperaba? La designación de un “comisionado especial” (¿no les suena la palabrita?) para Chiapas ante el levantamiento zapatista, sólo contribuyó a revolver el de por sí convulso clima electoral que se vivía en ese momento.
La rumorología cobró tintes exponenciales y lo que menos se decía era que “el comisionado había creado el movimiento armado para tirar la candidatura de Colosio”. Cierto o falso, la realidad mostraba mayor presencia en medios de comunicación del comisionado que del candidato; las primeras planas dejaron de transmitir las palabras de Colosio, si es que acaso tenía algo que decir. Y entonces llegó la filosófica expresión de la voz de Carlos Salinas: -No se hagan bolas. Pero como la tradición dicta que el mensaje político debe entenderse al revés, los medios oficialistas y los tricolores se confundieron aún más. La estrategia informativa diseñada desde Los Pinos procuró encaminar por rumbos diferentes los pasos del comisionado y los del candidato, pero la propia naturaleza del alzamiento zapatista le restaba importancia a lo que ocurría en las campañas presidenciales. Además, ninguno de los candidatos tenía el poder mediático que tenía el aparente líder guerrillero.
Reporteros venidos de todos los continentes esperaban pacientemente poder captar una palabra o una imagen del hombre de la pipa y el pasamontañas. No dudaría en afirmar que más de un periodista se fue de México sin saber que en ese mismo momento había campañas presidenciales. No se vislumbraba ningún evento que pudiera catapultar a Colosio al centro de la noticia. ¿Suena aventurado decir que tal vez deseó su muerte para cobrar vida? El 23 de marzo de 1994 marcó el final de la candidatura de Colosio, una candidatura que nunca prendió; en cambio, lo que sí prendió de manera inmediata fueron las especulaciones sobre lo que realmente había ocurrido en Lomas Taurinas, de las cuales la mayoría de ellas apuntaban a la cabeza del Poder Ejecutivo como el autor intelectual.
El hecho incuestionable es que Manlio Fabio Beltrones, en ese momento gobernador de Sonora, fue uno de los primeros en hacerse presente en Tijuana e incluso –según se afirma- tuvo la oportunidad de interrogar a Mario Aburto. 20 años después, el líder de los diputados tricolores sostiene que -desde el inicio- hubo errores en la investigación del asesinato de Colosio. Para empezar, su presencia.