Los de abajo
El juego sucio rumbo a 2027
El cruce de agendas informativas entre la prensa internacional y los medios locales suele responder a lógicas de temporalidad política nítidas. Actualmente, la sincronía entre el reporte de The New York Times sobre supuestas revisiones a Andrés Manuel López Beltrán, la cobertura de TV Azteca que localiza al empresario Jorge Amílcar Olán Aparicio en Lugano, Suiza, y la concatenación de denuncias por presuntas amenazas de muerte en Tabasco, configuran un escenario de alta crispación mediática.
Este entramado trasciende el escrutinio público ordinario y se sitúa en el terreno de la competencia electoral anticipada para 2027, donde las certezas legales palidecen frente al uso estratégico del escándalo.
Desde una perspectiva jurídica, el marco constitucional y el Código Nacional de Procedimientos Penales exigen datos de prueba idóneos y suficientes para fundar cualquier acto de molestia. El propio ordenamiento penal desestima la validez procesal de conjeturas sustentadas en testimonios de fuentes no verificables.
Por esta razón, la Fiscalía General de la República (FGR), bajo la conducción de Ernestina Godoy, ha precisado que no existen investigaciones formales ni carpetas de investigación judicializadas contra López Beltrán o Olán Aparicio por delitos federales como el contrabando de hidrocarburos.
Incluso, el propio reportaje de The New York Times reconoce explícitamente que no cuenta con pruebas de los señalamientos, admitiendo de manera interna en su texto que las agencias estadounidenses no han iniciado ninguna investigación formal ni cargos penales contra él.
Ante este vacío de evidencias, la presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó con dureza el texto del diario neoyorquino durante su conferencia matutina. La mandataria federal calificó la publicación de imprecisa, especulativa y carente de confirmación oficial, señalando la contradicción de que el propio medio reconozca que solo se basa en dichos no comprobados de fuentes anónimas.
Con esta postura, Sheinbaum cerró filas en torno al hijo del expresidente y descalificó el rigor periodístico de la nota.
Al desvanecerse el sustento legal, la andanada mediática revela su verdadera naturaleza: un asunto estrictamente político y de orden territorial que encuentra su origen en la reconfiguración interna de Morena.
UN OPERADOR DE MAYANS Y ADÁN
Ante la latente pretensión de que López Beltrán contienda como candidato por el Distrito Electoral VI de Tabasco —que abarca los municipios de Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa—, la oposición se enfrenta a un escenario territorial adverso bajo reglas de competencia convencionales, dadas las proyecciones electorales que sitúan la preferencia de la coalición gubernamental en niveles muy elevados.
En el ámbito local, la denuncia formulada ante el INE por la dirigente estatal del PAN, Kathia Bolio Pinelo, sobre presuntas amenazas telefónicas atribuidas al crimen organizado tras haber criticado a los hijos del expresidente, ha tenido resonancia en medios locales, en especial por una estación radiofónica de Tabasco.
Este espacio del cuadrante, posicionado como un bastión de resistencia editorial contra la administración del gobernador Javier May Rodríguez y contra el legado obradorista, ha otorgado una amplia cobertura a estas acusaciones, sumándose al relato de intimidación que días antes expuso el periodista Audelino Macario.
Sin embargo, la seriedad analítica exige retirar el velo de neutralidad a estos actores. Fuentes internas del entorno político local vinculan directamente a Audelino Macario como un operador periodístico al servicio del grupo político encabezado por Adán Augusto López Hernández y Humberto Mayans Canabal.
Analistas señalan que su función real consiste en articular el "trabajo sucio" y operar la guerra de baja intensidad en contra del gobernador Javier May y de la línea dura de la Cuarta Transformación en la entidad.
Esta pieza del rompecabezas explica la evidente selectividad de los micrófonos locales. Mientras esa radio tabasqueña magnifica cualquier línea de sospecha o denuncia de amenazas que apunte a debilitar al gobernador May o a minar la postulación de López Beltrán, guarda una discreción sepulcral y una docilidad absoluta cuando el foco alude a la gestión y al entorno del senador Adán Augusto López Hernández.
A pesar de las tensiones internas e intereses cruzados que circundan al exsecretario de Gobernación, esa facción del poder político estatal permanece blindada por un manto de intocabilidad mediática.
Esta parcialidad no solo erosiona el principio de equidad periodística, sino que expone cómo se instrumentalizan las denuncias civiles para dirimir disputas grupales bajo el disfraz de la libre expresión.
La ofensiva en contra de López Beltrán y la narrativa de ingobernabilidad que se pretende sembrar mediante las presuntas amenazas de muerte no buscan la apertura de un tribunal formal, sino el enrarecimiento preventivo del clima político rumbo a 2027.
Ante la debilidad en las urnas de partidos que carecen de base social en el estado, el recurso consiste en judicializar la narrativa pública en los micrófonos aliados y utilizar operadores afines para mermar el capital político de la administración en turno, mientras se simula neutralidad protegiendo de forma asimétrica a otros liderazgos de la entidad.
La madurez del electorado tabasqueño radicará en su capacidad para diferenciar la legítima exigencia de seguridad de la abierta manipulación mediática diseñada para mitigar una derrota electoral anticipada.