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La Verdad del Sureste

LA BARRENA


LA BARRENA

“¿Ahogar a Pemex?”, se pregunta Jesús Reyes Heroles, exdirector de Pemex.
Aumenta carga fiscal para Pemex y se van a pique sus ingresos

Las hojas de balance de Petróleos Mexicanos (Pemex) lucieron más desmejoradas en enero de 2015, según los datos más recientes de la empresa. Más “ajadas” con relación a sus resultados de 2014. Y se exhibirán aún más “secas” en el transcurso del año actual, una vez que manifiesten con plenitud los efectos de la “poda” presupuestaria a la que ha sido sometida a finales de febrero debido al desplome del volumen del petróleo de exportación y de sus precios.
    No sólo están “marchitas” sus hojas financieras y operativas. Además, Pemex desprende el “aroma” de un organismo en quiebra técnica.
    A esa conclusión han llegado incluso, hace tiempo, antes o después de ocupar un puesto público en el sector energético, algunos corresponsables de la deplorable situación de Pemex.
    Ernesto Marcos Giacoman, exdirector corporativo de Finanzas de Pemex durante el salinismo (1989-1994), sexenio en el que el desmantelamiento de la empresa se convierte en un proyecto definido, de acuerdo con las reformas estructurales neoliberales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, señala, en noviembre de 2006: “Pemex está técnicamente quebrado. Sus pasivos alcanzaron a fines del año pasado más de 100 mil millones de dólares –1 billón 160 mil millones de pesos– y superan al total de sus activos. Aplicando principios de contabilidad generalmente aceptados a nivel internacional, esta situación de quiebra técnica prevalece desde finales de 2002”
    “Con el precio del petróleo en 60 dólares por barril, fuimos capaces de quebrar a Pemex”
    ¿Cómo se llegó a esa situación?
    Marcos Giacoman opina que “con [la] política fiscal confiscatoria [que ha] comprometido no sólo los recursos generados en el periodo, sino también los ingresos futuros del petróleo. En los próximos 6 años tendremos que asignar al pago de la deuda de Pidiregas [proyectos de impacto diferido en el registro del gasto], al menos 30 mil millones de dólares, [y] frente a otros pasivos de los organismos públicos del sector energético que crecieron también a niveles críticos, fundamentalmente los pasivos laborales.
    “La fórmula fiscal aplicada a Pemex durante décadas, que capturaba más de 60 por ciento de sus ingresos brutos, provocó serias distorsiones: a) una carga excesiva superior a sus rendimientos antes de impuestos, que obligaron al organismo a endeudarse para pagar impuestos y a perder su patrimonio; b) doble tributación en la venta de petrolíferos, que Pemex ha mantenido para cumplir con su obligación de suministro del mercado nacional; c) pérdidas anticipadas en la mayoría de los proyectos nuevos; d) incentivos perversos en la asignación interna de recursos.
    “Pemex fue concebido para administrar los recursos de hidrocarburos almacenados en el subsuelo y para abastecer, de manera eficiente y competitiva, los combustibles y las materias primas básicas que requiere el desarrollo sustentable del país. No sólo las necesidades actuales, sino también las de las generaciones futuras.”
    Sin embargo, concluye Marcos Giacoman, “hoy parece que su única función es el sostenimiento de las finanzas públicas”.
    En 2012, María de Lourdes Melgar, escribió: a pesar de ser una de las compañías petroleras más importantes del mundo, “Pemex está técnicamente en quiebra”, reduciendo drásticamente las posibilidades de crecimiento y de inversión para la innovación.
    La explicación de la quiebra de Pemex es sencilla para Lourdes Melgar: en lugar de basarse en los impuestos, el sector público depende de la extracción de los ingresos procedentes de la producción y las ventas de petróleo, que equivalen al 70 por ciento de los ingresos de la exparaestatal.
    Desde febrero de 2014, la señora Melgar ocupa el puesto de subsecretaria de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía. En lugar de contribuir a la restauración financiera del Pemex quebrado, se ha sumado a su desmantelamiento y extranjerización. Parte de su encomienda es tratar de convencer a los capitalistas locales y foráneos que hagan negocios privados con los activos energéticos públicos. Business is business. Algo sabe al respecto. Ella fue fundadora y directora del Centro de Sostenibilidad y Negocios de la Escuela de Graduados en Administración y Dirección de Empresas Business School México, del Tecnológico de Monterrey.
    Al cabo, es más fácil terminar de fragmentar a Pemex y subastar sus partes, al margen de sombras existentes sobre las concesiones y sus precios, que subsanar su quiebra técnica, o instrumentar una reforma fiscal que elimine la “petrodependencia” del Estado y sus ingresos dependan fundamentalmente de las mayores cargas impositiva a las grandes empresas y las personas físicas de altos ingresos, además de reducir o eliminar las puertas a la elusión y la evasión de sus contribuciones. Después de todo, esto último podría desalentar a los futuros inversionistas en el sector energético.
    Quizá porque se suponga que con el nuevo régimen fiscal que le concede la reforma energética, la quiebra técnica de Pemex se convertirá en una anécdota histórica.
    Según el secretario Luis Videgaray, con la reducción de la carga fiscal aprobada se abatirá la tasa de utilidad neta que le entrega a la hacienda pública, de 71.5 a 65 por ciento, en un lapso de 5 años. Entre 2006 y 2012 había llegado hasta 90 por ciento. Así, Pemex tendrá una “reducción histórica” en el monto de derechos que paga, estimado en alrededor de “90 mil millones de pesos anuales”. Además, sus presupuestos anuales ya no serán aprobados por Hacienda, pues será una empresa “autónoma” y ella misma definiría sus prioridades.
    Asimismo, el gobierno federal podría absorber una parte de su pasivo de jubilaciones y pensiones, siempre y cuando los trabajadores acepten la privatización de sus fondos de pensión. Ello liberaría recursos adicionales para Pemex, los cuales se destinarían hacia la inversión productiva.
    Esos y otros pasivos habían llevado a declarar a Luis Ramírez Corzo, exdirector de Pemex (2006-2009), en abril de 2005: “Nos tienen al borde de la quiebra, literalmente”.
    ¿Está garantizada la menor carga fiscal señalada por Luis Videgaray? No. Eso dependerá del azar.
    La “histórica reducción” en los derechos que pagará Pemex (un derecho de 65 por ciento sobre el valor de los hidrocarburos menos las deducciones permitidas: otro sobre extracción y uno más sobre la exploración de hidrocarburos) tiene una condición básica: que los petroimpuestos que deje de recibir el Estado sean compensados por los generados por nuevas empresas privadas que participarán en la industria petrolera, o por otras actividades de la exparaestatal (producción de petrolíferos, petroquímicos y demás), cuya actividad estará acotada por la competencia empresarial y la concentración de la inversión en la exploración y la explotación. También por la dinámica de las ventas de la empresa (volumen, precios, costos productivos y financieros de los bienes vendidos interna y externamente).
    En caso contrario, “está la alternativa del cobro de un dividendo a Pemex y CFE”, según Miguel Messmacher, subsecretario de Ingresos de Hacienda, que empezará a pagar en 2016, entre otras medidas. Los primeros ingresos deberían ser proporcionados por los derechos cobrados a ganadores de las licitaciones en la Ronda 1.
    ¿Cuál será la tasa de los dividendos?
    Su “base [dependerá de] la situación financiera de Pemex, sus planes de inversión y financiamiento”, dijo Messmacher.
    Si es frágil, surgirá un dilema: ¿se compartirán los costos entre Pemex y la hacienda, y con la “solidaridad” de los nuevos jugadores? ¿O se sacrificará a Pemex para salvar al Estado?
    Este año quedó clara la respuesta.

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