MEMORIA TABASQUEÑA
La Academia de Letras y Artes de Tabasco
En 1852, en el contexto de la gobernatura de Joaquín Ferrer y el establecimiento en Tabasco, de medidas conservadoras y represivas, que fueron impugnadas por la revolución derrotada de Tacotalpa y Teapa. Y mientras los tabasqueños tenían conocimiento de los movimientos revolucionarios (liberales) en el vecino estado de Veracruz. En octubre de ese año, se anunció que en Tabasco se crearía la Academia de Letras y Artes.
El anuncio de la fundación de dicho centro educativo, se realizó el 31 de octubre del mismo 1852 en la página 4 del Periódico Oficial: EL TABASQUEÑO. Pero, la publicación del proyecto pedagógico y administrativo de la Academia de Letras y Artes, se publicó hasta el 30 de noviembre del mismo año, en el mismo periódico oficial.
Los responsables de ese proyecto educativo fueron: el presbítero Fray Eduardo Moncada y Miguel Dondé; quienes se autonombraron como los directores responsables. El proyecto estableció que las clases iniciarían con alumnos pensionados; que de acuerdo a su edad y necesidades de aprendizaje deberían de pagar como pensión mensual $25, $20, $16 y $12.
En el Plan de Estudios que dieron a conocer, se especificó claramente cuál era el carácter, la perspectiva pedagógica y las asignaturas que integraban el proyecto educativo de la Academia de Letras y Artes. En cuanto a la perspectiva filosófica y pedagógica que legitimaba esta propuesta educativa; cabe decir que: fue una institución privada, avalada por la Junta de Instrucción Pública del Estado; la enseñanza tuvo como base la llamada Religión Aplicada; por lo tanto, no fue una institución laica, porque funcionó con fundamento, en lo que consideraba la Cátedra del Evangelio.
Las materias o asignaturas que los alumnos de dicha institución debían estudiar fueron las siguientes: Lectura, basada en conocimientos generales teóricos y prácticos; Escritura a la Inglesa que incluía el conocimiento de la caligrafía en general; Modo de cortar la pluma a la inglesa y la española, cuyo objetivo era evitar accidentes entre los estudiantes en el manejo de los instrumentos; Elementos de Gramática, en el que adquirían los conocimientos de las palabras y conceptos a través de la gramática aplicada; Elementos de Aritmética, orientada hacia el conocimiento de los números en el comercio; la Educación Moral, cuyo objetivo era aprender los principios morales del cristianismo; Geografía, con orientación hacia el conocimiento de la geografía física, política, etc.; Elementos de Historia, teniendo como base el conocimiento geográfico, y la historia patria; Lenguas Modernas: francesa e inglesa; Lengua Latina, bajo la perspectiva del conocimiento filosófico, jurisprudencial y teológico; Contabilidad y Teneduría de Libros, en partida doble: curso teórico-práctico; Correspondencia Mercantil; y Retórica o arte de bella producción.
También, con la idea de fortalecer la formación de los educandos, Miguel Dondé y Fray Eduardo Moncada incluyeron asignaturas que pudieran darle a sus estudiantes cierta formación en el campo de la estética; para ello incluyeron las materias de: Gimnasia; Dibujo al Natural: lineal y de perspectiva; Matemáticas; Música; y Baile.
Así, la propuesta educativa de la Academia de Letras y Artes de Tabasco se constituyó en una opción formativa, para aquellos que quisieran educar a sus hijos bajo una perspectiva católica y para aquellos que pudieran pagar las costosas pensiones mensuales, establecidas por los directores responsables del centro educativo: Miguel Dondé y Fray Eduardo de Moncada, que textualmente le comunicaron a los tabasqueños de la época, el siguiente mensaje:
Los invitamos por lo tanto a todos, sin excepción, a que cooperen con sus esfuerzos al establecimiento que nos hemos propuesto fundar en Tabasco; por largos años, no ha nuestro exclusivo provecho, pues miembros de esta misma sociedad en la que hemos pasado las dos terceras partes de nuestra vida, deseamos sinceramente que sus hijos se eduquen en su seno, aseverando que su permanencia, será tanta cuanto alcancen nuestras fuerzas y nuestra protección que de hoy en adelante nos dispensare: los cointeresados en nuestro formal compromiso; no desmentiremos nunca la opinión que gozamos de probidad y honradez; acaso mañana nuestra joven Academia de Letras y Artes proporcionará ventajas y mejoras considerables, que por ahora omitimos enunciar y desenvolver. (EL TABASQUÑO. 30/11/ 1852: 4).
Con estas palabras la academia abrió sus puertas el 1 de enero de 1853 y contribuyó a la formación del intelecto y del cuerpo de los tabasqueños, con lecciones y asignaturas basadas en la moral católica y en la idea que, en aquel tiempo, se tenía del comercio.
En 1852, en el contexto de la gobernatura de Joaquín Ferrer y el establecimiento en Tabasco, de medidas conservadoras y represivas, que fueron impugnadas por la revolución derrotada de Tacotalpa y Teapa. Y mientras los tabasqueños tenían conocimiento de los movimientos revolucionarios (liberales) en el vecino estado de Veracruz. En octubre de ese año, se anunció que en Tabasco se crearía la Academia de Letras y Artes.
El anuncio de la fundación de dicho centro educativo, se realizó el 31 de octubre del mismo 1852 en la página 4 del Periódico Oficial: EL TABASQUEÑO. Pero, la publicación del proyecto pedagógico y administrativo de la Academia de Letras y Artes, se publicó hasta el 30 de noviembre del mismo año, en el mismo periódico oficial.
Los responsables de ese proyecto educativo fueron: el presbítero Fray Eduardo Moncada y Miguel Dondé; quienes se autonombraron como los directores responsables. El proyecto estableció que las clases iniciarían con alumnos pensionados; que de acuerdo a su edad y necesidades de aprendizaje deberían de pagar como pensión mensual $25, $20, $16 y $12.
En el Plan de Estudios que dieron a conocer, se especificó claramente cuál era el carácter, la perspectiva pedagógica y las asignaturas que integraban el proyecto educativo de la Academia de Letras y Artes. En cuanto a la perspectiva filosófica y pedagógica que legitimaba esta propuesta educativa; cabe decir que: fue una institución privada, avalada por la Junta de Instrucción Pública del Estado; la enseñanza tuvo como base la llamada Religión Aplicada; por lo tanto, no fue una institución laica, porque funcionó con fundamento, en lo que consideraba la Cátedra del Evangelio.
Las materias o asignaturas que los alumnos de dicha institución debían estudiar fueron las siguientes: Lectura, basada en conocimientos generales teóricos y prácticos; Escritura a la Inglesa que incluía el conocimiento de la caligrafía en general; Modo de cortar la pluma a la inglesa y la española, cuyo objetivo era evitar accidentes entre los estudiantes en el manejo de los instrumentos; Elementos de Gramática, en el que adquirían los conocimientos de las palabras y conceptos a través de la gramática aplicada; Elementos de Aritmética, orientada hacia el conocimiento de los números en el comercio; la Educación Moral, cuyo objetivo era aprender los principios morales del cristianismo; Geografía, con orientación hacia el conocimiento de la geografía física, política, etc.; Elementos de Historia, teniendo como base el conocimiento geográfico, y la historia patria; Lenguas Modernas: francesa e inglesa; Lengua Latina, bajo la perspectiva del conocimiento filosófico, jurisprudencial y teológico; Contabilidad y Teneduría de Libros, en partida doble: curso teórico-práctico; Correspondencia Mercantil; y Retórica o arte de bella producción.
También, con la idea de fortalecer la formación de los educandos, Miguel Dondé y Fray Eduardo Moncada incluyeron asignaturas que pudieran darle a sus estudiantes cierta formación en el campo de la estética; para ello incluyeron las materias de: Gimnasia; Dibujo al Natural: lineal y de perspectiva; Matemáticas; Música; y Baile.
Así, la propuesta educativa de la Academia de Letras y Artes de Tabasco se constituyó en una opción formativa, para aquellos que quisieran educar a sus hijos bajo una perspectiva católica y para aquellos que pudieran pagar las costosas pensiones mensuales, establecidas por los directores responsables del centro educativo: Miguel Dondé y Fray Eduardo de Moncada, que textualmente le comunicaron a los tabasqueños de la época, el siguiente mensaje:
Los invitamos por lo tanto a todos, sin excepción, a que cooperen con sus esfuerzos al establecimiento que nos hemos propuesto fundar en Tabasco; por largos años, no ha nuestro exclusivo provecho, pues miembros de esta misma sociedad en la que hemos pasado las dos terceras partes de nuestra vida, deseamos sinceramente que sus hijos se eduquen en su seno, aseverando que su permanencia, será tanta cuanto alcancen nuestras fuerzas y nuestra protección que de hoy en adelante nos dispensare: los cointeresados en nuestro formal compromiso; no desmentiremos nunca la opinión que gozamos de probidad y honradez; acaso mañana nuestra joven Academia de Letras y Artes proporcionará ventajas y mejoras considerables, que por ahora omitimos enunciar y desenvolver. (EL TABASQUÑO. 30/11/ 1852: 4).
Con estas palabras la academia abrió sus puertas el 1 de enero de 1853 y contribuyó a la formación del intelecto y del cuerpo de los tabasqueños, con lecciones y asignaturas basadas en la moral católica y en la idea que, en aquel tiempo, se tenía del comercio.