“EL ARCA” LAS MANCHAS NEGRAS DE LA HISTORIA
La Cultura como conquista humana es el crecimiento interior del individuo, su maduración progresiva es crisol de valores, organización social que humaniza al hombre y a la sociedad. En la cultura avanza y crece la libertad personal y el progreso de los pueblos porque se recrea la solidaridad, la socialización y la asimilación de los derechos universales.
Lo contrario es anticultura, las manchas negras de la historia, las vergüenzas de la memoria, hechos luctuosos regresivos que se oponen a todo hecho humanizante. La anticultura destruye la fábrica de miel de la cultura que produce la colmena humana con esfuerzo y aportaciones, siempre en sentido ascendente.
Aquí en Tabasco durante 83 años desde el poder se fomentó la anticultura de la corrupción y ello nos llevó al menoscabo del edén de los valores que cada tabasqueño lleva dentro. La anticultura de la corrupción es la que ha impedido el progreso y el bienestar, contribuyendo además a fomentar la descomposición social que impera en el país. Propició también el nacimiento de zonas socialmente marginadas que antes no existían. La anticultura de la corrupción alimentó y engordó a los ricos y a los que no tenía nada antes de su arribo al poder los hizo inmensamente ricos, en contraste con el grueso de la población que cada vez padece más hambre.
Dijimos antes que la corrupción ha afectado e infectado a los tabasqueños a grado tal que fue aceptada como un mal necesario. Siempre la ha habido y se llegó a considerar como algo normal. Se auto limitaba con discrecionalidad sin caer en el abuso excesivo. Por no ser corrupto se llegó, inclusive, a condenar la “pobreza inexplicable” del ex gobernador Manuel R. Mora Martínez.
El gobierno de la alternancia encontró la incultura de la corrupción fosilizada en todos los aparatos de la administración pública y a medida que se escarba se descubren más fósiles de esa naturaleza.
Combatirla y erradicarla del aparato gubernamental es otro de los grandes retos que ha asumido el gobernador Arturo Núñez Jiménez y que invariablemente cumplirá.
La corrupción debemos entenderla no solo como la acción de robarse los dineros del pueblo o de hacer negocios al amparo del poder. Deficiencia, omisión y desorganización administrativa también lo son.
Merced a la corrupción fue que Núñez Jiménez no solo encontró las arcas del estado vacías, sino una administración deficiente y desorganizada. Hubo que empezar de cero. Eso lo sabemos todos los tabasqueños.
Por eso resulta falaz que personajes representativos de esos resquicios del nefasto poder que lo antecedió, pretendan a escasos cien días de gobierno denostar la administración nuñista, arguyendo la ausencia de obras y un montón de cosas que no se han podido materializar en ese lapso, precisamente por las condiciones desastrosas en que sus poderdantes dejaron a la entidad con las arcas vacías. Los tabasqueños sabemos de sobra que Arturo Núñez Jiménez como persona y como cabeza de gobierno es eficiente y honesto; pero no hace milagros.
Empero, con la participación de todos habrá de desterrar esa incultura de la corrupción que hoy nos agobia, para que en el corto plazo que todos anhelamos, los tabasqueños podamos recuperar la alegría y la certidumbre de ver los avances de un gobierno diferente porque es honesto, eficiente, organizado. creativo y productivo.
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