• La Verdad del Sureste |
  • Martes 03 de Marzo de 2026

Gerardo Cajiga contra la corrupción

Publicado el:

ERNESTO VILLANUEVA


Todos los días la sociedad escucha  la existencia de culpables, sin ser siquiera presuntos responsables. En nuestro país las personas son culpables hasta que demuestran lo contrario. El mundo al revés. Los ajustes de cuentas, el ejercicio abusivo del poder y la extendida corrupción generan que se tenga en no pocos casos una justicia selectiva en perjuicio de todos.  Hoy me aboco al caso de Gerardo Cajiga Estrada por tres razones, primera porque es una víctima de un que fabrica culpables sin pruebas, segundo porque es un activo democrático para el cambio necesarísimo en Oaxaca y tercera porque conozco su caso de primera mano.
    Primero.  Gerardo Cajiga es el hombre más inteligente de mi generación, así lo escribí hace muchos años y así lo sigo creyendo. Hombre producto de su esfuerzo combinó sus estudios profesionales en el ITAM con trabajos ocasionales, desde redactor de discursos hasta asesor de inversiones en la bolsa. Promedio de 10 con asistencias irregulares no es cualquier cosa, cuando de estudiar economía en una universidad de élite se trata para mantener la beca por aprovechamiento. Ganó el premio nacional de la juventud en méritos académicos sin dejar de trabajar para sobrevivir. Muy pronto impulsado por amigos comunes y en especial por el columnista Jorge Fernández Menéndez pudo entrar a la alta política mexicana a la que dedicó sus afanes. Antes de los 30 años ya había sido oficial mayor de la Secretaría de Gobernación, secretario estatal y había cumplido otros encargos de alta relevancia desde los cuales puso su impronta para servir, hacer más con menos y reorganizar con un toque social los sistemas de asignación de recursos públicos.  No olvidó su pasado e impulsó y respetó la inteligencia de muchos jóvenes a quienes alentó a estudiar y superarse para el bien del país.
    Segundo. El arribo del PAN a la presidencia en el 2000 no sólo incumplió rápidamente las expectativas generadas en buenas porciones de la comunidad, sino que empezó a fabricar culpables por razones políticas utilizando a la Secretaría de la Función Pública y a la Procuraduría General de República como instrumentos para mostrar una máscara jurídica de una decisión política.  No es, por supuesto, sólo mi apreciación personal. De acuerdo a datos de la Secretaría de la Función Pública consignados en el folio de acceso a la información 0002700008007 se puede apreciar que entre 2001 y 2006 de los 59 juicios de nulidad llevado a efecto contra resoluciones de las contralorías internas en 48 casos el demandante obtuvo resolución a su favor y la SFP sólo lo obtuvo en 11. Asimismo, de los 575 juicios de amparo que tuvieron lugar en el mismo periodo, el demandante ganó resoluciones definitivas en 535 casos y la SFP sólo en 35. No se trata solamente de que los abogados de la SFP no sean buenos litigantes, sino que fueron en muchos de los casos obligados a construir casos sin elementos legales, sólo al amparo del vaivén de la política, razón por la cual las estadísticas ponen de relieve que en más del 80% de los casos, los jueces de derecho restituyen los derechos lesionados de los servidores públicos inicialmente inhabilitados. En el caso de Cajiga el Estado se le fue encima para justificar frente a la opinión pública una aparente lucha contra la corrupción. En el colmo Gerardo fue acusado de todo sin pruebas de nada. Después de más de seis años Gerardo Cajiga gastó todo su patrimonio en abogados, y  ganó en todas y cada uno de las causas legales en las lo involucraron.  En esos años terminó su maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard viviendo de pequeñas consultorías. ¿Hoy que ha ganado ante la justicia quien le va a pagar el patrimonio perdido, el honor lesionado y las angustias familiares? Ni siquiera el usted disculpe. Fernández Menéndez fue acaso el único columnista que le dio crédito a su versión que más tarde confirmaría el Poder Judicial de la Federación. Hoy en un vuelco de la vida, la izquierda ha ganado el gobierno de Oaxaca. Cajiga participó primero como gestor de recursos federales para su estado y ahora como responsable de las finanzas públicas del gobierno de Gabino Cué se apresta a hacer una cirugía mayor a los usos y costumbres de la corrupción. Muchos beneficiarios de estos privilegios han intentado sin éxito crear lo que en comunicación política se denomina “pánico moral” que a través de informaciones falsas o exageradas intentan estigmatizar a una persona o a un grupo como lesivos del interés colectivo.  En realidad son los mecanismos de resistencia ante la amenaza, esa sí real, de que una persona honesta como Gerardo Cajiga ponga un alto a tanta corrupción e impunidad.  Lo peor que uno puede hacer es quedarse callado cuando los grupos de interés se ensañan con las pocas personas que pueden hacer diferencia al servicio del interés público.
Evillanueva99@yahoo.com