Implementar una nueva visión del quehacer político-administrativo, requiere de liderazgos que “vivan para la política”, es decir, proyectar esquemas municipales que satisfagan las necesidades básicas de sus pueblos, y delinear, a la vez, objetivos de desarrollo y progreso a largo plazo. Esta actitud implica dejar a un lado las ambiciones personales o de grupos; y privilegiar, por lo contrario, el sentido social, humano y fraterno, en las acciones de gobierno.
El ingeniero Luis Francisco Deyá Oropeza es un político noble, sensible, carente de vicios políticos. Pero tiene muy claro el tránsito hacia el cambio real en las funciones que debe cumplir el ayuntamiento, esto es, como ente transformador de la sociedad. Esta visión que parte de su ideología, algunos la han querido subestimar, es impensable “esa nueva forma de hacer política”. Los resultados de su gobierno están a la vista, pues ha logrado allegarse de recursos federales y estatales que benefician a la mayoría de las 63 comunidades que tiene el municipio de Jalapa.
¿Cómo ha logrado esos incipientes beneficios? El edil ha sabido diferenciar las actividades de una administración municipal que gobierna para todos, en unidad, y las de un partido político que tiene objetivos y metas diferenciadas. Jalapa se forja hoy como una entidad conciliadora como política para lograr el bienestar común, pensando sólo en los jalapanecos. En esta lógica no caben los chantajistas que pretendan tomar como rehén las figuras emblemáticas que luchan y trabajan por construir un nuevo municipio en la Región de la Sierra.
El primer informe de labores de Luis Deyá refleja seguridad y temple. No es retórica. Es una nueva filosofía de los liderazgos que analizan su realidad para ser congruente entre lo que dicen y hacen. Jalapa se levanta como el Ave Fénix.
