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La Verdad del Sureste

Zapata dictador


Los mexicanos estamos cansados de escuchar a los políticos hablar de la tan llevada y traída democracia, de la misma receta mediática: cientos y miles de spots gubernamentales del Instituto Federal Electoral (IFE), —sobre todo en tiempos de campaña—, como el que dice: “La fortaleza de un país está en la participación de su gente”. Pero hasta ahora, es sólo una manera de hacer creer a la ciudadanía que “su voto vale, que su voto cuenta”. El pasado 4 de noviembre los ciudadanos de las delegaciones de Charco Blanco, San José de Los Olvera, Pita y La Negreta, del municipio de Corregidora, Querétaro, conocieron la otra cara de la moneda, que la elección de delegados municipales sólo fue una farsa del presidente municipal, Antonio Zapata Guerrero, para, argumentar el incumplimiento de las bases establecidas por su comisión de Regidores, designar a sus empleados como autoridades delegacionales. Particularmente, el pueblo de La Negreta fue testigo de cómo la voluntad de la gente pobre no vale, pues al momento de acudir a emitir su voto para elegir democráticamente a su próximo delegado municipal, se percató de que los señores, Óscar Guzmán, Eduardo Estrella y Alejandro Basante López, presidentes de las tres casillas y coordinadores de dicha elección, no eran simples ciudadanos, sino empleados de la Dirección Jurídica de la presidencia municipal, quienes en complicidad con el entonces delegado José Martínez y su sobrino, Ausencio Lira Martínez, alias “El Chen”, también candidato a delegado, ebrios, cumplieron la orden de Zapata: “reventar” la elección.


Desde el momento en que instalaron las casillas buscaban un pretexto para cancelar la elección. A pesar de que los mencionados empleados municipales decidieron que la votación se hiciera en la ofi cina del delegado y no en un lugar público, argumentando falta de espacio, y que sólo se permitiera la presencia de uno de los tres representantes de casillas de los contendientes, de que a los electores de la sección 103 no se les permitió votar aun cuando viven en el centro del pueblo, de que no se permitió la intervención del Instituto Electoral de Querétaro (IEQ) y de que los empleados de la presidencia que fungían como presidentes de casillas continuamente salían a reunirse en la comandancia de policía, la decisión de la gente era votar en favor de su candidata, la maestra Cristina Rosas Illescas, porque sabía que votar por ella era votar por el cambio y el progreso de La Negreta. Por eso, al verse aplastados por la voluntad popular, el delegado y su sobrino, Ausencio Lira, candidato a delegado, en estado de ebriedad, se presentaron a escandalizar; situación planeada y esperada por los funcionarios de casillas para suspender la elección alegando “falta de condiciones”, para posteriormente robarse las urnas con una veintena de policías armados. ¿Por qué no se les dio la orden de llevarse al par de borrachos en lugar de las urnas? ¿Pero… quién le va a poner un alto a este trastornado con poder? Él pone las reglas y él mismo se califi ca y no se ve que haya autoridades que les interese poner orden.

No hay duda, el pueblo ha venido aprendiendo política y esta es una lección muy importante con la que ha confi rmado que a los políticos de todos los partidos no les interesa y mucho menos les conviene que el pueblo pobre elija libremente a sus autoridades, que despierte, se organice y exija mejorar sus condiciones de vida, y ha confi rmado que el único capaz de someter al orden a Zapata y hacer que se respete su derecho constitucional de elegir a sus representantes y a sus autoridades, es el pueblo mismo. Llegó la hora de la gente, del progreso y del desarrollo para todo Corregidora.   

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