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  • Viernes 27 de Febrero de 2026

La ciudad de Culiacán vive en el hartazgo por violencia

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La Verdad del Sureste


Ciudad de México (Sputnik).- Los habitantes de la ciudad de Culiacán, en el noroccidente de México, están hartos de una ola de violencia que, en 4 meses, ha convertido a esta urbe en un campo de batalla donde la sociedad civil se ha llevado la peor parte, con cientos de negocios cerrados, ánimos de zozobra y un toque de queda de facto, según testimonios recabados por Sputnik.
La violencia en el estado de Sinaloa, sobre todo en Culiacán, la capital, se disparó el 9 de septiembre, semanas después de la detención en Estados Unidos del narcotraficante Ismael Mayo Zambaba, quien hasta ese momento era el máximo jefe del poderoso cártel de Sinaloa, organización criminal mexicana con presencia en decenas de países de los cinco continentes, según las autoridades estadounidenses.
Washington culpa a este grupo delincuencial de liderar el tráfico ilegal de fentanilo y otras drogas hacia suelo estadounidense.
El propio Zambada ha dicho que su detención fue producto de “un engaño” y “una traición” de los hijos de su viejo colega, Joaquín Chapo Guzmán, quien durante muchos años fue el narcotraficante más buscado por la DEA.
El Gobierno de México, por su parte, manifestó su desacuerdo con la detención de Zambada, debido a que, dijo, nunca se realizó en cooperación ni bajo el conocimiento de las autoridades mexicanas.
Aparentemente, esa rencilla entre ambas cabecillas del cártel habría sido el origen de la guerra que ha enlutado a Sinaloa y sumido a Culiacán un estado de pánico y zozobra, según diversas investigaciones periodísticas realizadas en la nación latinoamericana, azotada por el narcotráfico y el crimen organizado desde hace años.
Conforme a datos del diario Noreste, que hace un recuento diario de los hechos de violencia con base en informes de la Fiscalía local y reportes periodísticos, desde el 9 de septiembre se han registrado 752 homicidios dolosos (5,6 diarios), 894 personas privadas de la libertad (6,6 diarios), 2.639 vehículos robados (19,2 diarios) y 229 personas detenidas (1,7 diarios).
“Tengo 49 años viviendo en Culiacán y jamás, jamás, había visto a la gente tan enfurecida”, dice en entrevista con Sputnik Elizabeth Ávila Carrancio, profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y exdirectora del Instituto Sinaloense de las Mujeres.
“Hay mucho dolor, mucha rabia y mucha impotencia”, comenta la también activista, quien afirmó que estas emociones, en parte, se explican por la actitud del gobernador local, Rubén Rocha Moya (del partido oficialista Morena), quien ha minimizado los hechos de violencia y negado que el estado de Sinaloa esté atravesando por una situación extraordinaria de inseguridad.
“Han tratado de que la sociedad normalice la violencia, pero han fracasado: la sociedad no ha normalizado la violencia”, señala Ávila, quien cuenta con maestría en Educación y es doctora en Ciencias del Derecho.
“Estamos hartos”, dice en entrevista con Sputnik María Torres, docente, activista y habitante de Culiacán.
“Las cosas no han hecho más que empeorar”, agrega la docente, quien sugiere que la violencia que estalló en septiembre pasado por una pugna interna del cártel de Sinaloa entre las facciones de Los Chapitos, encabezados por los hijos de Joaquín Chapo Guzmán, y Los Mayos, seguidores de Ismael Mayo Zambada. Ella cuenta que la ciudad ha llegado al extremo de que hay incendios diarios de autos o de casas de uno u otro bando.

Los niños también
fueron víctimas
En el último episodio de violencia, una familia de cinco integrantes: el padre, la madre y tres menores de edad, fueron balaceados el pasado 19 de enero mientras circulaban por el Fraccionamiento Los Ángeles, en el área conurbada de Culiacán, al noreste de la ciudad, una zona clave para controlar el acceso a la urbe desde Durango, donde son frecuentes los enfrentamientos entre grupos armados.
Hombres armados aparentemente quisieron robar el auto de la familia, pero el padre se resistió y fueron tiroteados cuando pretendían huir.
El padre y uno de los menores de edad fallecieron en el acto, y otro más murió dos días después en un hospital.
La muerte de Antonio de Jesús Sarmiento y los menores Alexander y Gael, de 12 y 9 años de edad, respectivamente, indignó a la sociedad de Culiacán.
El 23 de enero, unas 5.000 personas respondieron a la convocatoria de Manuel Aispuro, director de la escuela Sócrates, donde estudiaba Alexander, y marcharon para exigir justicia y seguridad en el estado.
“¡Con los niños no!”, “¡Narcogobernador!” y “¡Fuera Rocha!”, fueron algunas de las consignas más gritadas en la manifestación, que terminó con actos de vandalismo dentro del edificio Palacio de Gobierno, la sede del Gobierno estatal.
¿Qué han dicho las autoridades locales y federales?
Tras el asesinato de los dos niños y su padre, el Gobierno de Sinaloa anunció que las investigaciones se realizarán de manera conjunta con las corporaciones del ámbito federal, por lo cual tendría una participación activa la presidenta Claudia Sheinbaum.
“Nos genera a todos un profundo agravio y nos impulsa a realizar las acciones de investigación en torno a este abominable caso del crimen en contra de dos niños y su papá, investigación que habrá de permitir alcanzar una justicia pronta y expedita”, detalló Feliciano Castro Meléndrez, secretario general del Gobierno de Sinaloa.
“Se trata de avanzar de forma decisiva en la recuperación de la estabilidad y la paz de nuestro estado.
La investigación se hace, en relación con el caso referido, en coordinación de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana [federal] y la Fiscalía General del Estado de Sinaloa”, agregó el funcionario.
Tras reconocer que no existen palabras fáciles para hablar de un tema tan sensible, expresó la apertura del Gobierno estatal con los diferentes sectores sociales que se han movilizado en torno a este caso y señaló que la mejor manera de alcanzar resultados es trabajar unidos hacia el objetivo en común.
“La seguridad no se politiza. Respetamos a quienes ayer expresaron su indignación en la marcha y así lo haremos en las marchas que se han mencionado para los próximos días.
Al mismo tiempo, manifestamos una vez más la mejor disposición para avanzar juntos y recuperar la buena convivencia, del Gobierno del Estado les manifestamos la disposición al diálogo, invariablemente al diálogo, reconociendo la libertad de expresión y la libertad de manifestación”, indicó el funcionario.
Por su parte, la presidenta, Claudia Sheinbaum, se solidarizó con las familias de los afectados y dijo que pidió a la Secretaría de Gobernación que estuviera en contacto con ellas.
“Se hizo un refuerzo en Sinaloa hace unos días y a diario estamos revisando los resultados y avanzando, avanzando.
Y el secretario de Seguridad [Omar García Harfusch] ha estado ahí y va a seguir ahí; el secretario de la Defensa, de Marina, ahí están... Hay una coordinación y colaboración en el Gabinete de Seguridad”, afirmó Sheinbaum el 24 de enero.
“Jamás habíamos tenido una situación como esta”
La última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana ubica a Culiacán como una de las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país.
Según esta estadística, el 90,6% de los habitantes de esta urbe de poco más de un millón de habitantes considera que habitar allí es inseguro.
Se trata de la cuarta ciudad con mayor percepción de inseguridad del país, solo por debajo de Villahermosa, Tabasco; Uruapan, Michoacán, y Fresnillo, Zacatecas.
Las cifras de la ENSU reflejan cómo la ciudad se ha ido sumiendo en un estado de pánico.
En septiembre de 2024, un 55% de la población percibía a su ciudad como insegura, pero la cifra prácticamente se duplicó en cuatro meses para llegar a 90,6% de la población en diciembre del año pasado.
“Está terrible, quizá por nuestra fama de ‘narcoestado’ piensan que estamos acostumbrados, pero no, se vivía con tranquilidad pese a todo”, comenta la doctora Ávila Carrancio.
La académica explica que, hasta esta ola que comenzó en septiembre, la violencia que se vive en el estado alrededor del narcotráfico había sido marginal.
Según ella, no había contrarios y no dejaban entrar a otras organizaciones, pero ahora hay un conflicto entre los jefes criminales.
“Desde los 70 se habla de que hay narcotráfico en Sinaloa, pero jamás habíamos tenido una situación como esta; es mucho terrorismo, muchas situaciones de una violencia focalizada en la sociedad civil para aterrorizar: incendios, bombas, asesinatos a diestra y siniestra, amenazas de que no andemos en la noche”, añade.