Los de abajo

*Nuevamente le salió mal la apuesta: éxito rotundo del Mundial 2026
 


El fin de la Copa del Mundo de la FIFA 2026 dejó una lección contundente que va más allá de las canchas: el que apuesta en contra de México, siempre pierde. Durante meses, la oposición y la derecha mexicana construyeron una narrativa apocalíptica basada en pronósticos de caos, inseguridad desbordada, violencia y un fracaso rotundo en la organización.
 

Sin embargo, la realidad terminó por sepultar sus deseos de desastre. El país demostró una capacidad organizativa impecable y el torneo se consolidó como un evento pacífico, seguro y alegre que unió a los mexicanos.
 

El golpe de realidad más duro para el bloque opositor no solo vino desde los estadios locales, sino desde la alta diplomacia internacional. La asistencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a la gran final en el MetLife Stadium causó un escozor profundo e indisimulable en las filas de la derecha.
 

No pudieron tolerar ver a la mandataria mexicana ocupando un lugar central en el palco de honor. Tampoco que recibiera un trato sumamente cordial y respetuoso por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y del primer ministro de Canadá, Mark Carney.
 

El bloque conservador anhelaba un desplante o un momento de tensión geopolítica que alimentara sus críticas; en su lugar, el mundo fue testigo de una sólida estampa de unidad y cooperación norteamericana.
 

Durante su habitual conferencia matutina de este lunes, la presidenta Sheinbaum detalló con naturalidad los pormenores de ese encuentro. Explicó que recibió una llamada telefónica directa de Donald Trump, quien la invitó de forma estrictamente personal diciéndole: "¿Claudia, vas a venir? Ven, vas a estar sentada junto a nosotros".
 

Con la firmeza que la caracteriza, la presidenta comentó ante los medios: "Dije: hay que ir. Como dice el dicho: lo cortés no quita lo valiente". En ese espacio de diálogo de alto nivel, la mandataria mexicana no solo cumplió con el protocolo de la FIFA, sino que aprovechó para abordar temas comerciales estratégicos con Trump, Carney y miembros del gabinete estadounidense en el marco de la revisión del T-MEC, demostrando una diplomacia eficaz y sin titubeos.
 

TAMBIÉN EN LA ECONOMÍA
 

Por si el éxito político y de seguridad no fuera suficiente, las cifras económicas terminaron por consolidar la victoria de la estrategia gubernamental.
 

De acuerdo con el balance final presentado por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, la justa mundialista dejó una histórica derrama económica estimada de hasta 66 mil millones de pesos tan solo en la capital del país.
 

A esto se le suma la llegada de más de 4 millones de turistas y la generación de más de 100 mil empleos formales, marcando el mejor registro de empleo para un mes de junio en los últimos 25 años.
 

Las ganancias no se concentraron en las zonas turísticas de siempre, sino que se multiplicaron en las alcaldías periféricas, dinamizando la economía de los pequeños comercios locales.
 

El desenlace del Mundial 2026 expone, una vez más, la profunda desconexión de una derecha mexicana atrapada en el rencor.
 

Al desear que al país le fuera mal para lucrar políticamente con el fracaso, se olvidaron de la grandeza de su propio pueblo.
 

La justa deportiva concluyó con México brillando ante el mundo como un anfitrión de excelencia, con finanzas fortalecidas y una presidenta respetada en el plano internacional. Al final del día, la realidad volvió a imponerse: a la oposición y a la derecha mexicana, las cosas simplemente no les salen bien.

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