Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Los de abajo

La prueba PISA y la miopía del debate educativo
 


La publicación de los resultados de la prueba PISA 2025 ha desatado, como ya es costumbre, una tormenta política en México. Para los críticos de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, el informe de la OCDE se convirtió de inmediato en el mazo perfecto para golpear la estrategia educativa del gobierno actual.
 

El argumento opositor es tan simplista como predecible: culpar de forma exclusiva a la gestión en turno por el bajo desempeño de los estudiantes mexicanos en matemáticas y lectura.
 

Sin embargo, este análisis de corto alcance padece de una profunda miopía intelectual. Al intentar politizar la educación, los detractores ocultan deliberadamente el panorama completo y omiten lo que los propios expertos del organismo internacional han puesto sobre la mesa.
 

El error de origen de la crítica local radica en asumir que el estancamiento educativo es un fenómeno puramente doméstico. Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, fue contundente al señalar que el retroceso en la comprensión lectora y en el pensamiento matemático es una tendencia global que afecta tanto a economías en desarrollo como a las naciones más ricas de Europa.
 

De hecho, los datos demuestran que durante la última década el promedio de los países miembros sufrió una caída histórica en estas áreas.
 

Pretender que un problema de escala planetaria comenzó y terminó en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública en la Ciudad de México no solo es metodológicamente absurdo, sino políticamente tramposo.
 

INCAPACIDAD DE ATENCIÓN
 

Un análisis serio del informe PISA revela que la raíz de la crisis actual no responde a una ideología partidista, sino a una mutación civilizatoria en la forma en que los jóvenes procesan la información. Los especialistas ligan de manera directa este declive con el uso excesivo y no regulado de las redes sociales y las pantallas para el ocio dentro y fuera del aula.
 

El bombardeo constante de estímulos cortos y rápidos ha pulverizado la capacidad de atención sostenida de una generación entera.
 

Hoy los jóvenes leen de forma fragmentada y veloz, multiplicando lo que los investigadores llaman "lectores apresurados": estudiantes que responden rápido pero sin entender el fondo del texto.
 

A este ecosistema de distracción digital se suma el impacto emergente de la inteligencia artificial generativa. Aunque la IA es una herramienta con un potencial técnico innegable, su adopción temprana en el ámbito escolar está provocando un fenómeno de delegación cognitiva excesiva.
 

Al utilizar chatbots para resumir lecturas o redactar textos de manera automatizada, se anula la lucha cognitiva y el esfuerzo intelectual que requiere el aprendizaje real.
 

El cerebro, al igual que un músculo, se atrofia cuando se le exime del trabajo de pensar. PISA 2025 muestra con claridad que los alumnos que abusan de estas herramientas tecnológicas para evadir el proceso analítico obtienen puntajes sustancialmente menores.
 

Reducir un desafío antropológico y tecnológico de esta magnitud a una mera disputa de popularidad presidencial es una irresponsabilidad.
 

Mientras la oposición prefiere ignorar que México mostró resiliencia e incluso ligeros avances en disciplinas como las ciencias gracias a la implementación de su nuevo modelo pedagógico, el verdadero debate sigue postergado.
 

El verdadero reto para el gobierno de Sheinbaum y para toda la sociedad no es ganar una discusión partidista, sino diseñar políticas públicas capaces de arrebatar la atención de los jóvenes a los algoritmos comerciales y devolver el valor del esfuerzo cognitivo a las aulas. Todo lo demás es pura pirotecnia electoral.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más