Con coaliciones partidos venden su alma al diablo
MÉXICO, D.F., 21 DE JULIO/ Una de las funciones básicas de los partidos políticos es servir de marco de referen- cia al elector medio, que relaciona los principios rectores y las principales propuestas de los candi- datos en función del par- tido que los postula; pero la promiscuidad de los di- rigentes partidistas y los candidatos a puestos de elección popular –que ha- cen coalición con cualquier fuerza política que les per- mita al menos vislumbrar una posibilidad de triunfo o de no desbarrancarse en alguna entidad, municipio o distrito– acaba con dicha lógica, pues termina por desfi gurar cualquier marco de referencia.
Las coaliciones se entienden cuando unen fuerzas institutos políticos con agendas similares o principios fundamentales en común; o bien, cuan- do fuerzas con principios totalmente diferentes se alían para alcanzar objeti- vos de largo aliento, como puede ser el derrotar a un partido de Estado con más de ocho décadas en el po- der, como todavía sucede en algunas entidades de la república. Pero en las más re- cientes elecciones estatales en México el único criterio que prevaleció fue la obten- ción del poder por el poder mismo; el medio se convir- tió en un fi n y a los partidos no les importó vender su alma al diablo.
Hay siete de ellos con registro nacional, por lo cual, en el caso ex- tremo, se podrían coaligar con seis partidos políticos en distintos procesos elec- torales; sin embargo, la ló- gica indicaba que cada uno se agruparían con los más cercanos a su ideología y postulados. La realidad fue distinta. El pasado 7 de ju- lio, tres partidos políticos (PRD, PT y Panal) se coa- ligaron con cinco partidos políticos nacionales dife- rentes.
Y la decisión táctica del Movimiento Ciudadano de no hacer ninguna alian- za (salvo con el Partido So- cialdemócrata de Coahuila, en un municipio de ese es- tado) lo salvó de unirse con los otros seis partidos, con lo cual hubiese incurrido en el caso extremo. Esos tres no fueron los únicos que abusaron de ese recurso. El PRI y el PVEM se aliaron con cuatro partidos, es decir, a ellos únicamen- te les faltó el Movimiento Ciudadano y el PAN, que desde el punto de vista electoral (no programático ni legislativo) es su prin- cipal opositor, particular- mente desde que el PVEM se sintió traicionado tras la Alianza por el Cambio de 2000, cuando promovió con los panistas la candidatura de Vicente Fox.