Los de abajo

El narco aterrizaje que sacude a Tabasco


El decomiso federal de una aeronave cargada con 636 kilogramos de cocaína en Emiliano Zapata no es un hecho aislado. Es la confirmación de que la región de los Ríos, en Tabasco, opera como un enclave logístico criminal ininterrumpido.
 

La intercepción del bimotor Cessna T210N procedente de Guatemala revela un engranaje donde la geografía fronteriza y el poder político local convergen de nuevo, despertando los fantasmas de impunidad institucionalizados en el sexenio anterior bajo el mando de Hernán Bermúdez Requena.
 

El aseguramiento, valuado por el Gabinete de Seguridad en más de 131 millones de pesos, repite con precisión quirúrgica el patrón operativo del narcotráfico transnacional en el sureste de México.
 

Aunque el Centro Nacional de Vigilancia y Protección del Espacio Aéreo (CENAVI) detectó el ingreso ilegal de la aeronave con matrícula estadounidense, la intervención en tierra por parte del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional arrojó cero detenidos.
 

Este vacío delata una red de halconeo y protección perimetral altamente eficiente: los pilotos y los operarios de descarga se esfumaron entre la densa vegetación de la ranchería San Elpidio justo antes del despliegue oficial.
 

No es casualidad. Durante el gobierno anterior, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) estatal, encabezada por Bermúdez Requena, fue severamente señalada en informes de inteligencia federal por dar cobertura a la organización delictiva La Barredora.
 

Bajo ese esquema de complicidad, las llanuras de los Ríos se convirtieron en un portafolio de pistas clandestinas toleradas. Lo ocurrido demuestra que la estructura de apoyo en la zona sigue activa, intacta y respondiendo a los mismos códigos de blindaje preventivo.
 

La onda expansiva de este operativo militar impacta de lleno en el Palacio Municipal de Emiliano Zapata. Reportes extraoficiales y la opinión pública local apuntan con insistencia a que el predio rústico donde la Cessna realizó su aterrizaje forzoso pertenece a la infraestructura o al entorno patrimonial directo de José Armin Marín Sauri, actual presidente municipal.
 

Para Marín Sauri, este señalamiento no representa su primer roce mediático con temas de alta peligrosidad; a lo largo de su trayectoria, su nombre ha cargado con suspicacias sobre supuestos vínculos con agentes del orden cuestionables y control territorial.
 

UN CACICAZGO AL ACECHO
 

Paralelamente, periodistas de la cuenca del Usumacinta han denunciado históricamente amenazas y agresiones físicas tras intentar mapear las propiedades rurales y los nexos de la clase política local con actividades ilícitas.
 

La sospecha sobre la propiedad del rancho eleva exponencialmente las exigencias hacia la Fiscalía General de la República (FGR). Si el Ministerio Público Federal limita la indagatoria al peritaje de los paquetes de droga y al resguardo de la aeronave, estará validando la impunidad cupular.
 

Investigar al propietario de la tierra es el paso legal elemental. Es indispensable que la FGR transparente el folio real de la propiedad en San Elpidio para confirmar o desmentir formalmente el nexo con el edil.
 

Un cargamento de más de media tonelada de cocaína requiere combustible, vehículos de carga y personal de custodia en el lugar exacto del descenso; nadie aterriza a ciegas en un rancho privado sin el consentimiento de sus operadores.
 

El volumen de lo incautado demuestra que la red local que operaba en el sexenio pasado no se desmanteló, sino que únicamente mutó de liderazgos políticos para garantizar la continuidad del flujo de estupefacientes.
 

Este golpe financiero al narcotráfico exige ir más allá del decomiso del polvo y la chatarra aérea. Si la Federación no profundiza en los dueños de la tierra y los protectores políticos en turno, la región de los Ríos seguirá siendo una pista de aterrizaje impune para el crimen organizado.

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