Breve repaso a la historia de Tabasco/III

La lucha en Tabasco de José María Jiménez Garrido por la Independencia

Imagen del 10 de octubre de 1988, de Andrés Manuel López Obrador, en el ejido Pejelagartero, en el municipio Huimanguillo.

De acuerdo a Andrés Manuel López Obrador, en su libro Los primeros pasos, Tabasco, 1810-1867, cuando estalló el movimiento de Independencia de la Nueva España (México) con el grito de Dolores en 1810 contra el imperio español, aquí en este territorio únicamente había dos personas “ilustres”.
     Una era Lorenzo Santamaría, nacido en Tacotalpa y en esos días único licenciado en derecho de Tabasco. Su título lo había obtenido en Mérida, Yucatán.
     El otro era José Eduardo de Cárdenas y Romero, originario de Cunduacán, quien en sus primeros años aspiró a convertirse en militar, aunque terminó por desarrollar una exitosa carrera como teólogo, político y humanista.
     Dos de sus acciones más conocidas son haber donado su rancho “Los Naranjos” para que se iniciara la construcción de lo que hoy es Cárdenas, y gestionar ante la Alcaldía Mayor que se le diera el título de ciudad, lo que sucedió en abril de 1797.
     La otra fue cuando siendo diputado provincial ante las Cortes de Cádiz, en 1811, denunció el abandono en que las autoridades españolas tenían al territorio, en un documento conocido como “Memoria en favor de la Provincia de Tabasco”, y en el cual, además, proponía la educación gratuita para todos, incluyendo los indios, la organización de los productores en sociedades agrícolas, la libertad de comercio y la división de poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
     Seguramente había leído al francés Montesquieu, articulador de la teoría de la separación de poderes, quien murió en 1755, diez años antes de que José de Eduardo de Cárdenas naciera, en 1765.
     Sin embargo, ni José  Eduardo de Cárdenas ni Santamaría se atrevieron a abanderar algún movimiento de Independencia contra el gobierno español.
     Incluso, entre 1800 y 1820 Santamaría desempeñó cargos importantes en la administración colonial, como subinspector provincial de tropas, subdelegado de la Real Hacienda y en tres ocasiones, por breves periodos, fue gobernador interino.
     Fue el único tabasqueño que en la época colonial, bajo el mando de las autoridades españolas, ocupó el máximo cargo estatal.
     Por su parte, José Eduardo de Cárdenas y Romero, pese a sus denuncias y visos de rebeldía, se autodefinía como “español-tabasqueño”, y buscaba que los problemas y las injusticias que había en la provincia se resolvieran por la vía pacifica, sin agitar de más el orden establecido.
     En aquel tiempo, aparte de estar sometido a las autoridades españolas, Tabasco dependía de la capitanía general de Yucatán.
 
Hablemos de José
María Jiménez Garrido.
 
José María Jiménez Garrido nació en Villahermosa de San Juan Bautista, y se tienen registros de que fue uno de los pocos tabasqueños que encabezaron en Tabasco un movimiento de Independencia contra la dominación española. Lo hizo en 1814, cuatro años después del grito de liberación proclamado por Hidalgo.
     Sin embargo, el movimiento libertador de Jiménez Garrido fue descubierto, y el patriota fue encarcelado por las autoridades españolas que encabezaba el gobernador Francisco Heredia Vergara. Era una época en la que Tabasco permanecía incomunicado del resto del país, y la gran mayoría de la gente no sabía que tenía derecho a buscar su libertad y un mejor nivel de vida. El ser esclavo o vivir sometido era hasta cierto grado considerado normal.
     Después de algunos años en la cárcel, Jiménez Garrido salió de prisión y siguió trabajando en la organización de su movimiento, a través de reuniones clandestinas.
     Y  después, en 1821, José María Jiménez Garrido tuvo el valor de hacer pública su postura a favor de la Independencia de Tabasco y de México (en ese entonces Nueva España) contra la dominación española.
     Recurro de nuevo al libro Los primeros pasos, Tabasco, 1810-1867, de López Obrador, donde en la pagina 22 relata que el 30 de junio de 1821, aparece por primera vez en Tabasco una proclama en favor de la Independencia Nacional. Este histórico documento lo suscribió el subteniente José María Jiménez Garrido, con valentía patriótica.
     “Estoy resuelto a derramar la última gota de sangre en obsequio de encender en el corazón de mis hijos el fuego del deseo de la Independencia” de México (en ese entonces Nueva España), afirmó Jiménez Garrido en su proclama.
     Esta voluntad  de acaudillar en Tabasco el movimiento independentista, sucumbió con el segundo encarcelamiento de Jiménez Garrido, junto con su hijo José Víctor Jiménez Falcón. No obstante, había quedado para la historia un gesto excepcional para honra del pueblo de Tabasco, señala López Obrador en ese título.
     Tras su detención, Jiménez Garrido, su hijo y simpatizantes fueron enviados por el último gobernador colonial de Tabasco, Ángel del Toro, a la prisión de San Juan de Ulúa, en el puerto de Veracruz, donde pocos días después fueron liberados, ante la inminente llegada de la consumación de la Independencia de México.
     Tras la firma de los Tratados de Córdova, que reconocían la Independencia de México, Antonio López de Santa Anna designó al general Juan Nepomuceno Fernández Mantecón para proclamar en Tabasco el triunfo del movimiento, algo que hizo el 7 de septiembre de 1821 tras librar algunas batallas contra los realistas.
     En Tabasco la Independencia fue proclamada días antes que se hiciera en el centro.
     Actualmente, sin embargo, no hay siquiera –creo- un monumento, una escuela o una calle para honrar la memoria de Jiménez Garrido. Apenas y su nombre se pierde entre los cientos que están inscritos en un muro, arriba del parque La Corregidora, cerca de la famosa Plaza Bicentenario.
     Otro que se alzó contra la dominación española fue Atanasio de la Cruz, en Huimanguillo, en 1816, movimiento que también fue controlado por las autoridades coloniales.
     Ya en la era del México independiente, Tabasco se separó políticamente de Yucatán para convertirse en un estado libre y soberano dentro de los Estados Unidos Mexicanos, aunque con el tiempo llegarían algunas turbulencias.
     Jiménez Garrido siguió activo en la vida política del estado, y el 12 de junio de 1824 formó parte del grupo de tabasqueños que apresó al comandante militar general José Antonio Rincón, quien había entrado en pugna con el gobernador Agustín Ruiz de la Peña, al que siempre trató de rebasar.
     En noviembre de ese año, fue el jefe de la guarnición tabasqueña en Escobas, en la lucha contra las intenciones del gobierno federal de imponer como comandante general a Francisco Hernández. Finalmente vencieron las fuerzas federales.

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