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La Verdad del Sureste

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Entrenadores foráneos



Desde que empezaron a llegar entrenadores foráneos al deporte tabasqueño, cubanos en su mayoría, por un convenio de trabajo firmado entre la nación caribeña y este país,  hubo quienes se resistieron y argumentaron que era preferible capacitar o formar especialistas tabasqueños.
    A partir del arribo de los primeros expertos extranjeros, durante la segunda mitad del siglo pasado, a la fecha el número de inmigrantes que vinieron al Edén tropical es transcendental; pero  únicamente  Silvio Amado Mitchell Rengifo justificó con creces su contratación y nadie lo ha igualado o superado.
    Sin embargo, es de reconocer que antillanos como Artemio Valero Concepción, Osmani Casabella Martínez y Fermín Carrasco Linares, durante su paso   por el órgano rector del deporte estatal dejaron constancia de su capacidad y aspiración por mejorar resultados de las delegaciones locales en competencias como la Olimpiada Nacional.
    Por una u otra razón, la mayoría de este personal pasó  con más pena que gloria por la actividad recreativa de la entidad. Incluso, algunos de estos técnicos protagonizaron sucesos que incrementaron  la animadversión de sus homólogos o profesores locales en desacuerdo con su presencia en el deporte estatal.  
    Dentro del boxeo un antillano, ya fallecido, dejó evocaciones negativas; en tanto que otro compatriota suyo, Sigfredo Molina Castillo, tuvo pugnas con el presidente de la Asociación Estatal de Tenis de Mesa, Gerardo Palavicini Pola, en la época que Gaspar Córdoba Hernández ocupó la rectoría del deporte local.  
    En la actualidad son escasos los tabasqueños, que por cuenta propia, se pagaron una preparación, para llamarlos con propiedad entrenadores, como Violeta del Pilar Vázquez García, ex deportistas con carnet profesional, que abrevó y abreva conocimiento de instituciones de enseñanza, sobretodo, de los Estados Unidos de Norteamérica.
    Innegablemente en otras naciones hay personal docto, porque sus países de origen trabajaron en su formación. En esta transformación de México, es tiempo de proyectar una revolución deportiva; dirigida a una independencia parcial, como meta mínima, del recurso humano extranjero. Depender de otros, incita a ciertos peritos foráneos a creerse imprescindibles.
     Por ello es necesario que los demandantes de capacitación “se pongan las pilas”, porque durante de la historia del órgano rector del deporte estatal, la queja repetida de la dependencia es el desinterés de la mayoría de instructores locales por superarse profesionalmente. El poder es el poder.  

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