¿Estallidos? posibles. No serán motines de la sociedad, sino focos armados de jóvenes exasperados. Su causa puede ser justa, pero no tendrán el respaldo popular y podrán ser aislados y/o destruidos por el Ejército y la policía. Si se multiplican y subsisten podrán generar nuevos fenómenos políticos.
La situación de los partidos es difícil. El PRI, como lo ha demostrado en el último proceso para elegir a su presidente, no ha olvidado nada ni ha aprendido nada. No ofrece esperanza de un cambio. A Calderón y al PAN les será imposible cambiar la política económica para conseguir apoyo popular. Mantendrán congelados los salarios y garantizados los privilegios fiscales de los grupos de interés, que son su verdadero soporte. Ellos son los verdaderos actores en la lucha por la presidencia en 2012. Ahora vacilan con apoyar al PRI o votar de nuevo por el PAN. No podemos descontar a Calderón. Tiene muchos recursos: atacará al PRI en sus corruptelas y en los vínculos con el narcotráfico e intentará dividir a la izquierda.
En 2011 se despejará la gran incógnita: ¿las agrupaciones progresistas continuarán batallando entre sí con más furia que contra sus adversarios? Yo creo que la unidad se impondrá. No por ética ni por ideología, sino porque así lo demandan los hechos. Abona a este optimismo el éxito de la brillante jugada con la que se redefinió por la izquierda el espacio político del estado de México.
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