Los de abajo
El Enjambre en el edén y el fin del feudo policial
El reciente despliegue del Operativo Enjambre en Tabasco, coordinado entre la Fiscalía General del Estado (FGET), la Fiscalía General de la República (FGR) y la Fuerza Interinstitucional de Reacción Táctica (FIRT) Olmeca, marca un punto de no retorno.
La captura de seis policías en activo dentro de las propias instalaciones de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) no es un arresto ordinario; es la demolición controlada del andamiaje de impunidad que se enraizó en la corporación.
Para dimensionar el calado de estas acciones, es obligatorio mirar el retrovisor inmediato. Tabasco transita por una catarsis interna tras los años en que la seguridad pública estuvo bajo el mando de Hernán Bermúdez Requena, un personaje que pasó de la cúspide del poder policial al confinamiento en el penal federal de El Altiplano por sus vínculos con la delincuencia organizada y una serie de delitos del fuero federal y común, cometidos durante su desempeño como jefe policiaco.
Apenas el mes pasado, la fiscalía estatal solicitó una condena histórica de 154 años de prisión contra Bermúdez Requena, acusado de operar como el presunto líder de la organización criminal La Barredora mientras ejercía el cargo.
El pliego de cargos —que abarca secuestro agravado, extorsión y asociación delictuosa— desnudó una realidad incómoda: el Estado no estaba infiltrado por la delincuencia; la delincuencia despachaba desde las oficinas estatales.
El error analítico más grave sería asumir que la reclusión de la cabeza extirpaba automáticamente el tumor. Los seis agentes civiles detenidos esta semana —identificados como Carmen, Rubén, Carlos Mario, Edi, Francisco Javier y Joan Darío “N”— pertenecían a la Unidad de Recuperación de Vehículos.
Reportes federales indican que aprovechaban sus uniformes, patrullas y placas oficiales para operar retenes clandestinos destinados al secuestro y la extorsión.
Esto confirma que las redes de protección y las inercias delictivas de La Barredora subsistieron de forma inercial, mimetizadas en la burocracia operativa.
UNA LIMPIEZA A FONDO
¿Qué se puede esperar en el horizonte inmediato? La naturaleza del modelo federal del Operativo Enjambre —que ya suma decenas de funcionarios locales y municipales procesados en más de diez estados bajo la estrategia del gabinete de seguridad nacional— no se detiene en los eslabones más débiles.
Las carpetas de investigación por delitos de alto impacto, secuestro y extorsión, forzarán a los implicados a revelar las cadenas de mando que autorizaban o toleraban la operación de retenes ilegales en las carreteras del estado.
La permanencia de elementos criminales en activo obliga a una intervención inmediata de las fuerzas federales, Sedena y Guardia Nacional, para asumir el control de zonas críticas y aplicar depuraciones quirúrgicas en los pases de lista civiles.
Las pruebas obtenidas en este enjambre local nutrirán de forma directa los juicios paralelos que enfrenta Bermúdez Requena por desaparición forzada y peculado, cerrando el círculo procesal en su contra.
En Tabasco la impunidad del viejo régimen policial ha caducado. Sin embargo, la captura de estos seis elementos evidencia que la limpieza institucional no debe ser cosmética ni pasajera, sino un proceso de desmantelamiento estructural profundo. La ciudadanía no espera menos que la disolución absoluta de las cofradías criminales vestidas de uniforme.