De los imprescindibles, Alfredo H. Peñaloza
Cabe señalar que un mal día, sin más, los imprescindibles mueren. Son de los que habla Bertolt Brecht en su poema: “…Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.
El sábado 7 de julio pasado, en la madrugada, falleció uno de ellos, el Ing. Alfredo Hernández Peñaloza. Su pensamiento y acción estuvieron siempre con las mejores causas.
Uno de sus temas centrales, de amor y pasión infinita, su motivación de vida, fue la defensa del petróleo, industria en la que trabajó durante su vida laboral activa. Como ingeniero especializado en petróleo, conocía todas las aristas del tema: la parte técnica, la económica y política, las repercusiones de su explotación irracional; la monumental corrupción de los funcionarios de la empresa; las complicidades de los líderes sindicales con los funcionarios; etc.
Alfredo Hernández Peñaloza fue bujía de muchas organizaciones sociales. Aquí en Tabasco fue punto de cohesión entre los sindicatos de telefonistas, del STAIUJAT y del Seguro Social. Fundó en la entidad, junto con otros líderes, el Frente Sindical, Obrero, Campesino y Estudiantil. Asimismo fue representante del Comité Nacional de Estudios de la Energía. Y mantenía relaciones fraternas y de colaboración con la parte americana del Frente Sindical Mundial.
En sus charlas públicas nunca presentaba fórmulas como solución a la problemática del país y estado, sino que exponía sus argumentos, siempre con datos, con lógica impecable. De manera grata ayudaba a generar en los grupos un ambiente de diálogo y colaboración. Fue un hombre informado y de acción, un hombre comprometido con las mejores causas. Fue un estratega en todo, nos dice Mónica, su compañera, en referencia a su modo de vislumbrar los acontecimientos diarios desde la lógica de la organización.
Su fallecimiento prematuro, cuando apenas inicia en Tabasco un movimiento político distinto, deja débil el flanco ideológico siempre vital. Si es cierto que el cambio verdadero ya está aquí, con los resultados electorales a favor de lo que se llaman “las izquierdas”, entonces las discusiones y reflexiones sobre ideología, política y educación, pierden a una de las personas con alto grado de conciencia, además muy interesado en estos temas, a los que consideró vitales para el desarrollo humano.
Alfredo estuvo siempre lejos del sectarismo. Nunca presentaba sus argumentos como verdades absolutas, y escuchaba con atención a sus interlocutores. Fue siempre respetuoso de las posiciones de los demás compañeros. Era uno de los que siempre aportan un dato, cuentan una anécdota, construyen un rumbo, de los que esperan a quienes se rezagan. Fue sencillo, humilde, hablaba sin rodeos, sin engaño.
Quienes le conocieron en su etapa de trabajador activo cuentan que era trabajador centrado y responsable; compartía de los alimentos con sus compañeros; muy ameno en su plática; se indignaba ante la injusticia donde quiera que fuera.
Como jefe de turno disfrutaba explicar las razones de los procesos industriales, para que los trabajadores no realizaran sus actividades de manera automática.
Y sobre todo ello fue un auténtico luchador social y maestro; siempre aconsejaba, siempre alentaba a seguir en la lucha luego de las noches tristes de derrota, que siempre fue la constante hasta ahora.
Cesó de latir, pues, el gran y humano corazón de Alfredo Hernández Peñaloza. Cesó de soñar, de hablar, de imaginar, de orientar. Hasta el último instante, nos comentan, buscó y encontró las palabras propias, no de un lecho de enfermo, sino de la tribuna, del aula, de la sala de conferencias. Su ferviente pensamiento elucubraba siempre con el tema de la lucha social. Tan es así que aún en su condición de enfermo salió hace algunas semanas al municipio de Paraíso a presentar el libro el Cártel negro, de la periodista Ana Lilia Pérez, publicado por la editorial Grijalvo-Mondadori, explicando en pocos minutos, en un discurso intenso, el tema central: la red de complicidades en PEMEX que causan daño patrimonial a la nación. Son pocos los que luchan toda la vida, hasta en sueños; son pocos pero son imprescindibles. Descanse en paz el compañero y amigo Ing. Alfredo Hernández Peñaloza.