Los de abajo
Aprobación frente a la retórica
En política, suele decirse que la percepción es realidad, pero cuando los datos duros entran en escena, las narrativas construidas desde el escritorio tienden a desmoronarse. El escenario político actual en Tabasco ofrece un ejemplo idóneo de este fenómeno.
Mientras la oposición local se empeña en mantener un discurso diario de crisis, desempleo e inseguridad, la ciudadanía parece transitar por una avenida completamente distinta.
La más reciente encuesta publicada por la firma Enkoll pone cifras definitivas a esta desconexión: el 66 por ciento de los tabasqueños aprueba la gestión del gobernador Javier May Rodríguez.
Un respaldo de casi dos terceras partes de la población no es fortuito ni se construye con retórica; responde directamente a los pilares que la propia ciudadanía identifica como prioritarios: la entrega de apoyos sociales, el avance en obras de infraestructura, la marcha del programa de vivienda, el impulso al desarrollo económico, y agendas como el respeto a los derechos de las mujeres, el deporte y la cultura.
El verdadero contraste de la encuesta de Enkoll no está solo en la gestión gubernamental, sino en cómo el ánimo social se traduce en simpatías electorales.
Al medir las preferencias partidistas, la fotografía es contundente: Morena conserva la hegemonía con el 41 por ciento de la preferencia. En un lejano segundo lugar aparece Movimiento Ciudadano con el 14 por ciento, seguido por un debilitado PRI con el 5 por ciento y el PAN con apenas un 3 por ciento.
El caso del PRD es el más dramático, registrando un inédito cero por ciento que dibuja su virtual desvanecimiento en el estado que alguna vez fue su principal bastión.
Estas cifras revelan un desgaste profundo en las estrategias de la oposición. Apostar sistemáticamente a la narrativa del desastre y la catástrofe —sin proponer alternativas viables ni sintonizar con los beneficios tangibles que la población percibe en sus comunidades— ha dejado de generar simpatías en el electorado.
Al final del día, la brecha entre el discurso opositor y el sentir popular es amplia. Mientras unos insisten en pintar un panorama de crisis colectiva, el ciudadano de a pie parece evaluar su realidad a través del impacto directo de los programas de vivienda y las obras públicas.
La encuesta de Enkoll no hace más que reflejar una máxima que la política tradicional suele olvidar: la aprobación no se decreta desde la crítica diaria, se gana en la calle y se consolida respondiendo a las necesidades de la gente.