Jaque al rey
Era agosto de 1981, Hugo Sánchez hacía su debut en la liga española de fútbol. Su equipo, el Atlético de Madrid, había visto en él cualidades para consolidarse como una gran contratación y no se equivocaron. Sin embargo, ciertos problemas por los que atravesaba dicho club propiciaron que éste cediera a la propuesta que le hizo su acérrimo rival -el Real Madrid- para fichar a Hugo, cuadro en el que vivió sus mejores épocas y puso por alto el nombre de México en lo deportivo.
La primera vez que Hugo pisó la cancha del Atleti y fue anunciado su nombre, una parte del público lo recibió con gritos de “fuera, indio, fuera”. Se trató de expresiones inaceptables de racismo, aunque en aquella época la discriminación deportiva no estaba observada como lo está al día de hoy. No obstante, su caso sentó precedentes para los años posteriores, al menos en lo que hace al fútbol europeo.
Con el paso del tiempo, Hugo llegó a convertirse en uno de los máximos goleadores de la competitiva liga española al conseguir cinco galardones, algo que ni siquiera consiguió Cristiano Ronaldo en su paso por el Real Madrid. La calidad goleadora del exjugador universitario silenció las voces que inicialmente cuestionaron su llegada al balompié español. Pero los insultos ahí quedaron.
Al acercarse el 12 de octubre de 1992 (500 años de la llegada de Colón a nuestras tierras), con antelación se discutió en Europa y en Latinoamérica el nombre que debería dársele a dicha fecha; mientras que para unos la visión era la del “descubrimiento”, para otros en realidad se había tratado de un “exterminio”. La propuesta intermedia, que no terminó por satisfacer a las partes más radicales, fue la de “encuentro de dos mundos”, que se expandió durante los Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona ese mismo año.
No es casualidad que ese contexto haya favorecido que el gobierno de Salinas descubriera que aún existían grupos y comunidades indígenas en nuestro país, lo que lo llevó a su tardío reconocimiento en el texto constitucional en enero de 1992 (composición pluricultural de la nación mexicana sustentada en sus pueblos indígenas). ¿De qué otra forma tendrían cabida los olvidados de siempre en esa conmemoración del “encuentro de dos mundos”?
Pero fuera “encuentro” o “descubrimiento”, lo cierto es que la llegada de Colón primero y de los conquistadores después, marca el inicio de un modo de dominación nunca antes visto pues la “occidentalización” de los pueblos amerindios modificó su cultura y sus creencias para imponerles otros patrones; los ibéricos se sintieron superiores moralmente y actuaron con barbarie para acabar con lo que llamaban barbarie del mal llamado imperio azteca.
Mesoamérica era un mosaico de pueblos, lenguas y culturas, donde había mixtecos, zapotecos, otomíes, mayas, purépechas, totonacas y mexicas, entre otros, pueblos que nunca habían estado en contacto con el resto del globo (o al menos no hay evidencias sólidas que demuestren intercambios constantes). En noviembre de 1519 Hernán Cortés se encuentra por primera vez con Moctezuma Xocoyotzin y queda deslumbrado de su presencia. Su ambición había nacido.
Dos años después se consuma la conquista de México-Tenochtitlan e inicia la dominación de Castilla sobre las nuevas tierras, plenas de riquezas biológicas y materiales, saqueadas desde entonces. En el Archivo de Indias consta “que solamente entre 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América”. ¿Quién financió, entonces, la bonanza posterior de las naciones europeas?
Sin conocer el texto real e íntegro de la carta que Andrés Manuel dirigió al rey de España, sabemos que le pide un reconocimiento de los agravios cometidos hace 500 años, no el pago de intereses por el saqueo (que no nos vendrían mal).
La respuesta del derechista gobierno español, además de ignorar la ruta trazada por el nuestro presidente, confirma la esencia de la petición: nos siguen viendo como un pueblo conquistado incapaz de ver de frente al conquistador.
La ríspida respuesta de Madrid careció de miras pues no vislumbró la oportunidad de que en 2021 se pueda cicatrizar una herida que aún supura: la destrucción de las Indias, misma que Fray Bartolomé de las Casas narró con todos sus excesos, como alimentar a caballos con personas vivas.