Inicia reforma neoliberal privatizadora en Pemex
México, DF., 21 de septiembre.- La independencia estratégica que bien o mal había alcanzado México hasta más o menos los años setenta del siglo xx, respecto a su vecino del norte, fue detenida primero y después sometida a un proceso de reversión para acercarnos peligrosamente a una innecesaria dependencia estratégica con los EUA, en donde las industrias petrolera y eléctrica nacionalizadas, han sido factor clave en esta orientación encubierta por eufemismos de modernización y globalización, en donde una a una, todas las promesas de riqueza y bienestar prometidas al pueblo de México por los tecnócratas extranjeros y nacionales del neoliberalismo a fracasado, se han esfumado, dejando a su paso una pobreza que arrastra a la población a etapas de marginación que se creían superadas.
Si bien es cierto que muchos de los factores privatizadores y desnacionalizantes de las industrias propiedad de la nación han sido exógenos, patrocinados principalmente por los EUA e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) así como las élites de algunos de los países desarrollados agrupadas en las grandes corporaciones de presencia mundial, la verdad es que no se habría podido avanzar, o cuando menos avanzar tan rápido, si factores endógenos en México no hubiesen cooperado y colaborado abierta o soterradamente, principalmente mediante la aplicación de insensatas políticas publicas al servicio de la dependencia estratégica, pero también haciendo lo necesario para socavar la autoconfianza del pueblo de México en su capacidad para dirigirse a sí mismo bajo una visión de interés nacional que le permitiera participar exitosamente en el concierto de las naciones.
Más allá del recuento de hechos y muchos otros documentos sobre el desmantelamiento de la capacidad de Petróleos Mexicanos en lo particular y de la industria estatal y privada en lo general, lo cierto es que de las acciones llevadas a cabo por los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) o del Partido Acción Nacional (PAN) para privatizar y desnacionalizar la industria petrolera nacionalizada, en ningún caso específico, la propaganda oficial con la que se manipula la opinión pública ha podido presumir los logros obtenidos, toda vez que, se mire por donde se mire, el saldo entre los costos de la desindustrialización de la paraestatal y la planta nacional contra los beneficios obtenidos por ser un exportador de petróleo crudo ha sido desfavorable para la nación. Por el contrario, las voces que se alzan denunciando la insensatez de las políticas públicas y acciones que de ellas se derivan en relación a la industria petrolera mexicana, cada vez somos más y es incontrovertible que las autoridades ya no se molestan en dar respuesta puntual a las críticas, pues está claro que mientras el Estado controle a los medios de comunicación, continuará difundiendo necesidades y promesas sin sustento y que por tanto que no serán cumplidas.