Criticar a la presidenta Claudia Sheinbaum por un supuesto uso de bótox, especialmente si proviene de una figura como Manuel Andrade, exgobernador de Tabasco, es una acción que combina misoginia y una clara bajeza política.
Este tipo de señalamientos, centrados en la apariencia física de una mujer en el poder, son profundamente sexistas porque desvían la atención de su gestión y decisiones políticas hacia aspectos irrelevantes y personales, algo que raramente se hace con hombres en posiciones similares.
La especulación sobre tratamientos estéticos, sin pruebas verificables, refuerza los estereotipos de género que exigen a las mujeres cumplir con estándares de belleza mientras se les juzga por decisiones personales que no afectan su capacidad de gobernar.
Ahora, que un exgobernador como Andrade, con un historial manchado por escándalos — como el ocurrido en 2020 cuando chocó en presunto estado de ebriedad, un incidente que desató indignación pública y un intento de linchamiento— se suma a esta narrativa, evidencia una hipocresía notable.
La imagen subida a sus historias de Facebook, amplificaría la ruindad de la crítica al hacerla pública y visual, buscando maximizar el daño a la imagen de Sheinbaum. Esta táctica no solo es misógina, sino también un intento desesperado de recuperar relevancia política por parte de Andrade, cuya carrera ha decaído desde su salida del PRI en 2021 y su fallido intento de competir por una alcaldía con el PRD, partido que además lo chamaqueó con la promesa de hacerlo candidato a senador, lo cual no ocurrió.
Sus propios escándalos, incluyendo acusaciones de corrupción y su comportamiento errático, lo descalifican como una voz creíble para emitir juicios morales o estéticos sobre otros líderes. Primero debería mirarse al espejo antes de criticar la apariencia física de la presidenta.
Nadie le criticó por quitarse kilos de grasa de su voluminoso abdomen, las operaciones de baipás gástrico para darle a su figura una mejor apariencia de nada sirvieron porque nuevamente está obeso por su apetito feroz. Es tan comelón como mitómano.
Nadie tampoco lo cuestiona por su afición a la bebida, es muy su gusto, muy su vida. Lo que sí se le recomienda es que cierre la boca porque no solo aumenta de peso sino también porque solo dice tonterías. Está bien que como político sea un fracaso que no ha sido capaz de cumplir su sueño de ser senador o ya de perdida diputado federal, a pesar de haber sido gobernador por decisión de Madrazo y el fraude electoral. En el PRI era un apestado, por eso se fue, no por ser buena gente sino por ser un traidor consumado.
Por eso nadie lo toma en serio y cada vez su decadencia política es manifiesta, de ahí que se consuele con ser solo un bufón, porque de analista político tiene lo que yo tengo de médico cirujano, es decir, nada.
En un contexto más amplio, este tipo de ataques refleja la polarización política en México y la persistencia de la violencia de género en la esfera pública. Sheinbaum, como primera presidenta, enfrenta un escrutinio desproporcionado sobre su imagen, algo que figuras como Andrade podrían explotar para deslegitimarla.
En lugar de contribuir a un debate constructivo, estas críticas personales perpetúan una cultura de denigración que daña la calidad del discurso político.
Este comportamiento no solo refuerza los prejuicios de género, sino que también desvía la atención de los verdaderos desafíos que enfrenta México y Tabasco.
La especulación sobre el uso de bótox no solo es irrelevante para evaluar su desempeño como mandataria, sino que refuerza los estereotipos de género que juzgan a las mujeres por su imagen en lugar de sus acciones, políticas o competencias.
La misoginia en este contexto se manifiesta al desviar la atención de temas sustantivos —como sus decisiones políticas, logros o errores— hacia aspectos superficiales y personales, perpetuando la idea de que las mujeres en la política deben cumplir con ciertos estándares de apariencia. Además, al no estar comprobado, este tipo de críticas se basa en rumores, lo que las hace aún más irresponsables y carentes de fundamento.
Es válido criticar a cualquier figura pública, incluida Sheinbaum, pero las críticas deben centrarse en su gestión, políticas o posturas, con argumentos basados ??en hechos verificables. Cuestionar su apariencia de manera especulativa no contribuye al debate público y, en cambio, fomenta una cultura de escrutinio desproporcionado hacia las mujeres en el poder.
