CERO TOLERANCIA CON LOS CHOFERES DEL SERVICIO PÚBLICO
Sin duda, existen choferes del servicio público que son serviciales, honrados y honestos, pero la gran mayoría de ellos son una fauna nociva para los usuarios, quienes catalogan a conductores de taxi, combis y pochimóviles como lo peor de Tabasco.
Y ese calificativo no es con poca razón, pues en esas unidades se han cometido insultos, asaltos, secuestros, violaciones, homicidios y hasta traslado de indocumentados y droga.
Basta revisar los archivos de la Fiscalía General del Estado (FGE), para encontrar datos de múltiples delitos cometidos en esos ataúdes rodantes. Por tanto, el juicio emitido por los usuarios no es exagerado.
De ello, las Secretaría de Movilidad, y la Dirección de Control de Tránsito y Vialidad, ya tienen información de sobra y a la par del aumento de las tarifas en todas las movilidades de transporte público, empezaron a “jalar riendas” en las uniones y aplicar operativos para proteger la integridad de los usuarios.
Y es que se quiere evitar que los choferes sigan cometiendo las múltiples ilegalidades a las que estaban acostumbrados, poniendo con ello en riesgo la vida de estudiantes, trabajadores, amas de casa.
Sin embargo, hay algunos renuentes que aún se niegan a entrar en orden y siguen haciendo de las suyas porque creen que con una “mordida” se zafarán de ser sancionados, pero aguas, porque ya las autoridades tienen “ojos” y “oídos” desplegados para acabar con la corrupción que sigue dando en algunos casos.
Hay instrucciones precisas del más alto nivel de que a quien se sorprenda recibiendo sobornos o intentando sobornar sea severamente sancionado e, inclusive, nunca vuelva a manejar una unidad del transporte o, en caso del funcionario, sea dado de baja inmediata.
Ello genera confianza para que los ciudadanos levanten la voz ante los abusos e injusticias por parte de conductores de taxis, combis, camiones y pochimóviles. Lo que se espera de las autoridades es buena respuesta y poca burocracia.
La política de “cero tolerancia” ya está siendo aplicada en la administración pública estatal por instrucciones precisas del gobernador Adán Augusto López Hernández, por lo que muchos prestadores de servicio, pero también funcionarios, deben poner sus barbas a remojar. Sobre aviso no hay engaño.
Por lo pronto, en el Congreso del Estado los diputados deben analizar si endurecer las sanciones y hacer leyes más estrictas ayuda a las dependencias del sector. Sin duda, aplicar correctivos ejemplares, sin excusa ni pretexto, pero sobre todo sin tolerancia, es un buen mensaje para los que andan “chuecos”.
Por ello, tienen que hacerse continuos exámenes antidoping a los choferes porque buena parte de ellos maneja bajo los influjos del alcohol o enervantes; efectuar operativos permanentes de revisión y evaluar constantemente la labor de los conductores.
Todo ello para evitar accidentes, prevenir la comisión de hechos delictivos en las unidades y tener un diagnóstico real desde la perspectiva de los ciudadanos, a fin de corregir lo que está mal.
Ya basta de que los ciudadanos estén expuestos a insultos, asaltos, violaciones, secuestros u homicidios; ya basta de que los choferes vayan a la velocidad que quieren sin hacer caso de quienes le piden prudencia al manejar, de que insulten si se les insiste o de plano te bajen de la unidad “por sus calzones”, de que se estacionen en doble fila, de que bajen pasajeros a media calle, de que no prendan el clima, de que abusen en el cobro, de que le falten el respeto a cualquier dama, de que traigan la música estridente. Ya basta de ser “blandos” con ellos; esa fue la instrucción.
Y ese calificativo no es con poca razón, pues en esas unidades se han cometido insultos, asaltos, secuestros, violaciones, homicidios y hasta traslado de indocumentados y droga.
Basta revisar los archivos de la Fiscalía General del Estado (FGE), para encontrar datos de múltiples delitos cometidos en esos ataúdes rodantes. Por tanto, el juicio emitido por los usuarios no es exagerado.
De ello, las Secretaría de Movilidad, y la Dirección de Control de Tránsito y Vialidad, ya tienen información de sobra y a la par del aumento de las tarifas en todas las movilidades de transporte público, empezaron a “jalar riendas” en las uniones y aplicar operativos para proteger la integridad de los usuarios.
Y es que se quiere evitar que los choferes sigan cometiendo las múltiples ilegalidades a las que estaban acostumbrados, poniendo con ello en riesgo la vida de estudiantes, trabajadores, amas de casa.
Sin embargo, hay algunos renuentes que aún se niegan a entrar en orden y siguen haciendo de las suyas porque creen que con una “mordida” se zafarán de ser sancionados, pero aguas, porque ya las autoridades tienen “ojos” y “oídos” desplegados para acabar con la corrupción que sigue dando en algunos casos.
Hay instrucciones precisas del más alto nivel de que a quien se sorprenda recibiendo sobornos o intentando sobornar sea severamente sancionado e, inclusive, nunca vuelva a manejar una unidad del transporte o, en caso del funcionario, sea dado de baja inmediata.
Ello genera confianza para que los ciudadanos levanten la voz ante los abusos e injusticias por parte de conductores de taxis, combis, camiones y pochimóviles. Lo que se espera de las autoridades es buena respuesta y poca burocracia.
La política de “cero tolerancia” ya está siendo aplicada en la administración pública estatal por instrucciones precisas del gobernador Adán Augusto López Hernández, por lo que muchos prestadores de servicio, pero también funcionarios, deben poner sus barbas a remojar. Sobre aviso no hay engaño.
Por lo pronto, en el Congreso del Estado los diputados deben analizar si endurecer las sanciones y hacer leyes más estrictas ayuda a las dependencias del sector. Sin duda, aplicar correctivos ejemplares, sin excusa ni pretexto, pero sobre todo sin tolerancia, es un buen mensaje para los que andan “chuecos”.
Por ello, tienen que hacerse continuos exámenes antidoping a los choferes porque buena parte de ellos maneja bajo los influjos del alcohol o enervantes; efectuar operativos permanentes de revisión y evaluar constantemente la labor de los conductores.
Todo ello para evitar accidentes, prevenir la comisión de hechos delictivos en las unidades y tener un diagnóstico real desde la perspectiva de los ciudadanos, a fin de corregir lo que está mal.
Ya basta de que los ciudadanos estén expuestos a insultos, asaltos, violaciones, secuestros u homicidios; ya basta de que los choferes vayan a la velocidad que quieren sin hacer caso de quienes le piden prudencia al manejar, de que insulten si se les insiste o de plano te bajen de la unidad “por sus calzones”, de que se estacionen en doble fila, de que bajen pasajeros a media calle, de que no prendan el clima, de que abusen en el cobro, de que le falten el respeto a cualquier dama, de que traigan la música estridente. Ya basta de ser “blandos” con ellos; esa fue la instrucción.