El Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el banco del Vaticano, ha sido objeto de controversia, con antiguos vínculos con el banco Ambrosiano y acusaciones de lavado de dinero. En su intento de sanear la institución, se cerraron cuentas sin relación con el Vaticano y se aplicaron medidas para mayor transparencia, aunque con resistencia interna.
La Santa Sede ha mejorado su reputación financiera en la última década, con reconocimientos por sus esfuerzos contra el blanqueo de dinero. Sin embargo, los escándalos no han desaparecido, como el caso del cardenal Becciu y las cuestionadas inversiones en bienes de lujo.
León XIV deberá afrontar retos adicionales, como la caída en donaciones y el aumento de costos operativos. La sostenibilidad del sistema de pensiones es otro desafío urgente, aunque algunos líderes vaticanos confían en que las reformas iniciadas por Francisco continuarán bajo el nuevo pontífice.
