Yucatán en situación de endeudamiento: Moreno Cabrera
“Se dice en el país, que en Yucatán estamos muy en paz, y creo que en comparación a otros estados, sin duda alguna no vivimos situaciones de violencia tan crítica, dramáticas y drásticas, pero hay situaciones que están pasando desde hace varios años”.
Dice a La Verdad del Sureste, Sergio Moreno Cabrera, integrante de la asociación civil Ciencia Social Alternativa Kookay, hace unos días cuando vino a Tabasco, como representante de ese estado, en una reunión de organizaciones de derechos humanos de la región sureste, en la que participaron siete organismos de Chiapas, dos de Yucatán y cuatro de del estado sede.
Moreno Cabrera explicó que Kookay se dedica en Yucatán, a la promoción de derechos humanos y desarrollo comunitario.
No realizamos trabajo de defensa, porque carecemos de un cuerpo jurídico, más bien nuestra línea es el de la socialización, la información, la educación y acompañamiento de grupos, pero también trabajamos en la incidencia o presencia en acciones públicas o política públicas, dijo.
-De Yucatán hay poca información en relación a violaciones a derechos humanos incluso de la violencia que viven muchos estados del país ¿En realidad es uno de los estados en donde se respira paz? Se le preguntó.
Se dice que estamos muy en paz y creo que en comparación a otros estados sin duda alguna no vivimos las situaciones tan críticas, dramáticas o drásticas que hay en otros estados, pero hay cosas que están pasando desde hace varios años, responde Sergio Moreno.
En el plano económico, sobre todo en los últimos seis años, Yucatán vive una situación de endeudamiento tremendo, es ya una cosa muy descarada, eso ha agravado la situación de pobreza de la mayoría de la población e incrementado el número de programas asistenciales gubernamentales, aunque estos siempre han existido.
Tuvimos dieciocho años de administración priísta en el gobierno del estado, ahora es priísta, pero la dinámica es la misma.
Parte de ese endeudamiento ha sido para financiar programas sociales de carácter asistencial, que finalmente siguen sirviendo como pantalla electorera, afirmó.
Hay también represiones sociales, despojo de tierras ejidales, quizá no tan violentas como en otros estados, pero las hay, sobre todo en estos momentos en que se ha incrementado el desarrollo de infraestructura urbana sobre todo en Mérida para zonas habitacionales.
Hace varios años documentamos el caso de Oxkum, incluso hicimos un video que se llamó “Más ciudadanos que delincuentes”.
La reacción de los campesinos ante esos despojos no es tan violenta, porque ellos no están en esa línea, pero la forma en que se engaña a los ejidatarios -varones, sobre todo, porque ejidatarias no hay- la compra de la tierra a precios irrisorios que luego es vendida en cantidades exorbitantes.
Está sucediendo en todo lo que es el norte, en la zona rural o comisarías del municipio de Mérida, en donde el desarrollo urbano es tremendo y se compra el metro cuadrado de tierra a siete pesos y se vende a mil 200, en lugares como el Country Club.
A nivel de represión tuvimos una muy dura el 4 de julio del 2011, cuando una gran parte de la ciudadanía se opuso a la construcción del primer paso a desnivel construido en la ciudad de Mérida, arquitectos y ambientalistas comentaron que no era la mejor idea por los costos y porque implicaba tirar árboles antiquísimos y grandes.
Hubo un pronunciamiento contundente de organizaciones civiles y ciudadanos en general, en contra del paso a desnivel, por lo que ese 4 de julio muchos de ellos se colocaron frente a las máquinas para impedir que trabajaran, se ordenó a gente que los atacaran, corrió sangre, mencionó el integrante de Kookay.
Lo grave es que el movimiento se contaminó, porque la agresión la había orquestado el presidente municipal de Mérida, de extracción priísta, y entonces los panistas intervinieron para criticar al gobierno tricolor. Eso fue lamentable.
Yucatán también es un estado con un alto índice de suicidios, sostiene Moreno Cabrera, lo que significa que en ese estado no se genera una violencia armamentista, pero situaciones que seguramente tiene que ver con la falta de atención a las necesidades cotidianas de las familias y comunidades. Algo debe estar pasando, comento.
Por ejemplo la población juvenil está muy desatendida, abandonada y seguramente eso está provocando esa situación, dijo.
Hay municipios, abundó, que registran un promedio de 6 a 7 suicidios al año. Ese es muy dramático, comentó.
Es decir en Yucatán no hay una violencia armada, pero en la vida cotidiana las carencias son muchas, así como el abuso de sustancias legales e ilegales.
No estamos a nivel de muertes por el narco, pero si de consumo cotidiano, o narcomenudeo, añadió.
Dice a La Verdad del Sureste, Sergio Moreno Cabrera, integrante de la asociación civil Ciencia Social Alternativa Kookay, hace unos días cuando vino a Tabasco, como representante de ese estado, en una reunión de organizaciones de derechos humanos de la región sureste, en la que participaron siete organismos de Chiapas, dos de Yucatán y cuatro de del estado sede.
Moreno Cabrera explicó que Kookay se dedica en Yucatán, a la promoción de derechos humanos y desarrollo comunitario.
No realizamos trabajo de defensa, porque carecemos de un cuerpo jurídico, más bien nuestra línea es el de la socialización, la información, la educación y acompañamiento de grupos, pero también trabajamos en la incidencia o presencia en acciones públicas o política públicas, dijo.
-De Yucatán hay poca información en relación a violaciones a derechos humanos incluso de la violencia que viven muchos estados del país ¿En realidad es uno de los estados en donde se respira paz? Se le preguntó.
Se dice que estamos muy en paz y creo que en comparación a otros estados sin duda alguna no vivimos las situaciones tan críticas, dramáticas o drásticas que hay en otros estados, pero hay cosas que están pasando desde hace varios años, responde Sergio Moreno.
En el plano económico, sobre todo en los últimos seis años, Yucatán vive una situación de endeudamiento tremendo, es ya una cosa muy descarada, eso ha agravado la situación de pobreza de la mayoría de la población e incrementado el número de programas asistenciales gubernamentales, aunque estos siempre han existido.
Tuvimos dieciocho años de administración priísta en el gobierno del estado, ahora es priísta, pero la dinámica es la misma.
Parte de ese endeudamiento ha sido para financiar programas sociales de carácter asistencial, que finalmente siguen sirviendo como pantalla electorera, afirmó.
Hay también represiones sociales, despojo de tierras ejidales, quizá no tan violentas como en otros estados, pero las hay, sobre todo en estos momentos en que se ha incrementado el desarrollo de infraestructura urbana sobre todo en Mérida para zonas habitacionales.
Hace varios años documentamos el caso de Oxkum, incluso hicimos un video que se llamó “Más ciudadanos que delincuentes”.
La reacción de los campesinos ante esos despojos no es tan violenta, porque ellos no están en esa línea, pero la forma en que se engaña a los ejidatarios -varones, sobre todo, porque ejidatarias no hay- la compra de la tierra a precios irrisorios que luego es vendida en cantidades exorbitantes.
Está sucediendo en todo lo que es el norte, en la zona rural o comisarías del municipio de Mérida, en donde el desarrollo urbano es tremendo y se compra el metro cuadrado de tierra a siete pesos y se vende a mil 200, en lugares como el Country Club.
A nivel de represión tuvimos una muy dura el 4 de julio del 2011, cuando una gran parte de la ciudadanía se opuso a la construcción del primer paso a desnivel construido en la ciudad de Mérida, arquitectos y ambientalistas comentaron que no era la mejor idea por los costos y porque implicaba tirar árboles antiquísimos y grandes.
Hubo un pronunciamiento contundente de organizaciones civiles y ciudadanos en general, en contra del paso a desnivel, por lo que ese 4 de julio muchos de ellos se colocaron frente a las máquinas para impedir que trabajaran, se ordenó a gente que los atacaran, corrió sangre, mencionó el integrante de Kookay.
Lo grave es que el movimiento se contaminó, porque la agresión la había orquestado el presidente municipal de Mérida, de extracción priísta, y entonces los panistas intervinieron para criticar al gobierno tricolor. Eso fue lamentable.
Yucatán también es un estado con un alto índice de suicidios, sostiene Moreno Cabrera, lo que significa que en ese estado no se genera una violencia armamentista, pero situaciones que seguramente tiene que ver con la falta de atención a las necesidades cotidianas de las familias y comunidades. Algo debe estar pasando, comento.
Por ejemplo la población juvenil está muy desatendida, abandonada y seguramente eso está provocando esa situación, dijo.
Hay municipios, abundó, que registran un promedio de 6 a 7 suicidios al año. Ese es muy dramático, comentó.
Es decir en Yucatán no hay una violencia armada, pero en la vida cotidiana las carencias son muchas, así como el abuso de sustancias legales e ilegales.
No estamos a nivel de muertes por el narco, pero si de consumo cotidiano, o narcomenudeo, añadió.