La lección del “Piojo”
(una metáfora futbolística)
El pasado miércoles 13, después del mediodía, el país sufrió una especie de parálisis. En escuelas y centros de trabajo las actividades se detuvieron para ver cómo la Selección Nacional de fútbol enfrentaba un absurdo partido reclasificatorio para el Mundial de Brasil.
La zona en que juega México es –con toda seguridad- la que más facilidades otorga para que se pueda calificar a los eventos mundialistas. Pero una serie de malas decisiones y los intereses comerciales pusieron al popular deporte al borde de la eliminación. Y aunque todavía falta por jugar un partido, la ventaja que se obtuvo es tan grande que sólo una catástrofe podría dejar fuera al representativo nacional.
Ese mismo día, a su modo, los Diputados buscaban cómo meter gol con la discusión del Presupuesto de Egresos para 2014.
Sin embargo, la actividad legislativa también se suspendió para dar rienda suelta a sus deseos de emular a los merolicronistas de la televisora que se ha adueñado del fútbol. Hasta en Los Pinos se contagiaron de la fiebre deportiva e incluso se difundieron imágenes de la forma en que Peña Nieto festejó uno de los goles.
La cuarta anotación, de excelente manufactura, justificó el planteamiento que el técnico nacional –el “Piojo” Herrera- hizo sobre la cancha así como de la elección de los jugadores convocados para rescatar la posibilidad de que México esté presente en Brasil, sede de la próxima justa mundialista. Para conseguir su objetivo, el flamante entrenador omitió convocar a los llamados “extranjeros”, es decir, a los jugadores nacionales que participan en equipos europeos; así, la Selección la armó con jugadores que militan en el fútbol casero, de menor presupuesto que los que deambulan en equipos del Viejo Continente.
En otras palabras: el rescate del barco hundido se hizo con un mejor manejo y administración de los recursos “nacionales” de la liga de fútbol. No valieron ni el supuesto peso de los nombres ni la falsa idea de que el mero hecho de participar en una liga del extranjero garantizaría mejores resultados. ¿Qué lección pueden aprender nuestros gobernantes de lo anterior?
El mismo día en que la Selección Nacional superaba a su similar neozelandés, en la Cámara de Diputados se discutía –como una facultad exclusiva de dicho cuerpo colegiado- el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio 2014. Y de la misma forma en que en la cancha hubo poca resistencia, en las tribunas de la Cámara tampoco hubo oposición.
La goleada fue fenomenal, pero también la irresponsabilidad de quienes aprobaron el Presupuesto. No se fijaron prioridades nacionales, sino que atendieron a sus propios intereses.
El astronómico Presupuesto para 2014, de 4.5 billones de pesos, es el más alto de la historia y 8.8% superior al que se aprobó para 2013, aunque gastar más no significa gastar mejor. De entrada, dicho aumento no se corresponde con la inflación ni con el crecimiento económico previsto para este año. ¿Entonces para qué se requiere un mayor presupuesto? Por ejemplo, se congratulan del dinero destinado para la “cruzada contra el hambre”, pero casualmente en el 70% de alrededor de 400 municipios escogidos para aplicar dicho programa habrá elecciones en los próximos meses.
Ello revela una estrategia electoral y no una de combate a la pobreza.
En el sector educativo, la UNAM y el IPN tuvieron un magro incremento del 2%, lo que impide aumentar la matrícula escolar y la investigación.
Algo que a nadie debe extrañarle es lo ocurrido con el sector cultura: en comparación con el Presupuesto 2013, el Presupuesto para 2014 se redujo en un 23.4%, lo que incluso afecta a la entidad denominada Ciudad Patrimonio, encargada de 31 sitios culturales y naturales reconocidos como Patrimonio Mundial por la UNESCO, ramo en el que México ocupa el 6º lugar a nivel planetario.
Si la asignación de los recursos públicos refleja el estilo de gobernar, hay que pensar qué significa que del año 2000 a la fecha el presupuesto para la Secretaría de la Defensa Nacional se haya triplicado y que el gasto para las universidades públicas sea apenas de supervivencia.
No por nada ocupamos uno de los últimos lugares en el índice mundial de desigualdad. Ahí no clasificamos ni en repechaje.