Entre Escila y Caribdis
En la Odisea, Homero narra la existencia de un estrecho canal marítimo en uno de cuyos lados habitaba un monstruo llamado Escila, en tanto que del otro lado del canal existía otra amenaza llamada Caribdis, que no era sino un enorme remolino que atrapaba a los barcos que surcaban por ahí. El dilema para los navegantes que cruzaban dicho canal era decidir qué preferían enfrentar: si a Escila o a Caribdis. En su viaje de regreso a Casa, Ulises decidió pasar por el lado de Escila porque eso le representaba menores pérdidas.
De entre los excesos de la libertad de expresión y la mordaza a la misma, siempre será preferible lo primero. De entre ser complaciente con un gobierno y ser crítico de éste, siempre será mejor lo segundo. Y mucho mejor cuestionar con datos duros de fuente confiable que valerse del recurso tramposo de “fuentes anónimas”. El disenso inteligente permite construir sociedades democráticas; el disenso basado en el insulto no lleva a ningún lado.
Directo, como debe ser un periodista, Jorge Ramos le preguntó al presidente López Obrador: -¿Qué va a hacer a corto plazo para que no maten a tantos mexicanos? Cuando Andrés Manuel comenzaba a responder y decía que se acababa de aprobar una reforma constitucional, el periodista lo interrumpió: - Pero no hay resultados, señor presidente.
Para justificar que al menos no se habían incrementado los niveles de incidencia de asesinatos, Andrés mostró una gráfica e incluso invitó a Jorge Ramos para que se acercara y contrastara las cifras con las que él llevaba. En ese momento, ninguno de los dos apreció que ambas cifras eran similares pero presentadas de manera diferente: unas, expresadas en promedio mensual, las otras, contabilizadas por día.
El intercambio entre ambos personajes se prolongó por más de veinte minutos, con un Jorge Ramos incisivo, como es su estilo, y un Andrés Manuel que tampoco calla y señaló a un medio impreso de tener una “postura conservadora cuyo distintivo es la hipocresía”. Y si Ramos le dice que “no ayuda que usted desacredite a los periodistas”, el presidente le responde que ejerce su derecho de réplica para que haya diálogo circular.
En los últimos momentos, Andrés le aseguró a Ramos, el periodista de origen hispano más influyente en los Estados Unidos, que jamás va a atentar contra el periodismo, que “la democracia es esto que estamos haciendo ahora, podemos discrepar pero nos respetamos y esto es sano para la vida pública del país y nos da muchísimo gusto que estés tú aquí”.
Retrocedamos en el tiempo: en agosto de 2015 Jorge Ramos fue sacado por la fuerza de una rueda de prensa que ofrecía el entonces candidato Donald Trump cuando quiso hacerle una pregunta sobre inmigración, atrevimiento que incomodó al hoy mandatario norteamericano. “Siéntese, no le he dado la palabra”, le dijo Trump, al tiempo que hizo una seña para que lo retiraran.
Hace un par de meses, Jorge Ramos buscó y obtuvo una entrevista exclusiva con el presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, como el encuentro no fue del agrado del mandatario venezolano, éste retuvo varias horas al periodista en el mismísimo Palacio de Miraflores. Además, el equipo de Ramos fue confiscado (cámaras, teléfonos y tarjetas de video), sin que hasta la fecha le haya sido devuelto. Jorge Ramos agradeció, entonces y ahora, las gestiones del gobierno mexicano para su liberación. Después de tantos años de vivir en un régimen que ejercía el control absoluto sobre medios de comunicación parece escandaloso que un periodista se plante frente al presidente y lo cuestione cara a cara. Lo que debería asombrarnos es haber normalizado el silencio cómplice de los periodistas al servicio del régimen y no haber defendido a las voces críticas que en su momento tuvieron que cerrar sus espacios o salir del país. Es un falso debate pretender que hubo un ganador en el disenso entre Ramos y Andrés, y si lo hubo fue la democracia. No he escuchado que quienes aplauden al periodista hayan protestado de la forma grotesca en que Julián Assange, defensor de la transparencia gubernamental, fue sacado de la embajada de Ecuador en Londres para ser entregado a la policía británica. Previamente Assange había exhibido la corrupción del presidente de Ecuador a través de un hermano.