FREE LANCE.
Sin derecho.
Del casi medio centenar de disciplinas deportivas que se practican en territorio tabasqueño, un número abajo de la mitad de la cifra antes señalada está en la lista de asociaciones civiles legal y legítimamente constituidas, resto son cofradías de hecho, pero no de derecho.
Administraciones pretéritas del órgano rector del deporte estatal intentaron, unos más que otros, que todas se legalizaran y para ello ofrecieron apoyo jurídico y económico para lograr el objetivo, pero habitualmente los esfuerzos incumplieron con las expectativas de la institución.
Aunque el Injudet o Indetab, de acuerdo a las pretensiones de los gobiernos en turno, argumento que los organismos deportivos irregulares estaría al margen de los respaldos oficiales, la amenaza sirvió de poco o nada, ante la apatía de las mesas directivas y el desinterés de los afiliados por adentrarse en los problemas y solución de su asociación.
Según los datos más recientes del Injudet entre las exiguas asociaciones deportivas regulares, entre otras, están: atletismo, baloncesto, boxeo, esgrima, judo, tae kwon do, tenis y voleibol. Desafortunadamente, el resto que cumplen con los requisitos del deporte organizado están fuera del programa olímpico.
Dentro de esta última clasificación se enlistan: pesca deportiva, yoga, futbol americano y artes marciales de combate, por mencionar algunas. Esto habla bien de sus dirigentes y se convierten en paradigmas de aquellas cuyos deportistas asisten a Juegos Olímpicos.
A este problema se agrega la falta de entrega de sus planes de trabajo, en tiempo y forma, de muchas agrupaciones cuya fecha precisamente está próxima. Con estos problemas lidiaron las autoridades deportivas del pasado y como en mucho de los casos había el interés de buscar más cargos políticos, actuaron con tibieza por el miedo a perder votos.
Ahora toca el turno a una administración que ofrece un cambio para darle un nuevo rosto al deporte estatal. Es innegable que la actividad recreativa y la política van de la mano, pero no hay que olvidar que es mejor ordenar lo desordenado aunque se enojen los afectados. Esa es la mejor carta de presentación para los electores. El poder es el poder.
Administraciones pretéritas del órgano rector del deporte estatal intentaron, unos más que otros, que todas se legalizaran y para ello ofrecieron apoyo jurídico y económico para lograr el objetivo, pero habitualmente los esfuerzos incumplieron con las expectativas de la institución.
Aunque el Injudet o Indetab, de acuerdo a las pretensiones de los gobiernos en turno, argumento que los organismos deportivos irregulares estaría al margen de los respaldos oficiales, la amenaza sirvió de poco o nada, ante la apatía de las mesas directivas y el desinterés de los afiliados por adentrarse en los problemas y solución de su asociación.
Según los datos más recientes del Injudet entre las exiguas asociaciones deportivas regulares, entre otras, están: atletismo, baloncesto, boxeo, esgrima, judo, tae kwon do, tenis y voleibol. Desafortunadamente, el resto que cumplen con los requisitos del deporte organizado están fuera del programa olímpico.
Dentro de esta última clasificación se enlistan: pesca deportiva, yoga, futbol americano y artes marciales de combate, por mencionar algunas. Esto habla bien de sus dirigentes y se convierten en paradigmas de aquellas cuyos deportistas asisten a Juegos Olímpicos.
A este problema se agrega la falta de entrega de sus planes de trabajo, en tiempo y forma, de muchas agrupaciones cuya fecha precisamente está próxima. Con estos problemas lidiaron las autoridades deportivas del pasado y como en mucho de los casos había el interés de buscar más cargos políticos, actuaron con tibieza por el miedo a perder votos.
Ahora toca el turno a una administración que ofrece un cambio para darle un nuevo rosto al deporte estatal. Es innegable que la actividad recreativa y la política van de la mano, pero no hay que olvidar que es mejor ordenar lo desordenado aunque se enojen los afectados. Esa es la mejor carta de presentación para los electores. El poder es el poder.