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La Verdad del Sureste

Los de abajo

El poder de las pantallas sobre las cifras en Tabasco
 


En Tabasco, el reciente reporte de la ENVIPE de INEGI expone una de las contradicciones más profundas de la era digital: mientras los datos gubernamentales registran una reducción real del 33.6% en homicidios dolosos y una tendencia a la baja en la incidencia delictiva general, el 87.6% de los tabasqueños sigue manifestando que se siente inseguro en su estado.

Esta enorme brecha no responde a una falsificación de datos, sino a un fenómeno estrictamente contemporáneo: el hiperconsumo de la nota roja y el implacable algoritmo de las redes sociales, elementos capaces de moldear nuestra psicología colectiva con mucha más fuerza que cualquier conferencia o estadística oficial.

La tradicional nota roja, aquella que antes se limitaba a las páginas impresas de los periódicos o a horarios específicos en la televisión, ha mutado. Hoy, las plataformas digitales y los grupos de mensajería instantánea actúan como cajas de resonancia inmediatas y descontroladas.

El video de un asalto captado por una cámara de seguridad, la quema de un vehículo en algún municipio o los restos de un enfrentamiento no se reportan al día siguiente; se transmiten en tiempo real y se replican de forma infinita en los muros de miles de usuarios.

El verdadero problema radica en cómo funcionan las redes sociales. Las plataformas están diseñadas para priorizar el contenido que genera mayor interacción emocional, y nada genera más reacción que el miedo y la indignación.

De este modo, un usuario en Villahermosa, Cárdenas o Paraíso puede abrir su teléfono y ser bombardeado consecutivamente por el mismo hecho violento fragmentado en decenas de publicaciones.

EL MIEDO COMO NEGOCIO

Para el cerebro humano, el impacto visual repetitivo anula la estadística: no importa que los homicidios hayan bajado un tercio si la pantalla muestra, una y otra vez, que el peligro está activo. El algoritmo de Facebook, X o TikTok no busca pacificar; busca retener nuestra atención, y el miedo es el mejor imán para lograrlo.

Y si a eso le agregamos que hay medios volcados a convertir los hechos de sangre como su principal producto informativo, para generar la percepción de que este gobierno no puede con la inseguridad, totalmente alineados a la guerra sucia orquestada por el grupo político de Adán Augusto, ese también es el resultado.

Esto explica perfectamente por qué, según la misma encuesta de INEGI, el temor ciudadano disminuye drásticamente al 47.9% cuando se les pregunta por la seguridad de su propia colonia. El tabasqueño que sale a trabajar nota que su entorno inmediato permanece en relativa calma, pero al consultar su teléfono, el "exterior", el resto del municipio o del estado, se le presenta como un territorio completamente fuera de control. El entorno digital construye una geografía del terror que distorsiona la realidad física de las comunidades.

El gran reto del gobierno del estado no radica únicamente en seguir operando de forma táctica para contener al crimen organizado, sino en comprender que la seguridad también es una batalla de percepciones.

Mientras la narrativa oficial intente combatir el impacto emocional y visual de un video viral con gráficas de barras puramente técnicas, seguirá perdiendo la discusión. En el Tabasco actual, pacificar las calles es solo la mitad del trabajo; la otra mitad, mucho más compleja, consiste en sanar una conversación pública que ha sido secuestrada por los algoritmos del miedo, manipulado por intereses políticos ligados a quienes están empecinados en hacerle la vida imposible al gobierno de Javier May, con la sed de venganza por la pérdida del poder y, por ende, de privilegios y la buena vida que se daban antes de que llegara la verdadera transformación al estado.

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