Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
La asistencia de varios funcionarios del gabinete nuñista a la asamblea constitutiva de Morena el domingo pasado, causó revuelo.
Enseguida, muchas plumas (varias de ellas de las que fueron pagadas con cuantiosos recursos públicos durante los gobiernos priistas), y activistas de las redes sociales dedicados a buscarle problemas al gobierno del cambio verdadero, empezaron a acusar que ahí estaba la prueba de que los recursos públicos de esas dependencias serán desviados para apoyar la causa andresmanuelista.
Otros más, ya de plano piden las cabezas de los servidores públicos, porque afirman que le fueron a rendir honores a su jefe real, y que por eso, ya son traidores al Gobernador Arturo Núñez Jiménez. A esas voces se sumó la del ex candidato (perdedor, por supuesto) a la gubernatura, Gerardo Priego Tapia, que no encontró otra vía para darse notoriedad que decir que los funcionarios fueron “a lamerle las botas” a Andrés Manuel, y no sé qué más tonterías. Patético el panista, y patéticos quienes quieren que nos olvidemos que nunca criticaron a los funcionarios priistas que esos sí, sin cuidar formas ni marcos legales, apoyaron con todo a quienes fueron los abanderados del tricolor.
Estaría de acuerdo con esas voces, si los funcionarios hubieran asistido en horas y días hábiles, pero ¿en domingo en la tarde? Por favor!
Los señalamientos en contra de esos funcionarios (que ya huele a campañita detractora), no toman en cuenta varios asuntos: algunos de esos servidores públicos han sido no de ahora, sino de toda su vida, simpatizantes de López Obrador. No son saltimbanquis de ocasión.
No niegan afectos ni hacen como que no conocen al líder de las izquierdas en México. Muy distinta su conducta a la de otros que ni en su casa conocían (me refiero a algunos alcaldes y legisladores), que ya se la creyeron y se atreven a decir que ellos ganaron “solitos”, no por el efecto AMLO. Ya el nombre López Obrador les causa escozor (bueno, hasta la próxima elección, cuando nuevamente buscarán el cobijo lopezobradorista…).
Pero los referidos funcionarios, a la vez, de ningún modo son desleales a quien hoy por hoy, es la cabeza del gobierno de Tabasco, el licenciado Arturo Núñez Jiménez. El Gobernador lo tiene claro, una cosa no riñe con la otra, pero parece que hay quienes quieren aprovechar el rio revuelto para sacar ganancia, y sacar de la jugada a quienes por su desempeño vertical, honesto y comprometido con Tabasco, les estorban en sus propósitos inconfesables.
“Hablaran los hechos”, decía el mandatario Enrique González Pedrero, y así será: el trabajo de cada quien será lo que al final avale la permanencia, no la grilla barata de los oscuros.
Quien quiera enturbiar la relación AMLO-Núñez, se va a topar con pared: el primero entiende la postura institucional que el Gobernador debe mantener con la Federación, por el bien de Tabasco, y también entiende la necesidad de no perder mayorías parlamentarias. Por su parte, el segundo entiende el activismo de AMLO y a quienes lo apoyan. Las cosas están claras y en su lugar.