ASALTO A MANO ARMADA POR UNA PISTOLA QUE DISPARA GASOLINA.
Ciudad del Carmen, Campeche, a 16 de abril de 2019. Cuando el presidente López Obrador se atrevió a señalar a los empresarios dueños de gasolineras de vender combustible a un elevado precio al público como consecuencia de la manipulación (al alza) de sus márgenes de utilidad, de inmediato se hizo presente el sobresalto de la reacción, quienes en defensa de la libertad del mercado de determinar los precios para los productos o servicios que ofrece, condenaron el atrevimiento verbal del titular del ejecutivo.
Pero el reclamo presidencial es justo. Imagina el siguiente escenario: el Gobierno de la República, vía Secretaría de Hacienda, ordena aumentar el estímulo fiscal a los combustibles para disminuir en $1.50 el impuesto que pagamos por cada litro, pero resulta que en la estación de servicio que a menudo ocupas, el precio del combustible en lugar de disminuir en esa cantidad, solo ha disminuido en una fracción de la misma: $1.00, quizá solo 50 centavos, incluso menos. Ahora considera que de los componentes que determinan el precio de las gasolinas (a saber: costos de producción, costos de logística, impuestos diversos y la utilidad para el empresario gasolinero) los costos de producción y de logística permanecen prácticamente invariables. Como los impuestos han disminuido, solo resta una opción que explica la disparidad entre esa disminución y el precio final al público de las gasolinas: el aumento de los márgenes de utilidad. Es decir, que el sacrificio fiscal del gobierno para el abaratamiento de las gasolinas, resulta capturado por el empresario gasolinero para convertirse en ganancias en nombre de la libertad que le ofrece el mercado.
¿Cómo entonces puede el empresario gasolinero aumentar sus precios de forma sensible, sin que naturalmente el mercado, por la vía de la competencia, termine por arruinarlo u obligarlo nuevamente a bajar sus costos? La respuesta está en las Prácticas Monopólicas.
Así como la diplomacia es la herramienta mediante la cual las naciones pueden dirimir sus diferencias y conflictos de forma pacífica por la vía de la negociación para la consecución de sus intereses, también existe una especie de diplomacia entre participantes del sector privado, quienes agrupados en gremios, como la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (AMEGAS), por citar un ejemplo, tienen la facilidad para tomar acuerdos racionales, que les permitan preservar sus intereses de grupo. Uno de estos acuerdos puede ser el aumento coordinado de los precios de un servicio o producto, en este caso el de la gasolina, minimizando la amenaza de la competencia para maximizar las ganancias, en detrimento del consumidor. Lo anterior ejemplifica una Práctica Monopólica Absoluta, las cuales son violatorias de la Ley Federal de Competencia Económica.
Resulta fácil concluir que quienes durante décadas han sido capaces de vendernos de forma indiscriminada litros incompletos y hasta gasolina robada, a ciudadanos de todas las ideologías políticas, logren también acuerdos para la manipulación del mercado; situación a la que una presidencia interesada en el bien público, hace bien en reaccionar.
Bien lo establece el padre del liberalismo económico, Adam Smith, en su obra La Riqueza de las Naciones: no es lo mismo el capitalismo, que el capitalista.
Twitter: @MartinezBriceno