¿Ya atrasó su reloj?
@UTufigno
¿Qué tan lejanos les parecen los años de 1968 y 1971? ¿Mucho? ¿Y qué tan lejanos ven los años de 1995, 1997 y 1998? Para poner una referencia, un joven nacido en 1995 hoy tiene 19 años de edad y, si es de los afortunados, cursa el primer o segundo año de una carrera universitaria; en cambio, un joven con edad acumulada que haya nacido en 1968, en este momento cuenta con 46 años y no le falta mucho para ser abuelo, si no es que ya carga en sus brazos a sus nietos.
Ambos pertenecen a dos generaciones distintas pero guardan un elemento común: los años próximos a su nacimiento están marcados por crímenes de estado en contra de estudiantes y de la sociedad civil. Los hechos ocurridos en 1968 y en 1971 son de sobra conocidos, aunque no por ello merecen el olvido.
En 1995, policías del estado de Guerrero -en ese momento gobernado por Rubén Figueroa hijo- dispararon sus armas en contra de miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, en un hecho carente de justificación alguna y que no podría tenerla. Como muchos otros grupos, los campesinos tenían una serie de reivindicaciones sociales y políticas que no eran del agrado del entonces gobernador.
Como resultado de la irracional agresión, murieron 17 comuneros y una veintena más fueron heridos por impactos de bala. Las autoridades, como debe ser, negaron cualquier intencionalidad en el ataque, pero un reportaje periodístico evidenció que no fue así y Rubén Figueroa se vio forzado a renunciar para dejar un digno heredero de su estirpe en la persona de Ángel Aguirre.
En 1997, en el convulsionado estado de Chiapas, un grupo de paramilitares apoyado desde las alcantarillas por los gobiernos federal y estatal masacró a 45 indígenas –incluidos niños y mujeres embarazadas- de una organización denominada “Las abejas”.
Este caso se pretendió cubrir bajo el falaz argumento de un “conflicto étnico”, lo que no convenció a los defensores independientes de derechos humanos; posteriormente, en 2001, algunos demandantes no identificados plenamente pretendieron llevar a juicio a Ernesto Zedillo ante una Corte de Estados Unidos, quien se salvó de los graves cargos por el grave cargo de conciencia que para ese momento ya arrastraba Felipe Calderón: el panista –curándose en salud- apoyó que se otorgara inmunidad a Zedillo.
Junio de 1998, localidad de El Charco, estado de Guerrero. Después de tender un cerco alrededor de la escuela primaria del lugar, elementos del Ejército Mexicano abrieron fuego en contra de los indígenas que pernoctaban al interior del centro educativo, llegando al extremo de utilizar granadas de fragmentación, lo que ocasionó la muerte de 11 personas. Durante casi dos días, lo fieles custodios de la justicia impidieron que periodistas y organizaciones de derechos humanos tuvieran acceso al lugar de los hechos para así borrar las evidencias que pudieran ser adversas a la versión oficial que apuntaban a un enfrentamiento con la guerrilla. Respecto de este trágico episodio hay algunos puntos nebulosos, pero al menos hay la certeza de que la gente que se encontraba al interior de la escuela, incluidos los presuntos guerrilleros, estaba desarmada. Pero también hay otro aspecto incuestionable: al suceder la masacre el gobernador de Guerrero era Ángel Aguirre, ¿les suena familiar?
La generación de jóvenes estudiantes que hoy se expresa en las calles de las principales ciudades del país para reclamar la aparición con vida de sus homólogos de Ayotzinapa, nació en las mismas fechas en las que acontecían las matanzas descritas en los párrafos precedentes, y por ello sus justos reclamos pues el mundo feliz que se les había pintado ha perdido su maquillaje. Muy pronto se han dado cuenta que el México de la pretendida modernidad en realidad es el viejo México que conocieron sus padres y sus abuelos, que nada ha cambiado desde entonces, como no sea el uso de gel en el cabello y la existencia de mayores medios para difundir con prontitud inmediata los abusos del poder. Si Ángel Aguirre ocupó por primera vez la gubernatura como consecuencia de una matanza, acaba de dejar el cargo por un hecho igual de grave. Estamos en los años setentas. Retrasen sus relojes, por favor.