México arrancó su camino en la Copa del Mundo 2026 de la manera que esperaba su afición: con una victoria. El 2-0 sobre Sudáfrica no define absolutamente nada en el torneo, pero sí representa un primer paso importante para una selección que llegó al Mundial con la responsabilidad de jugar en casa y con la obligación de responder desde el primer día.
El equipo de Javier Aguirre mostró seriedad. Entendió el contexto, manejó la presión y encontró rápidamente la ventaja para evitar que la ansiedad se apoderara del partido. Julián Quiñones y Raúl Jiménez fueron los encargados de reflejar en el marcador una superioridad que, por momentos, fue evidente sobre el terreno de juego.
Más allá de los goles, la actuación dejó sensaciones positivas. México fue un equipo ordenado, con control del balón y capacidad para imponer condiciones. No se trató de una exhibición perfecta ni mucho menos, pero sí de una presentación sólida, justo lo que suele necesitar cualquier selección en su debut mundialista.
Los partidos inaugurales suelen jugarse con una carga emocional distinta. La expectativa, los nervios y el peso del escenario pueden convertirse en un rival tan complicado como el que está enfrente. Por eso, el mayor mérito del Tricolor fue mantener la calma y cumplir con una tarea que, aunque parecía obligatoria, nunca resulta sencilla en una Copa del Mundo.